jueves 4 de diciembre de 2008

Inaugurado en Alarcón (Cuenca) el lujoso Hotel-Spa Villa de Alarcón (4****)

Alarcón (Cuenca), Viernes 28 de Noviembre de 2008

El Delegado en Cuenca de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, D. Ángel Valiente, inauguró esta tarde en Alarcón (Cuenca) el lujoso Hotel Spa Villa de Alarcón.

En su intervención durante el acto de inauguración oficial, el Delegado de la Junta destacó su conocimiento del proyecto desde su origen y manifestó el apoyo institucional a estas iniciativas que dotan a la región de una infraestructura acorde con el enorme potencial turístico que esconden poblaciones como Alarcón, una joya por su enclave, su patrimonio histórico-artístico y riqueza cultural. Un destino turístico excepcional en el que D. Ángel Valiente declaró tener mucha confianza en sus enormes posibilidades de desarrollo.

El Director del establecimiento, D. Oscar Quirós Romero, agradeció su presencia a los más de doscientos asistentes entre autoridades, empresarios y diferentes personalidades del mundo del arte y la cultura que asistieron al evento y aprovechó la oportunidad para explicar la completa oferta comercial y vacacional del Hotel-Spa Villa de Alarcón que “en los meses que lleva en funcionamiento ha logrado consolidarse como un destino preferido de ocio y de negocio a la vez, gracias a su inmejorable situación geográfica, y a las confortables instalaciones que el nuevo Hotel ofrece como el SPA, su exquisita oferta gastronómica, los novedosos medios tecnológicos puestos a disposición de los clientes y sus salas de reuniones”. Quirós destacó, también, “el difícil reto que asumieron los promotores del proyecto, al proponerse levantar un edificio del Siglo XXI, en medio de un casco histórico tan sensible estéticamente como el de Alarcón, minimizando al máximo el impacto visual y medioambiental, logrando integrar perfectamente el nuevo Hotel-Spa en el maravilloso entorno monumental y paisajístico que le rodea”.

Oscar Quirós dirigiendose a los asistentes al acto de inauguración


Durante el cóctel tuvimos la oportunidad de degustar algunos de los originales platos de sabor castellano-manchega que propone Mila Serrano, renombrada Chef y fichaje estrella del restaurante del Hotel-Spa.

El acto de inauguración del Hotel-Spa se amenizó con la delicada música del dúo de violonchelo y violín Artem Dúo y una espectacular exposición escultórica, cedida temporalmente, de Luis Guerrero Alarcón y en el que se dieron cita destacados artistas, fotógrafos, escultores y pintores de la región como Jesús Mateo, Concha Márquez, Peter Witte, Sergio Llorente Rosendo, Roberto Acosta y el mismo Luis Guerrero, ilustres representantes de Asociaciones de Empresarios de las provincias de Cuenca, Guadalajara y Albacete, Alcaldes y representantes municipales de la comarca de “ La Manchuela ”, así como destacadas autoridades turísticas y directores de los principales establecimientos hoteleros de la región.

Los medios invitados y los asistentes al acto pudieron visitar todas las instalaciones del hotel en esta jornada de puertas abiertas. Cobertura especial le dieron las televisiones, Castilla La Mancha TV que hizo una conexión en directo y Canal Cuenca Noticias que recogió las opiniones de los invitados, entre ellos una sorpresa, Micky Nadal, imagen de la cadena “ La Sexta ” quien no escatimó halagos a la cocinera por el magnífico cóctel.

Más información:
Óscar Quirós Romero - Director - oscarquiros@hotelvilladealarcon.com
Hotel-Spa Villa de Alarcón

Plaza de la Autonomía s/n
E-16214 Alarcón (Cuenca)
Tel: 902 879 440 Fax: 902 879 055 Correo-e: info@hotelvilladealarcon.com
www.hotelvilladealarcon.com

jueves 13 de noviembre de 2008

El Valle de Altomira (Cuenca), La "Ruta del Lapis Specularis"

El Valle de Altomira (Cuenca):
La Ruta del “Lapis Specularis”

De Segóbriga a Ercávica.

Texto, fotografías y diseño de la ruta: Óscar Quirós Romero.


Aproximación:
Desde Madrid:
Tomamos la Autovía A-3 o la Radial R-3 hasta Tarancón, donde tomamos el desvío hacia Cuenca (N-400) y, posteriormente, la CM-2000 hacia la población de Vellisca. Una vez allí, continuamos hacia Mazarulleque, donde comienza nuestra inédita ruta.
Desde Bolarque: Conducimos desde Albalate de Zorita por la carretera de Tarancón para tomar el desvío hacia Vellisca. Tras la sinuosa carretera que salva la Sierra de Altomira, un nuevo cruce a la izquierda nos conduce, sin pérdida, a Mazarulleque (CM-2000).
Época de visita: Cualquiera. Cada estación tiene su encanto aunque es muy recomendable evitar el calor sofocante del verano, salvo que se planifique un tiempo razonable de baño en el Embalse de Buendía al final del recorrido.
Duración:
Un día completo.
Dificultad: Nula. La mayor parte del recorrido se realiza en automóvil.
Cartografía S.G.E.: 1:50.000; , hoja .

En esta ocasión les voy a proponer una ruta que, por inédita, no deja de estar envuelta por ese halo de magia que únicamente poseen las olvidadas aldeas de lugares míticos como Las Hurdes o el Valle de Mira o algunas olvidadas comarcas de Soria o Teruel.
El aliciente que nos mueve es la certeza de estar caminando sobre los restos de una antigua vía romana que unía dos importantes ciudades mineras: Ercávica y Segóbriga. Y, sobre todo, por la evidencia de estar visitando unos importantes yacimientos arqueológicos, prácticamente sin investigar y que se encuentran en el más absoluto olvido y abandono por parte de las autoridades. Queda claro que nadie va a encontrar nada que, artísticamente, valga la pena... Aquí no hay teatros, ni circos, ni coliseos... Pero no es menos cierto que lo que vamos a descubrir, a vivir en primera persona, es la dura realidad cotidiana de los ciudadanos de Hispania que vivían lejos de las míticas batallas, los cónsules, los lujos de las termas, las palestras y la vida social de las grandes urbes. Es decir, sería como ir a Egipto... a un lugar alejado de las grandes pirámides y poder leer los jeroglíficos dibujados en las paredes de la casa de uno de los canteros que tallaban sus piedras y que nos revelaban cómo vivían, qué comían y en cuáles condiciones trabajaban y se desenvolvían en su quehacer cotidiano.
La vida en esta comarca, por aquel entonces, era bastante dura. Los ciudadanos hispanorromanos que trabajaban en las minas del preciado “Lapis Specularis” , una especie de yeso cristalizado, tenían una esperanza de vida estimada de entre 30 y 35 años. Sus lugares de trabajo se encontraban entre 20 y 50 kilómetros de su domicilio. Respiraban ese polvo blanco que atascaba su sistema respiratorio mientras trabajaban, pico en mano y de sol a sol, en condiciones infrahumanas para que unos cuantos “domini” utilizaran el mineral para poner ventanas translúcidas en sus lujosas Villas y sus esposas vieran reflejados sus rostros en rudimentarios espejos.
Lógicamente, esta vía secundaria que os invito a recorrer se utilizaba para trasladar diariamente a los trabajadores de estas dos importantes urbs hasta sus lugares de trabajo, para transportar el mineral extraído y, en contadas ocasiones - Hispania ya estaba pacificada - para desplazar tropas de una provincia a otra.
Así, mi sugerencia es comenzar la ruta en Saélices, visitando en Parque Arqueológico de Segóbriga y su Centro de Interpretación y, desde allí, iniciar el viaje hacia Vellisca y Mazarulleque. (* ver la Ruta Sugerida al final del texto).
La misma llegada a Mazarulleque sorprende. Conmueve por la misma disposición del coqueto entramado del caserío embarullado bajo la base del llamado “Castillo”, una enorme peña monolítica horadada de cuevas y viviendas rupestres de probable datación celtíbera y sobre la que se asientan varias casonas de estilo popular. Culminando “El Castillo” – declarado espacio protegido de interés turístico por la JJCC de Castilla-La Mancha -, una torre cilíndrica perfectamente restaurada y encalada que más parece un molino de viento manchego sin aspas, que una torre vigía militar y, más atrás, a unos cincuenta metros, la silueta de la gran iglesia renacentista, ya muy deteriorada e invadida por cientos de palomas. Rodeando el entorno de la colina, restos de lienzos de muralla repartidos por doquier y callejuelas talladas por la erosión de las aguas y el centenario cincelado de los vecinos, como la Cuesta Moya. Y, levantando la vista hacia el Oeste, el imponente muro natural de la Sierra de Altomira y sus alturas principales (los Picos Altomira y Atalaya) que sirven de linde a las provincias de Guadalajara y Cuenca y que fueron frontera y testigos de duras batallas y razzias, durante siglos, entre los reinos cristianos y el al-Andalus hispano-musulmán.


Tras el paseo por la población y un refresco en la Fuente de la Plaza, nos dirigimos hacia Garcinarro, la Capital del Valle de Altomira.
Una vez en Garcinarro, entramos en la población, hacia la derecha, por la calle principal, hasta salir por la CM-2025 en dirección a Huete. Nada más llegar al P.K. 3, vemos a nuestra izquierda el Cerro de La Mudarra al que nos aproximamos, entre campos de girasoles y a pie, por un camino de herradura.
El complejo minero del Cerro de la Mudarra (CM-2025) cuenta con más de una veintena de minadas de gran desarrollo en el Cerro de La Mudarra, elevación yesífera que sirve de límite a los municipios conquenses de Mazarulleque – al que pertenece -, Garcinarro, Huete y Moncalvillo de Huete. La minas de “lapis specularis” de La Mudarra son de época romana - y me recuerdan de manera incierta a los cerros esquilmados de mineral de Las Médulas - aunque, posteriormente, cambiaron de uso con el fin de la explotación mineral (aprox. S. III d.n.e.). La mayoría de los minados son pozos de difícil acceso y es por este motivo por el que mantienen su morfología apenas alterada. En todo caso, es muy desaconsejable intentar acceder a su interior, salvo que sea un arqueólogo experto en espeleología y, además, se lleve el equipo adecuado... Aún así, el riesgo es máximo ya que no existen planos de las galerías de los minados y cualquier eventual rescate sería bastante complicado y peligroso.
Una vez visitado el Cerro, debemos regresar sobre nuestros pasos hasta Garcinarro, donde bien merece la pena una breve parada en la Iglesia de Nuestra Señora del Sagrario (en la misma carretera de acceso a la población junto al Ayuntamiento). La iglesia es un bellísimo ejemplo de renacimiento alcarreño (S. XVI y XVII) y ha sido declarada monumento histórico-artístico. Me dicen que en su interior se encuentra un cuadro atribuido a José Ribera “El Españoleto” y que fue el Emperador Carlos I de España y V de Alemania el que lo donó a la población como reconocimiento al buen trato recibido durante una breve estancia en Garcinarro.
Continuamos por la carretera CM-2000, pero esta vez, hacia la derecha, dirección Jabalera. A poco de salir de la población, nos encontramos con un murallón calizo y un camino que nos da acceso a El Corral de los Moros.
Conocido, también, como “La Cava” o “Castillejo” está situado en el Valle del Pozo. Se trata de un número indeterminado de cuevas y enterramientos excavados en la roca y un curioso recinto o corral de 30 metros de largo por 3 de ancho, también tallados de forma artesanal en la roca. Es evidente que los sucesivos usos que los habitantes han dado al lugar, han ido desvirtuando su fisonomía primigenia. Pero he visitado el paraje en diferentes ocasiones, con distintos expertos en la materia y existen evidencias, contrastadas por todos ellos, de que el origen del lugar conocido como El Corral de los Moros, sea de época celtibérica. Es decir, de la Edad del Hierro (s. – III a – 1 a.n.e.) y las señales inequívocas que muestran algunos enterramientos y restos de cerámica de una reutilización del asentamiento, muy posterior, ya en época islámica (s. IX a XIII d.n.e.) Las bóvedas, la disposición de las cuevas, los escalones tallados sobre las estructuras de las viviendas rupestres... el mismo nombre de “Castillejo”, topónimo que reciben muchos de los castros y oppidum celtíberos fortificados, nos guían hacia estas conclusiones.

En las proximidades, un poco más al Norte, se encuentra el Poblado de Mohorte , un despoblado de probable origen celtíbero, reutilizado sucesivamente en época tardorromana, visigoda, islámica y medieval en el cual pueden verse restos los de una puerta monumental, trazados de calles, huellas de carros, estructuras de viviendas rupestres y casas colgadas, varias decenas de enterramientos, canalizaciones de agua y aljibes excavados en la roca, con nombres tan sugerentes como la Fuente del Piojo o La Cueva del Tesoro... eche a volar su imaginación...
De este antiguo yacimiento arqueológico y en dirección Oeste parte el denominado “Camino de Albalate”, una nueva vía secundaria romana que unía Mohorte con la, otrora tardorromana e hispano-musulmana, Ciudad de Recópolis (Cerro de la Oliva, Parque Arqueológico de Recópolis, Zorita de los Canes), lo que nos concede una prueba más a favor de que la tan renombrada Recópolis de Zorita, no es una ciudad visigoda de nueva construcción, sino que ya existía en época romana.



Yacimiento de Mohorte (Valle de Altomira, Cuenca)



Nos indica, además, que la Recópolis de Zorita se asienta sobre los restos de, al menos, un Foro y una Basílica romanos y que, a la existencia y tránsito de este camino secundario y de un asentamiento humano permanente en esta época, se debe la continua aparición de monedas romanas, que se hallaban en desuso durante la época visigoda a la que se vincula la construcción y población del actual yacimiento arqueológico del Cerro de la Oliva, en la Recópolis de Zorita (s. VI al IX d.n.e.).
Continuando por carretera hacia Jabalera, pero esta vez en su margen izquierda, llegamos a Las Cuevas del Vallejo. Como toda la zona en derredor, el terreno está horadado por múltiples cuevas, propiciadas por la roca arenisca sobre la que se asientan y la erosión kárstica a la que se ven continuamente sometidas. En su día sirvieron de vivienda o bodegas de los habitantes manteniéndose, en algunos casos, su uso etnográfico. En esta zona de cuevas existe un mirador sobre la Sierra de Altomira y en cuyo entorno se pueden encontrar restos de enterramientos de época visigoda y altomedieval.

Sugerencia del autor:
Si es amante de la historia hispanorromana y visigoda, si dispone de más tiempo, si quiere disfrutar de lo lindo y, sobre todo, si quiere realizar la Ruta completa recorriendo el itinerario original de la Vía romana que unía Segóbriga con Ercávica, permítanme que les sugiera este orden:

Valle de Altomira: La Ruta del Lapis Specularis - De Segóbriga a Ercávica (3 días/2 noches):
Saélices (Parque Arqueológico de Segóbriga, Autovía A-3, Km. 102) – Huete (Ciudadela, muralla y Mezquita hispano-musulmana, Museo de Arte Contemporáneo Florencio de la Fuente, Iglesia y Colegio Jesuita) – Garcinarro (Yac. Arq. Cerro de La Mudarra), (Yac. Arq. El Corral de los Moros), (Yac. Arq. Poblado de Mohorte), (Yac. Arq. Las Cuevas del Vallejo) – Jabalera (Iglesia Parroquial, Picota y Molino) – Buendía – Córcoles (Monasterio de Monsalud) – Alcocer – Cañaveruelas (Parque Arqueológico de Ercávica).


A tener en cuenta:
- Cobertura de móviles: Ningún operador de telefonía móvil cubre toda la ruta. Únicamente Movistar y Vodafone ofrecen garantías de una buena comunicación en la mayoría del trayecto.
- Gasolineras y Supermercados: Las estaciones de servicio más cercanas se encuentran en Saélices (Cuenca), Huete (Cuenca) y Sacedón (Guadalajara). Existen varios supermercados y panaderías en Uclés, Huete y Buendía.
- Basura: Conviene ir provistos de bolsas suficientes para no dejar ningún desperdicio, incluidas las colillas de tabaco. Los contenedores se suelen encontrar junto a los Ayuntamientos y a la entrada de los pueblos. Y recuerden... "Siempre hay que dejar los lugares visitados, mejor de lo que los hemos encontrado", por lo que debemos "siempre" recoger cualquier resto aunque no sea nuestro.

(C) Óscar Quirós, 2.008

lunes 29 de septiembre de 2008

Hotel-Spa Villa de Alarcón (4****)

El Hotel-Spa Villa de Alarcón es un precioso hotel de reciente inauguración (Enero 2.008) enclavado en el centro del casco histórico de Alarcón, desde donde se domina la vieja muralla musulmana, las Torres del Campo, de Enmedio y del Homenaje, el Paseo de Ronda, el Puente Picazo y la espectacular Hoz del Río Júcar.
Cuenta con 28 amplias habitaciones con amplias vistas y dotadas de baño privado, secador, TV, conexión Wi-Fi, minibar, etc. 2 enormes suites con salón. Además dispone de una suculenta carta gastronómica y una excelente colección de vinos. Restaurante para 80 comensales, Cafetería-Pub, Sala de Reuniones y Piscina Exterior termocontrolada.
El área de Spa está compuesta por un jacuzzi, piscina contracorriente de chorros, ducha de contrastes, baño turco y sauna finlandesa. El servicio de masajes es opcional y requiere reserva previa de hora.
El Hotel-Spa dispone, además, de cuatro habitaciones perfectamente adaptadas para que las personas con movilidad reducida se encuentren a sus anchas.
El Hotel-Spa Villa de Alarcón no admite mascotas.









miércoles 12 de diciembre de 2007

Sotoca de Tajo: La Peña de los Muertos



Sotoca de Tajo:
La Peña de los Santos

Texto y fotografías: Óscar Quirós Romero

Nombre del Yacimiento: Peña de los Santos
Localidad: Sotoca de Tajo, Guadalajara.
Nº de Yacimiento: 07/19/086/293
Descripción: Necrópolis Visigoda.
Cartografía S.G.E. 1:50.000; Cifuentes 512, hoja 22-20.

En las afueras de la localidad cifontina de Sotoca de Tajo, en un paraje conocido como "La Peña de los Santos", se han hallado restos de unas agrupaciones de tumbas de forma antropomórfica, excavadas en la piedra granítica y ya expoliadas, de probable origen tardorromano o visigótico.

Desde la prehistoria, el hombre ha buscado en la forma de enterrar a sus muertos una forma de venerar a sus ancestros, de llevarlos a la perfección en su recuerdo y acercarlos a la divinidad o la inmortalidad. A ellos se encomendaba cuando pasaba necesidades y a ellos agradecía los parabienes que la naturaleza le regalaba: Buenas cosechas, lluvias, fertilidad de las mujeres, victorias en el campo de batalla, etcétera.
La influencia del agua y los astros en la ubicación definitiva de las necrópolis se hizo patente en las primeras civilizaciones antiguas. Los egipcios ubicaban sus cementerios en la margen izquierda del Río Nilo y sus ciudades y palacios a su derecha, ya que es por ahí por donde sale el Sol. El amanecer significa la vida y amanece por el Este. El ocaso simboliza la muerte y sus necrópolis se situaban, por lo tanto, al Oeste del río. Este binomio entre lo celeste y lo terrenal será utilizado por prácticamente todas las culturas y religiones hasta nuestros días para ubicar sus enterramientos.
Curiosamente en la Península Ibérica, los visigodos, cristianos arrianos, adoptaron un sistema similar de sepultura en un época muy posterior en el tiempo (Siglos V al VIII d.n.e.) al Imperio faraónico, con un grado de civilización muy superior, ya que eran tribus bárbaras latinizadas procedentes de las regiones orientales de la actuales repúblicas de Hungría, Rumanía y Moldavía (la Dacia romana), encontrándonos en la época pre-musulmana con un sistema casi feudal de administración.
A sus muertos más poderosos o influyentes, en lugar de pirámides, les reservaban las altitudes graníticas de una montaña, generalmente, alejada del asentamiento permanente poblacional y, siempre, separados del poblado por un cauce, más o menos importante, de agua. Encontrado el lugar idóneo para el enterramiento, realizaban huecos antropomórficos, de cerca de un metro y veinticinco centímetros de longitud, horadados artesanal y pacientemente en el granito.
En las afueras de Sotoca de Tajo, a unos dos kilómetros, se encuentra una de estas necrópolis comunales de origen visigótico, en un paraje conocido como la Peña de los Santos. El lugar trasmite solemnidad y cumple con todos los requisitos para convertirse en un camposanto arriano. Desde lo alto de la Peña y rodeándola, se divisa el Barranco de la Fuente de la Nava, un desfiladero muy erosionado por la acción del agua, por el que discurre en la actualidad el suave cauce de un arroyo que, sin embargo, permite adivinar un impetuoso pasado como acuífero.
Sobre la mole granítica se distinguen perfectamente ocho cavidades antropomórficas, ya excavadas o expoliadas, dispuestas a pares en dirección Oeste-Este, con la cabeza dirigida hacia el ocaso solar, a la manera cristiana. Así distinguimos tres grupos de enterramientos separados entre sí, y en cada enterramiento dos o tres oquedades, a modo de unidad familiar, sobresaliendo unos cincuenta centímetros una por encima de las otras dos, en lo que podía ser una pareja de marido y mujer o de padres e hijo. En las cercanías de los habitáculos hay restos de lo que debieron ser las lápidas que las protegían, pero en ninguna de ellas hay trazos de escritura o de policromía.
El resto del macizo granítico está absorbido por la vegetación y fracturado por los agentes exógenos que actúan a lo largo de las estaciones, lo que nos impide saber si existen más enterramientos no excavados.
En la falda del cerrete, hay restos de muros, puertas y tabiques, de origen medieval, en lo que debió ser un refugio de ganado y varias ruedas de granito excavadas en las vetas de la roca, todas inacabadas y todas fracturadas, lo que hace pensar que las abandonaron inconclusas por ineficaces. De la misma forma, hay un curioso grupo de monolitos dispuestos en círculo del que, a ciencia cierta, no se sabe su origen o posible utilidad aunque, por su disposición, bien podrían haber sido puestas por los mismos pastores para ser utilizadas como lugar de reunión y asueto mientras descansaba el rebaño en las dependencias anexas. También se sabe que los mismos pastores, durante siglos, han venido depositando piedras de sal gema sobre el granito, lo que les confiere ese tono blanquecino, y así los rebaños se arremolinaban junto a las rocas para chupar la sal evitando la dispersión del ganado por el valle.
De regreso, nos despedimos de las, omnipresentes en el meridiano, Tetas de Viana o Peñas Alcalatenas para encontrarnos con el curioso "pino de las cuatro patas" y regresar a la frescura del lavadero de Sotoca de Tajo, donde el caminante se puede dar un generoso remojón en un lugar tranquilo, a salvo de indiscretas miradas.
La pequeña localidad de Sotoca de Tajo, también merece un corto paseo. Ubicada junto al gran río, que marca y divide la comarca, se encuentra abocada a él física y espiritualmente. Desde antaño los moradores de este pueblo han convivido con sus aguas proporcionádoles sustento y compañía.
De pleno sabor rural, abandonarse a los paisajes y sonidos que invaden las viejas callejuelas de su pequeño casco urbano es someterse de nuevo a las ancestrales leyendas de la reconquista castellana.
Sobre el caserío sobresale la Iglesia del Santo Cristo, de origen románico y, como atestigua su fachada, ha sido bastante remodelada a lo largo del tiempo, siendo la mayor parte del Templo actual construido en el Siglo XVI. Sin duda, es el edificio más importante de la población. Presenta diferentes cuerpos añadidos en sus laterales. La fachada, realizada en piedra trabajada y con forma de frontón, está rematada en un campanario de tres vanos, dos de mayor tamaño y uno central sobre un plano más elevado. Es una iglesia de reconquista, con planta de cruz latina y tres naves separadas por columnas con ábside, muy posiblemente como reminiscencia de una fase constructiva de estilo gótico.
Existe además otra Ermita, la de San Martín, de reducidas dimensiones que sigue el esquema del resto de las ermitas de extramuros de la comarca, con un interesante recinto "in antis". A escasos cincuenta metros, se alza una cruz y una placa conmemorativa que recuerda el lugar exacto en el cual, el 16 de Septiembre de 1.213, falleció San Martín de Finojosa.

A tener en cuenta:
- GR-10: Sotoca de Tajo está atravesada de Oeste a Este por el Sendero de Gran Recorrido GR-10 o E-7, en su camino desde Ruguilla a Carrascosa de Tajo, población perteneciente ya, y por la que se accede, al Parque Natural del Alto Tajo.
- Fiestas locales: 13 de Junio. San Antonio. Agosto. San Martín. Las fiestas patronales de Sotoca de Tajo se celebran, en honor de San Martín de la Finojosa, el segundo fin de semana de Agosto, recogiendo al santo en la Ermita de su advocación y llevándolo a la Iglesia Parroquial. Tras la misa se festeja con música y merienda y, después, es devuelto a la Ermita.
- Cobertura de móviles: Ningún operador de telefonía móvil tiene cobertura en esta población.
- Gasolineras y Supermercados: Las estaciones de servicio más cercanas se encuentran en Trillo y en Cifuentes. Hay varios supermercados, a 12 kilómetros de distancia, en Cifuentes.
- Basura: Conviene ir provistos de bolsas suficientes para no dejar ningún desperdicio, incluidas las colillas de tabaco. Los contenedores se encuentran junto al Juego de Pelota y el Lavadero, a la salida del pueblo.Y recuerden... "Siempre hay que dejar los lugares visitados, mejor de lo que los hemos encontrado", por lo que debemos "siempre" recoger cualquier resto inorgánico aunque no sea nuestro.

Datos útiles:
- Casa Rural "El Cerrao de San José". Ruguilla.
Situada a la entrada de esta localidad. Finca "El Cerrao". Tel: 949.818.823
- Casa Rural "Casa Bolilla". Ruguilla. C/ Juan Francisco Yela 23. Decorada con excelente gusto, cuidada gastronomía y exquisito trato. Tel: 949.818.912. Directora: Jordana de la Roja
- Habitaciones "Molino El Angosto". Ruguilla. Ctra. de Sotoca a Huetos s/n. Posibilidad de alquilar la casona entera o por habitaciones. Tel: 949.818.825

Este artículo ha sido publicado en:
- www.cifuentes.es. Página Oficial del Ayuntamiento de Cifuentes.

Documental TV:
- Serie "Caminos de Piedra y Miel", Capítulo "Pedanías de Cifuentes", Guadalajara TV, 2.004. Presentado por Cristina Cueto.

(C) Óscar Quirós, 2.004 - Revisado y actualizado en Noviembre de 2.007

lunes 3 de diciembre de 2007

Ascensión al Pico Majalasna

ASCENSIÓN AL PICO MAJALASNA (1.934 m.s.n.m.)
Camorritos, Cercedilla.
Texto y fotografías: Óscar Quirós Romero






Localidad: Camorritos, Cercedilla (Comunidad de Madrid).
Cartografía: E-25 Guadarrama, Parque Natural de Peñalara. 1:25.000; Ed. Alpina 2.004/5.
Aproximación:
En automóvil: Partimos de Madrid por la carretera AP-6 con dirección a A Coruña. En Collado Villalba (Kilómetro 37), se toma el desvio señalizado hacia Guadarrama y el Puerto de Los Leones (N-6). Una vez atarvesada la localidad de Guadarrama se toma el desvío a la dereche con dirección a Cercedilla. Llegados a esta localidad continuamos hasta la Pedanía de Camorritos. Dejamos el coche junto al Apeadero de RENFE.
En tren: Se puede tomar el tren en las estaciones madrileñas de Atocha, Recoletos, Nuevos Ministerios y Chamartín. Línea 8b dirección Cercedilla y/o Segovia. Una vez en Cercedilla, trasbordo a la línea 9 que, en un breve recorrido de 10 minutos nos deja en el Apeadero de Camorritos.
En autobús: La línea 842 de la empresa Larrea, sale cada hora desde el Intercambiador de Moncloa hasta Cercedilla con parada en la Estación de RENFE. Allí tomamos el funicular que nos conduce hasta el Apeadero de Camorritos.
Duración: 3 horas.
Distancia: 7 kilómetros i/v
Dificultad: Baja - Media

El Pico Majalasna es uno de los grandes olvidados de la geografía serrana. Su situación es privilegiada sobre el Valle de la Fuenfría y las cumbres graníticas de Siete Picos. Todos lo hemos contemplado alguna vez, pero casi nadie sabe identificar cual es, ni cómo se llama.

Pues sí, Majalasna es la cumbre más baja y apartada de los Siete Picos y, además, es la única que tiene nombre propio. El resto de cimas tienen "motes" montañeros, por ejemplo, al cuarto pico se le llama "el Cuerno" por la forma de su saliente rocoso.
Esta mañana, yo tenía un día de esos en que habría mandado todo a hacer puñetas, como diría el gran Aute. Así que, de buenas a primeras, decidí preparar una mochila ligera y esperar a que el sol calentase la gélida mañana serrana, antes de salir hacia Camorritos en coche. Esto último no es habitual en mi. Me gusta, por ecología y ahorro, ir a los lugares de excursión en transporte público pero, en este caso, la escasez de trenes que unen Cercedilla y Camorritos y sus pésimos horarios (1), me hacen decidirme por el transporte más contaminente y menos conveniente. A sabiendas que actúo contra todos mis principios prestablecidos: excursión invernal, finales de Noviembre, entre semana, sin teléfono móvil, coche privado con un sólo ocupante... me he propuesto que nada, ni nadie, me va a impedir esta vez, llegar a la cima del Majalasna.
Lo cierto es que esta excursión me la he inventado yo, uniendo sobre un mapa diferentes tramos de sendas señalizadas. En todo caso, no sabía bien del todo qué me iba a encontrar por el camino, no tenía idea de su dificultad, ni de la situación de las fuentes, ni si me iba a ser más o menos fácil encontrar y seguir las señales. Pero mi idea era clara, seguir una senda con alguna dificultad (y no la pre-establecida desde el aparcamiento Majavilán, en las Dehesas de Cercedilla) hasta Majalasna, con inicio y final en Camorritos.
Una vez en el Apeadero de esta preciosa localidad, no se exactamente si es un barrio o una pedanía dependiente de Cercedilla, nos encontramos con una pequeña ermita y con la señalización de dos rutas diferentes: Camino de Siete Picos y Camino de las Encinillas. El primero es una pista forestal que invita a ser pateada y, debido a su nombre, a la confusión. La segunda, que es la que elegimos, está señalizada con las marcas rojas y blancas características del E-9 o GR-10 y se inicia junto a un modesto monumento dedicado a D. José de Aguinaga, el promotor-fundador de Camorritos.
Los primeros pasos los andamos por una calle sin asfaltar, en pendiente, entre bellas edificaciones privadas, hasta una barrera que superamos sin mayor problema. A partir de aquí, comienza una fuerte subida que se hace dura, no por la pendiente en sí, sino porque debemos estar pendientes de la infinitad de piedras sueltas y diminutas piñas que martillean nuestros pies y de no perder las señales del sendero.
Como siempre, la norma del GR-10 se cumple con precisión: Si andas más de 100 metros sin divisar una señal, significa que te has salido de la pista. Las señales suelen estar en los troncos de los árboles y, en ocasiones, sobre rocas prominentes. Con un ritmo normal y alguna parada para disfrutar de amplio valle que a la altura de la Piedra de las Encinillas se divisa, en 40 minutos estamos en la pradera de Navarrulaque.
Tras un pequeño descanso, cambiamos de sendero. El GR-10 continua en línea recta por la Carretera de la República o Camino Puricelli hacia el Mirador del Lanchazo o de la Reina. A nuestra derecha, se abren dos senderos. El primero, conocido como la Senda de los Herreros, aparece en nuestro mapa como el Camino de la Pata de Cabra y conduce, por la parte soleada del Cordal, hasta los Riscos de Cueva Lirón y la Pradera de Siete Picos. Es un camino muy duro, muy de montañero y que no todo el mundo debe intentar.
Nosotros, sin embargo, seguiremos las marcas amarillas que, sin pérdida, nos conducen hasta la Pradera de Majalasna. El sendero sigue siendo igual de malo que el anterior tramo del GR-10, por las rebaladizas vetas de pizarra, las piñas y los cantos de granito sueltos. Especialmente dura resulta una fuerte trialera que, una vez superada, nos conduce hasta la Fuente de Majalasna: Un pequeño reguero de agua proveniente del Arroyo del Polvillo. En nuestra subida, por la derecha, se abre el inmenso circo glaciar de Siete Picos. Una vez en la Pradera de Majalasna (1.917 m.s.n.m.), cambiamos de panorama. Desde aquí se divisa todo el Valle de La Fuenfría. El espectáculo es sobrecogedor. Las lenguas de bruma van acercándose entre el Puerto de Fuenfría y La Peña del Águila (2.008 m.s.n.m.). Entre ésta y La Peñota (1.945 m.s.n.m.). Lo cierto es que no me preocupan estas nubes, ya que son nieblas de irradiación y suelen ir acompañadas de buen tiempo.


Los tonos rosaceos del cielo y las nubes altas (cirrus) nos anuncian una noche especialmente fría y la probable llegada de un frente cálido. Es decir, que va a empeorar el tiempo en unas horas. Lo cierto es que el frío corta la cara y en la Pradera estoy muy desprotegido del viento. Decido tomarme un descanso de 15 minutos. Hace tan sólo 1 hora y media que ha comenzado mi andadura. Así que voy a tratar de superar los diecisiete metros que me separan del Pico. Hay que salvar unos enormes bloques graníticos para llegar a la cima que se alcanza sin dificultad. Sin embargo, desde la Pradera la vista es soberbia. Aprovecho este espacioo de tiempo para reponerme con dos barritas energéticas, mientras disfruto del espectáculo. Prácticamente, diviso la mitad de la Sierra madrileña. Un poco más abajo, el MIrador de Vicente Aleixandre. En lo más profundo, los tejados del Hospital de La Fuenfría, que con ese tono cobrizo, me recuerda a los paisajes de los profundos fiordos noruegos. Lejana y minúscula, la Cruz del Valle de los Caídos. Tras ella, la silueta del Monte Abantos. Al fondo, el Embalse de Valmayor. No me puedo imaginar cuántos kilómetros estoy divisando desde aquí...

Estoy empezando a tener frío en las manos y me queda una escasa hora de luz, así que decido regresar por donde he venido.
Ahora todo es más sencillo. En apenas 3 kilómetros hemos salvado un desnivel de 600 metros. Ahora, todo es cuesta abajo y más cómodo. En 20 minutos estoy en la Pradera de Navarrulaque.
Cruzando la Carretera de la República hay una caseta-refugio-fuente con un asiento, un tejadillo y un perchero rústico donde colgar la chaqueta. No me digas porqué, pero he decidido sentarme cinco minutos y disfrutar de un cigarrillo y del taca-taca de los pájaros carpinteros. Cuando empezaba a relajarme... recibo una inesperada visita.
Acaba de aparecer, por mi espalda un descuidado zorro. Es la primera vez que veo uno por aquí. Son muy huidizos y tienen todos los sentidos bastante agudizados pero, mi silencio, le ha pillado desprevenido y con la guardia bajada. Nada más verme, se queda quieto, observando mi reacción. Yo, sorprendido, hago lo mismo. Decide dar unos pasos describiendo un semicírculo. Está a unos seis metros de mi. Debe medir cerca de un metro veinte de largo. Unos venticinco centimetros de ancho. Su color es pardo, sus ojos verdes cristalinos. El zorro cogea ostensíblemente de la pata trasera derecha. No observo ninguna señal reciente de violencia, salvo una larga y estrecha calva en el pelaje de la pata afectada. Lo que tenga, está bien cicatrizado. Debió toparse con alguna trampa de un furtivo o con un cable de espinos en el pasado. Pero, a pesar de su cojera, ha logrado escapar y sobrevivir.
Con precaución de no hacer ruido, abro mi macuto y le lanzo a una distancia prudente una rodaja de chorizo sin levantarme de mi asiento. Se asusta, recula, se sorprende, se acerca y lo olfatea. finalmente, decide comérselo sin dejar de vigilarme.
Parece que le ha gustado y realiza otro semicírculo. Esta vez, me atrevo a probar suerte, y le lanzo una segunda rodaja cerca de mi, a tres metros. El animal duda, pero se acerca sigiloso, lo come y luego retrocede. Esta vez, se situa a unos cinco metros de mi. El muy ladino, termina por confiar y se sienta sobre sus reales. Le lanzo una tercera rodaja, esta vez, más alejada de mi. Y mientras la engulle me levanto de mi asiento y me pongo la mochila. Le digo adios y allí se queda. Atento. Sentado sobre su cola. Con esa mirada penetrante, astuta, profunda y, quizás, agradecida.
Adios amigo... Ha sido un placer, pero... no hagas estas cosas los fines de semana, eh? - le grito mientras me alejo de él - ¡Que no todos los humanos somos iguales!
Feliz por el fortuito encuentro, acelero mis pasos hacia el GR-10. Según me interno en el bosque, me quedo sin luz. Me apresuro a bajar. Otros 20 minutos de camino y estoy en el Apeadero.
La jornada en solitario a merecido la pena. La ruta merece ser repetida.

(1) Nota del autor: Los horarios de lunes a viernes en invierno de la línea C9 de RENFE son:
Cercedilla - Camorritos: 11h35 - 11h45; 16h35 - 16h45.
Camorritos - Cercedilla: 13h16 - 13h26; 18h16 - 18h26.
La duración del recorrido es de 10 minutos por trayecto. El funicular para en dos apeaderos: Cercedilla pueblo y Las Heras y Los Castaños, antes de llegar a Camorritos.
El precio del billete es salvaje: 3'60 euros = 600 pesetas ida y vuelta. Es decir, cuesta lo mismo Madrid-Camorritos, que Cercedilla-Camorritos-Cercedilla.
El trenecito en cuestión, suena, chirría, es obsoleto, lento e incómodo. Aún así, el viaje resulta encantador por la belleza del paisaje. Parece mentira que este cacharro sea de la misma compañía que construye y gestiona ultramodernos trenes de alta velocidad. ¡Porca Troya!

Más información sobre el Pico Majalasna:
- Avisón, Juan Pablo. "Las mejores excursiones por la Sierra de Guadarrama, 40 itinerarios". Ed. El Senderista. Madrid, 2.004.
- V.V.A.A. "Sendas del Valle de la Fuenfría". Ed. Consejería de Media Ambiente y Ordenación del Territorio. Comunidad de Madrid, 2.005.
- Cartografía: http:\\www.editorialalpina.com

© Óscar Quirós, 2.007.

Ruguilla: El Aroma del Silencio


Ruguilla:
El Aroma del Silencio.

Texto y fotografías: Óscar Quirós Romero.


Aproximación:
Desde Madrid:
Tomamos la Autovía A-2 o la Radial R-2 hasta el kilómetro 103. A la altura de Almadrones nos desviamos a la derecha para proseguir por la N-204 hasta la Villa de Cifuentes. Una vez allí se toma la carretera CM-2021 con dirección a Canredondo y Saélices de la Sal. A cuatro kilómetros nos desviamos a la derecha hasta Ruguilla.
Desde Bolarque: Conducimos por la carretera de Sayatón bordeando el Lago de Bolarque hasta que nos incorporamos a la N-320 con dirección Cuenca. Continuamos hasta Sacedón y nos desviamos a la izquierda hacia Cifuentes (N-204). Justo antes de entrar a esta población nos desviamos a la derecha para tomar la carretera CM-2021. A cuatro escasos kilómetros, tomamos el desvió que nos conduce, sin perdida, hasta Ruguilla.
Época de visita: Cualquiera. Cada estación tiene su encanto aunque es muy recomendable en Otoño y en Primavera.
Duración: 2 horas.
Dificultad: Nula.
Cartografía S.G.E.: 1:50.000; Cifuentes 512, hoja 22-20.

Situada a 882 m.s.n.m., entre la Villa de Cifuentes y la ribera del Alto Tajo, en un cerrado valle que la enmarca aparece, sutil y coqueta, la pequeña población de Ruguilla. Sus estrechas calles, salpicadas por decenas de casonas señoriales de arquitectura rural civil y la, siempre vigilante, Ermita de Santa Bárbara, esconden sus apenas cincuenta habitantes.
Rodeados de montañas horadadas por decenas de cuevas, que hacen sus veces de bodega y lugar de reunión de amigos y familiares, y fértiles vegas adornadas con filas de chopos, nogueras, olivos y olmos, aparece esta coqueta pedanía que llegó, allá por el Siglo XVII, a poseer el título de villazgo. El agua surge por doquier de la falda de los cerros que la protegen, los trinos de los pájaros y el doblar de las campanas de la vieja Iglesia de Asilo nos acompañan durante unos instantes tan apacibles, como mágicos.
Aprovechando los primeros rayos de sol, decidimos tomar un sendero que asciende por el Cerro de la Horca desde un pequeño parque infantil. La profusión de cuevas excavadas aprovechando los recovecos de la roca caliza del Cerro nos hace dudar si debemos continuar la marcha, o sentarnos en una de las cómodas entradas a las grutas que están preparadas con barbacoa y asientos tallados en piedra.
La curiosidad nos invade y decidimos asomarnos al interior de una de ellas. Su disposición es la misma desde hace siglos: Sobre la entrada unos arcos de medio punto de protección. Una vez dentro, un espacio para el lagar, donde se almacena la uva. En el pasillo de acceso, en el suelo, una gran piedra circular sobre la que se asentaba la vetusta prensa de madera con su gruesa soga y, finalmente, las aberturas laterales donde se alojan las enormes tinajas; donde el vino envejece y se mantiene con toda su frescura. Ni que decir tiene que, en los muros del pasillo central, se instalan unas baldas de piedra o ladrillo donde se apoyan cientos de botellas de cristal verde y enormes bolsas con corchos frescos listos para las labores de embotellado.
Decidimos seguir la marcha. Una vez en lo alto del Cerro, nos desviamos de la senda para disfrutar de la bella panorámica que, desde el repetidor, se divisa de Ruguilla.
Regresamos al camino y continuamos la marcha entre chaparrales, campos de cultivo, matorral bajo y plantas aromáticas como el espliego, la aliaga, la jara, el tomillo y la ajedrea. De vez en cuando, y a medida que nos acercamos a una línea de tendido eléctrico, aparecen unas curiosas chozas circulares realizadas en piedra. La disposición de las piedras y su tamaño, especialmente en la cubierta abovedada, nos hace especular sobre su incierta utilidad y fecha de construcción, ya que no se asientan sobre ninguna estructura de madera, ni tienen un tamaño suficiente como para albergar ganado o ser habitadas de forma continuada.
Seguimos caminando bajo un cielo despejado que nos permite ver, en la distancia, a las famosas "Tetas de Viana", dos enormes formaciones rocosas casi inaccesibles que los hispano-musulmanes denominaban ya Peñas Alcatenas, "Los Dos Castillos". Tras caminar unos cientos de metros entre terrazas dispuestas para el cultivo aparece, a nuestra derecha entre chaparras, un barranco que, por el momento, bordeamos hasta llegar a un alto en el que se encuentran talladas decenas de ruedas de molino de un tamaño y peso descomunales. Este lugar debía ser utilizado como cantera en tiempos inciertos aprovechando los filones de roca caliza. Algunas de estas "ruedas" se han abandonado en plena fase de extracción, bien porque se han partido, bien porque continúan, aún hoy, inacabadas esperando que aparezca algún maestro tallador y las libre del abrazo de su prisión pétrea. Ciertamente, podrían ser de origen celtíbero, pero no menos cierto es que son las mismas piedras de moler que hemos visto en las cuevas-bodega de Ruguilla y su origen podría ser bastante más reciente.
Nos cuenta Don Fernando, hoy nuestro entrañable guía y alcalde-pedáneo, que desde esta altura, se suele apostar con sus amigos ruguillanos para hacer esperas de jabalíes, que junto a los zorros, son los mamíferos más abundantes en esta zona de matorral y sotobosque. En cuanto a las aves, las perdices son las que más habitan estos bellos parajes, pero no son las únicas.
Bajo nuestros pies, el barranco que antes habíamos dejado de lado, se va convirtiendo, a medida que se acerca a Sotoca de Tajo, en un fértil valle lleno de verdes trigales y campos de olivo. Sin embargo, frente a nosotros, se alzan unos enormes farallones calizos conocidos como la "Cueva de los Moros".
Estas enormes formaciones rocosas, muestran decenas de aberturas a modo de balcones, en lo que parece una espectacular formación kárstica.
Decidimos descender por un lugar más apropiado para aproximarnos al lugar y tomamos un sendero, no señalizado, que recorre la falda del Cerro y que se conoce como Los Llanos. Tras unos cuantos saltos para salvar las distintas terrazas de cultivo damos con una senda señalizada con las marcas del GR-10. Si se continua hacia la izquierda, se llega a Sotoca de Tajo y a Azañón, población que se divisa al fondo. Si se continua a la derecha, se vuelve hacia Ruguilla, y ésta es la opción que tomamos para poder ascender a la "Cueva de los Moros".
Fernando abre el camino, por una especie de escalones tallados en la roca y unos asideros perfectamente amoldados a la mano humana. Aquí no hay duda de la presencia humana. Tras adentrarnos en uno de los balcones aparece una enorme cámara perfectamente excavada en la roca y comunicada con otras similares que existen en las entrañas de la montaña. Tanto la toponimia, como la tradición, atribuye a los primeros pobladores islámicos del Valle del Cifuentes la habitabilidad de este paraje. La montaña muestra signos evidentes de derrumbe en alguno de sus escarpados tramos, lo que nos hace regresar al sendero. Un poco más allá, hacia Sotoca, anidan varias parejas de Búho Real, especie rapaz nocturna, que junto con el águila perdicera, son la joya de nuestros montes y que deben ser protegidas por todos los medios del avance humano.
Retomamos la senda del GR-10, perfectamente señalizado en este tramo, hasta llegar a la Fuente de La Ruidera, donde podemos disfrutar de la deliciosa agua del manantial y donde, se nos antoja, un lugar ideal para almorzar. No es nuestro caso ya que Fernando, con su hospitalidad ruguillana, nos ha invitado a comer en su casa y degustar jamón serrano y un buen porrón de vino local como el que ya disfrutaban los legionarios romanos en tiempos, mientras cantaban y decían eso de: "¡¡¡ Hispania va Bonum !!!"...
Ruguilla es uno de esos lugares que a uno se le graban en la memoria, que no olvida jamás. Su recuerdo no sólo se compone de coloridas imágenes bucólicas, sino también del agradable aroma de su eterno silencio... que invita al viajero a regresar una y otra vez.






A tener en cuenta:
- Cobertura de móviles: Ningún operador de telefonía móvil tiene cobertura en esta población.
- Gasolineras y Supermercados: Las estaciones de servicio más cercanas se encuentran en Trillo y en Cifuentes. Hay varios supermercados, a 5 kilómetros de distancia, en Cifuentes.
- Basura: Conviene ir provistos de bolsas suficientes para no dejar ningún desperdicio, incluidas las colillas de tabaco. Los contenedores se encuentran junto a la Ermita de la Soledad, a la entrada del pueblo, y junto al Ayuntamiento.Y recuerden... "Siempre hay que dejar los lugares visitados, mejor de lo que los hemos encontrado", por lo que debemos "siempre" recoger cualquier resto aunque no sea nuestro.


Datos útiles:
- Casa Rural "El Cerrao de San José". Ruguilla. Situada a la entrada de la localidad. Finca "El Cerrao". Tel: 949.818.823
- Casa Rural "Casa Bolilla". Ruguilla. C/ Juan Francisco Yela 23. Decorada con excelente gusto, cuidada gastronomía y exquisito trato. Tel: 949. 818.912. Directora: Jordana de la Roja.
- Habitaciones "Molino El Angosto". Ruguilla. Ctra. de Sotoca a Huetos s/n. Tel: 949.818.825
- Bar y Centro Social. Ruguilla. Plaza del Juego de Pelota. Tel: 949.818.810

Este artículo ha sido publicado en:
- www.cifuentes.es. Página Oficial del Ayuntamiento de Cifuentes.
- www.ruguilla.com. Página particular de D. Fernando de la Roja Utrilla con información de la Villa.

Documental TV:
- Serie "Caminos de Piedra y Miel", Capítulo "Pedanías de Cifuentes", Guadalajara TV, 2.004. Presentado por Óscar Quirós y Cristina Cueto.

(C) Óscar Quirós, 2.004 - Revisado y actualizado en Noviembre de 2.007

lunes 5 de noviembre de 2007

El Hundido de Armallones


El Hundido de Armallones.
Texto y fotografías: Óscar Quirós Romero.

Estamos ante una de las rutas más atractivas y espectaculares que se pueden realizar hoy en día dentro del mismo Parque Natural del Alto Tajo, con la ventaja de desarrollarse exclusivamente en una pista forestal, de tráfico restringido a los guardas del parque, que recorre la orilla del río, sin apenas desnivel, sin grandes masificaciones de excursionistas y que nos ofrece unas panorámicas de belleza indescriptible sobre el río que, en este lugar, nos muestra su lado más agreste.

Aproximación:
Desde Madrid:
Tomamos la Autovía A-2 o la Radial R-2 hasta el kilómetro 103. A la altura de Almadrones nos desviamos a la derecha para proseguir por la N-204 hasta la Villa de Cifuentes. Una vez allí se toma la carretera CM-2021 con dirección a Canredondo y Saélices de la Sal. Pasado Canredondo tomamos la carretera que nos conduce a Sacecorbo y, posteriormente, a Ocentejo.
Desde Bolarque: Os voy a mostrar un precioso atajo. Conducimos por la carretera de Sayatón bordeando el Lago de Bolarque hasta que nos incorporamos a la N-320 con dirección Cuenca. Continuamos hasta Alcocer y nos desviamos a la izquierda hacia Salmerón (CM-2015) y Villanueva de Alcorón. Poco antes de llegar a Villanueva nos volvemos a desviar a la izquierda, por la CM-2021, hacia la bella localidad de Arbeteta. Una vez dentro del Parque Natural del Alto Tajo continuamos por esta sinuosa carretera, estrecha pero llena de miradores, hasta llegar a Ocentejo.
Época de visita: Cualquiera. Cada estación tiene su encanto aunque es muy recomendable en Otoño y en Primavera.
Duración: 4 horas (dependiendo de la estación y el tiempo que destinemos al almuerzo y al baño).
Distancia: 10 kilómetros ida y vuelta.
Dificultad: Baja.
Cartografía S.G.E.: 1:50.000; Zaorejas 513, hoja 23-20.

Comenzamos en la pequeña y deliciosa localidad de Ocentejo que debe su nombre al río, "Hoz en Tajo" (Oz en Texo, en castellano antiguo), y toda su actividad, ganadera y agrícola, está enfocada al mismo. En la misma, vamos a encontrar un par de lugares para almorzar y una Casa Rural. Pero... desgraciadamente, la mayoría de las veces que voy se encuentran cerradas, bien por descanso, bien por dejadez de sus gestores y como el supermercado más cercano se encuentra en Sacecorbo, a varios kilómetros de distancia, conviene ir bien abastecidos apriori de todos los alimentos, bebidas y enseres necesarios para realizar la excursión, incluida la gasolina.
De la misma entrada a la población parte una pista señalizada que conduce, sin posibilidad de pérdida, al paraje natural conocido como el Hundido de Armallones. Sin desmerecer a ninguna otra ruta alternativa, es ésta la más adecuada para poder ver este accidente geológico en todo su esplendor, no sólo por la facilidad de su acceso, sino porque la pista discurre, paralela al cauce del río Tajo, con la suficiente altura como para disfrutar del paisaje sin que nos estorbe la densa masa forestal que nos circunda y sin tener que salvar grandes desniveles en el camino.
A un kilómetro del inicio, la ruta se divide en dos y tomamos la de la izquierda. Hasta aquí el camino discurre por la Vega del Arroyo de Ocentejo, que se abre a través del Barranco de la Hoz. Poco a poco, vamos dejando atrás los pequeños huertos rodeados de nogueras, chopos y álamos. Mientras ascendemos, el bosque mediterráneo va ganando presencia y comienzan a aparecer pinos silvestres, carrascas, enebros, árboles de boj, tejos, tilos, avellanos, olmos, madroños, escaramujos, jaras pringosas, gayubas, zarzas y los escasísimos acebos.
En seguida descendemos entre el rumor de las aguas producidas por los rápidos hasta llegar al nivel del cauce del gran Río Tajo. Las pozas de agua surgen remansadas entre los enormes peñascos de caliza caídos de las alturas, mientras la nutria europea, las bogas, los cachuelos, los barbos y las truchas arco iris aprovechan estas pausas fluviales para deslizarse por sus cristalinas aguas. De entre los farallones surgen continuamente buitres leonados y águilas-azor perdiceras que con su majestuosidad surcan los cielos encarándose con descaro a cualquier ser vivo que se le ocurra corretear entre la espesura o sobrevolar estos parajes. Poco a poco, se va abriendo la hoz hasta que nos permite vislumbrar el impresionante cañón en todo su esplendor.
Según las crónicas escritas en castellano antiguo fue en el Siglo XVI y tras un fuerte temporal cuando se desprendió una enorme masa de piedra caliza sobre la hoz que el Tajo había tallado en la roca. Este desprendimiento produjo un colapso en el cauce del río, que se prolongó a lo largo de una semana, hasta que la fuerza desmesurada del agua volvió a abrir una ruta nueva a través del barranco. Cuenta la leyenda que el hundimiento secó el cauce del Tajo durante siete días en los que los vecinos pudieron atrapar las truchas con sus propias manos. Existe una versión, nada probable, que cuenta que el Hundimiento se produjo como consecuencia del temblor de tierra que, en el año 1.755, arrasó la ciudad de Lisboa. Sin bien es cierto que, geológicamente, los dos terrenos pertenecen a la misma placa tectónica, no menos cierto es que este temblor se produjo un siglo más tarde de lo que nos cuentan los cronistas de la época y, en territorio español, que se sepa, el temblor sólo afectó mínimamente a Salamanca.
Continuamos, río arriba, entre acantilados, covachas, farallones y lugares con nombres sugerentes llenos de leyendas, mitos y sucesos reales: La Tabla de los Moros, la Cuesta de los Muertos, los Ojos de las Carquimas, el Refugio de los Maquis... hasta llegar a la Mina de la Inesperada, una antigua explotación ya abandonada que aprovechaba la sal gema sobrante de las rocas calizas. En su día, esta sal fue una valiosísima fuente de vida de los escasos habitantes de estos parajes (1). Desde que las salinas cayeron en desuso y el hombre deshabitó las rústicas instalaciones, los gatos monteses, los tejones, los corzos, los ciervos y los jabalíes se adueñaron de este paraje natural y, de vez en cuando, se dejan ver por La Inesperada cuando bajan a lamer la sal gema que tanto les gusta.
Una vez llegados a este punto, la pista concluye y debemos regresar sobre nuestros pasos hasta Ocentejo.
Si queremos continuar un poco más con nuestro paseo, podemos tomar la senda que dejamos al comienzo, nada más salir de Ocentejo, que nos conduce entre los pequeños cultivos hortícolas hasta un viejo molino de agua, conocido como El Molino de Batán, perfectamente restaurado y conservado que, en tiempos, nutría de energía eléctrica a la población. Junto a él, un tranquilo Río Tajo y los restos de un puente de piedra que las tropas napoleónicas - el famoso Mambrú que se fue a la guerra - mandaron volar, cortando así el único paso existente entre las localidades de Ocentejo y Armallones.
De regreso, llegados al fin de la ruta, nos despedimos de Don Julián. Un hombre curtido y sabio en anécdotas que, en apenas unas horas, ha sabido pasar de ser Alcalde de Ocentejo e intrépido conductor de todo-terrenos, a convertirse en un amigo entrañable.

(1) Nota del Autor: La voz árabe "Ar-Mayyan" (Armallón-Armallones) significa Sal o Salinas.
Gracias eternas, Julián.








A tener en cuenta:
- Cobertura de móviles:
Ningún operador de telefonía móvil tiene cobertura en este recorrido. Conviene llevar walki-talkies para comunicaciones de urgencia.
- Gasolineras y Supermercados: Las estaciones de servicio más cercanas se encuentran en Trillo y en Cifuentes. El supermercado, a 7 kilómetros de distancia, en Sacecorbo. Conviene ir bien aprovisionado.
- Basura: Dado que estamos dentro de un Parque Natural, con especies altamente protegidas y en serio peligro de extinción, conviene ir provistos de bolsas suficientes para no dejar ningún desperdicio, incluidas las colillas de tabaco. Los contenedores se encuentran en Ocentejo, junto al Ayuntamiento.Y recuerden... "Siempre hay que dejar los lugares visitados, mejor de lo que los hemos encontrado", por lo que debemos "siempre" recoger cualquier resto aunque no sea nuestro.

Datos útiles:
- Área de Descanso "Los Ceños". Ocentejo.
Situada a dos kilómetros de Ocentejo, junto a la ribera del Tajo, en la carretera que conduce a Valtablado del Río. (Nota Importante: La Acampada controlada y el vivac están prohibidos desde Abril del 2.006 en todo área protegida del Parque Natural del Alto Tajo).
- Restaurante Alegre. Ocentejo. C/ Real 11. Tel: 949.814.035

Este artículo ha sido publicado en:
- www.cifuentes.es. Página Oficial del Ayuntamiento de Cifuentes.
- Revista "Lago y Montaña", Número 4, Noviembre de 2.004. Editada por la Asociación Cultural "Lago de Bolarque". Almonacid de Zorita.

Documental TV:
- Serie "El Tomavistas", Capítulo "El Hundido de Armallones", Guadalajara TV, 2.004.
Presentado por Cristina Cueto. Entrevistas a Óscar Quirós y Julián Galiano.

(C) Óscar Quirós, 2.004 - Revisado y actualizado en Noviembre de 2.007

miércoles 31 de octubre de 2007

Egipto: El Imperio de los Sentidos






DEDICATORIA

"A mi padre... que se fue de este mundo sin darme tratamiento... ni recetas....
Este viaje era tu sueño... y yo lo he cumplido por y para ti. Te extraño."


Egipto:
El Imperio de los Sentidos



"En un libro que leí en mi infancia había un río que era grande como el mar. Un río que se bebía todo el agua del África Oriental dejando lleno de sed al desierto del Sahara. Y en su ribera sólo crecían pirámides, templos en ruinas y algunas palmeras: El Río Nilo."

Texto y fotografías: Óscar Quirós Romero


As-Salam Aleikum... Ya estamos aterrizando en El Cairo y esperando en las largas colas del Aeropuerto para poder sellar y pagar el visado de entrada en el país. La verdad es que en cualquiera de estas naciones los trámites de entrada son bastante lentos pero, además, en Egipto con los últimos atentados ocurridos contra turistas (el último fue hace cuatro años) la seguridad policial lo ralentiza hasta hacerlo desesperante. Y si para colmo tienes detrás un grupo de veinte coreanos intentando colarse, llega a ser exasperante.

Una vez sellado el pasaporte y registrada la cámara de vídeo que me acompaña, nos recibe Adel, el propietario de Atón Travel, nuestro corresponsal en Egipto. Su presentación es amable y educada como toda la gente que habita en este país. Me sorprende su correcto español.

Tras recuperar las maletas (excepto las de mi amigo Julio Eraso) nos trasladamos al Hotel Sonesta Cairo. Un excelente alojamiento de 5 estrellas situado en el centro de El Cairo, pero no junto al cauce del Nilo.

La verdad es que estoy deseando descansar para comenzar el viaje. Estoy sintiendo una sensación muy especial al pisar por primera vez la tierra de los faraones.

A lo largo de mi vida he visto decenas de documentales sobre este país. En el colegio, durante mi carrera de Turismo ya estudiaba en Historia del Arte a las culturas faraónicas. He programado Egipto para varios Tour Operadores españoles con más o menos acierto... pero, ya estoy aquí y tengo la terrible sensación que todo lo que me voy a encontrar a partir de ahora es absolutamente nuevo, distinto, diferente a todo lo que me he podido imaginar.

Una extraña sensación de ansiedad me invade. Tengo ganas de escribir y así consumo los últimos minutos de este agotador día.

Hasta mañana.


19 Mayo 2.000: El Cairo

Visitar la anárquica ciudad de El Cairo, o Al Qahirah (La Victoriosa), con sus 18 millones de habitantes (es la ciudad más grande de África) parece un verdadero laberinto caótico en el que se arremolinan gentes, automóviles y carros tirados por asnos en una frenética carrera a la que nadie parece poner fin.

Llena de puentes, agujereada por cientos de túneles y rodeada por mil autovías con tres y cuatro alturas, nadie puede explicarse porqué Cairo sigue siendo el destino soñado por los agricultores más pobres del Bajo Egipto.

Casas desconchadas y sin ventanas, tejados sin vierteaguas y vigas con hierros oxidados conviven entre palacetes coloniales de la época británica y edificios oficiales donde para poner un sello o pedir una autorización puede costarte entre tres y siete horas.

El ruido del claxon de los coches y el alto grado de contaminación convierten a El Cairo en un lugar de simple paso, una ciudad a la que llegas para salir corriendo y visitar el resto del país, más calmado, bello y enigmático que la gran urbe del caos.

La aglomeración es tal que cerca de 250.000 familias han acondicionado las tumbas de sus difuntos para residir sobre ellos. Esta barriada conocida como "la ciudad de los muertos" y en la que se da el mayor nivel de pobreza de la ciudad se levanta bajo la Mezquita de Saladino. La costumbre árabe de enterrar a sus muertos y realizar una pequeña habitación sobre ellos para orar y hablarles del más allá entre versos del Corán ha llevado a los emigrantes más humildes del Bajo Egipto a instalarse aquí, provocando un enorme ghetto destartalado y lleno de delincuencia.

Subimos a bordo de un moderno autobús que nos conduce al Museo Arqueológico de El Cairo. El tráfico es horrendo y eso que hoy es viernes, el día festivo de los musulmanes. Los golpes leves entre coches que se despiden lateralmente, el sonido de los claxon, la ausencia de faros e intermitentes y los alocados conductores que dirigen su automóvil bajo el lema "Apártate o muere" hacen que cada trayecto por esta ciudad no sea apta para corazones delicados.

Llegar al Museo Egipcio a primeras horas de la mañana es algo inaconsejable. La jauría de turistas recorriendo sus salas y plantas bajo las escasas y rápidas explicaciones de un guía, se me antoja negativo.

El Museo bien merece una visita pausada de, al menos, un día completo (Es como tratar de ver el Museo del Prado de Madrid en hora y media). Bien es cierto que, además, este edificio es lúgubre, desordenado y poco adecuado para la increible colección de piezas que alberga.

Más de 100.000 !!!

Incluyendo los tesoros de Tut-Ankh-Amon, donde todo el mundo se arremolina dejando de lado bellísimas reliquias como una pequeña estatua de ocho centímetros de alto que es la única imagen que se conserva del faraón Kheophs, el constructor de la gran pirámide. (Aunque según he leído en la edición española de la gran revista National Geographic de Agosto 2.000, acaban de encontrar una cámara funeraria intacta que podría contener la barca de la vida y otros objetos del faraón !!!)

Muchas veces lo que es realmente importante, se convierte en anecdótico por las prisas del guía para llevar a su grupo tras un paraguas al mercado para ganar comisiones. Y esto, resulta decepcionante.

En esta nave industrial, no se merece llamar de otra forma, se esconden tesoros, estatuas, bajorrelieves y vitrinas colmadas de cientos de objetos de arte. Ilustra de forma real los más de 2.500 años de arte de los tres grandes Imperios del gran Egipto.

Tras la visita nos trasladamos al "Escarabajo" un restaurante flotante que ofrece un mediocre buffet a los turistas mientras navega por el Nilo, que a pesar de su suciedad no deja de ser un bello río que parte a la Ciudad Victoriosa en dos.

Desde el muelle se pueden avistar los más bellos hoteles de la ciudad y las humildes embarcaciones de vela latina navegando con turistas a bordo.

Ya resarcidos de comer y beber nos dirigimos a la Ciudadela de Saladino, una fortaleza construida por el famoso emperador que alberga la gran mezquita de minaretes y cúpulas conocida como la Mezquita de Alabastro y que predomina en lo alto de la ciudad.

En el camino cruzamos varios barrios residenciales que alzan sus casas junto a las más miserables edificaciones que uno puede imaginar. Ladrillos, vigas, alambres retorcidos y calles sin asfaltar o alcantarillar se ven rodeadas de puentes, excalectric de dos o tres alturas y nudos de comunicaciones desbordados de coches destartalados "tocando el pito". El caos dentro de la más humillante forma de vida que yo haya visto jamás.

Antes de llegar a la Mezquita vemos a nuestra derecha un acueducto árabe que aún sigue surtiendo de agua contaminada del Nilo a las fuentes de la Mezquita de Saladino.

Junto a nosotros aparece la "Ciudad de los Muertos" que entre ladrillos de adobe oculta las miserias que el gobierno de Mubarak no quiere enseñar a los turistas que se desplazan a Egipto.

Llegamos por fin a la Ciudadela. Una fortaleza amurallada y una puerta con militares y los estandartes de Misr (Nombre con el que se designa aquí a Egipto) nos abren las puertas a los jardines de la Mezquita, previo pago de 20 libras egipcias. Aquí si me dejan entrar con la cámara para fotografiar su interior sin pagar y a las mujeres que nos acompañan las hacen cubrirse con una túnica verde para ocultar o disimular sus encantos respetando la tradición coránica de taparse el pelo y las piernas.

¡Hale Óscar! A descalzarse, lavarse pies y manos.

La curiosidad y mis informaciones previas me decían que las mezquitas eran un lugar de culto semi-secreto, acallado y restringido.

Mi sorpresa es que las familias árabes vienen a pasar aquí el festivo viernes con sus hijos, correteando felices por el templo y sacando fotos a este lugar de peregrinación sin el menor pudor. Las sonrisas y las caricias entre rostros felices por estar bajo protección de un benévolo Allah son habituales y no se ocultan.

La presencia de occidentales es bien recibida siempre que se guarden las formas y respetemos que estamos en un lugar sagrado, aunque no rezáramos.

Cuando los muacines llaman a la oración desde los minaretes (los musulmanes tienen la obligación de rezar cinco veces al día), los árabes se postran en el suelo de rodillas con la frente apoyada en el suelo en dirección a La Meca y murmuran frases coránicas imposibles de entender. Los más fieles tienen, incluso, una mancha en la frente de apoyarla en el suelo.

Curiosamente, el Corán autoprohibe su traducción a otros idiomas. Así que el que quiera leerlo debe aprender la lengua árabe. ¡¡¡Con lo que me gustaría a mi conocerlo profundamente... !!!

La enorme cúpula de alabastro y la exuberante lámpara que cuelga de la linterna de la Mezquita merecen admiración. Los árabes construyen edificios espartanos en su exterior, pero su interior está lleno de belleza, riqueza, repujados en yeso, mármoles y extensas alfombras de origen persa. El agua estará siempre presente en alguna fuente, como aquí, o en enormes jardines canalizados como el Generalife en la "siempre guapa" Granada. Su culto a Dios y al amor hacen que su literatura medieval sea de lo más bello que uno pueda leer.

En el exterior de la Mezquita se abre un patio lleno de negras celosías de hierro fundido. La fuente de enmedio deja caer el agua que llega del acueducto. Y tras el patio un inmenso mirador sobre la ciudad de El Cairo. Desde aquí, los días que no hay calima se pueden divisar las tres pirámides de Gizá.

Hoy he tenido suerte y no sólo veo Gizá sino también, a mi izquierda donde termina la ciudad, otras cuatro pirámides menores al fondo.

Nuestro paseo por El Cairo continúa y tras treinta inquietantes minutos de continuo atasco llegamos al Mercado de Khan-el-Khalili.

Si Egipto significa caos, Khan-el-Khalili lo define en una sola foto.

Una inmensa calle estrecha se abre entre bazares que ofrecen desde las bragas que llevaba mi abuela, hasta CD's con el último grito en música árabe. Michael Jackson también es apreciado pero no es lo más "IN" del momento. Dentistas con caries, abogados sin ley y muchas terrazas donde tomar un té o una coca-cola se agolpan en la calle que a pesar del enorme número de peatones, son transitadas por burros tirando de carros y auténticos "asnos" conduciendo coches, tirando puestos, golpeando levemente a los transeuntes y, como no, haciendo sonar su claxon.

Los tenderos te avasallan invitándote a entrar en su tienda y ofreciendo camellos a cambio de las mujeres que nos acompañan.

Frases como:

- Ma fish, ma fish! – No tengo nada para ti !

- Uskut ! - Cállate !

- Imshi, Imshi ! - Lárgate de mi vista !

son imprescindibles para navegar en este mar de empujones y acosos. Ven al jawaya o turista extranjero como una sustancial fuente de ingresos al que sacar un sobresueldo con precios inventados o con etiquetas con numeración árabe para hacerlos ininteligibles es fácil.

Aquí todo tiene cinco precios:

El inicial; los dos del regateo; el precio final del regateo y... el precio para los árabes.

Así, tras una cerveza sin alcohol (fuera de los hoteles y barcos no se encuentra nada con alcohol) nos dirigimos al Hotel Cairo Sheraton a cenar y visitarlo. El hotel es muy correcto, en España tendría 4 estrellas y no 5, pero su vista desde la terraza de la ciudad y el Nilo es bellísima.

La cena es exquisita. En Egipto generalmente se come muy bien. Pero la cantante que nos "ameniza" es demencial. Casi nos "atemoriza".

Así que de vuelta a nuestro hotel, Isabel y Leonor se quedan tomando una copa conmigo en una sala de espectáculos que hay en la planta baja donde se escucha música árabe de discoteca en directo. Y así pasó la noche.


20 Mayo 2.000: El Cairo - Aswan - Philae - Poblado Nubio.

¡¡¡ Ring Ring !!! A eso de las cinco y media de la mañana nos despertaron en la habitación.

¿Adivina quién bajó el último...?

Ramadán me sonreía mirando su reloj y haciendo pequeños movimientos con su pie derecho mientras mis compañeros de viaje subían al autobús que nos conduciría hasta el aeropuerto para volar a Aswan.

Algunos de ellos se quedan en Aswan descansando mientras nosotros continuaríamos el vuelo hasta Abu Simbel.

Casi novecientos kilómetros separan El Cairo de Aswan y unos 1.120 hasta Abu Simbel, casi en la frontera con Sudán.

La verdad es que en avión no se notan nada... Tras sobrevolar El Cairo y sus pirámides el aparato se interna en el árido desierto saharaui. A estribor se divisa el litoral de la Península del Sinaí y las azules aguas del Mar Rojo. A la derecha el desierto impenetrable.

Cuando más seco y estéril parece todo y crees que bajo tus pies sólo hay arena y caravanas de camellos... aparece el inmenso Lago Nasser.

Es hora de aterrizar.

El aeropuerto de Aswan es como un moderno búnker de hormigón y cristal. Parece más una base militar que un lugar destinado a recibir y despedir turistas.

El calor es sofocante y nos comunican que, al parecer, hay problemas de plazas en nuestro vuelo de continuación a Abu Simbel.

Abu Simbel es uno de esos lugares donde uno se siente privilegiado al viajar.

Situada junto al Lago Nasser en la frontera con el misterioso y bélico Sudán. Un país rico pero envuelto en una tan larga como absurda guerra civil.

Allí se encuentra el gran templo de Abu Simbel donde el más solemne Ramsés II comparte el puesto de honor junto con los dioses Amón, Ra-Harakhte y Ptah. En su entrada excavada en la roca caliza, cuatro enormes colosos de 21 metros de altura con la faz del Faraón vigilan la entrada al sancta-santorum situado a 64 metros de profundidad.

El templo significaba para el viajero procedente de Nubia, "la Tierra del Oro", la puerta al Gran Imperio Egipcio. Y su monumentalidad podía ser explicada como un aviso a los ejércitos del Sur del enorme poder y la grandeza del Faraón.

La UNESCO colaboró con el gobierno egipcio en el desmontaje y traslado de los 1.305 bloques de piedra para evitar que fuera engullido por las aguas del Nilo tras la construcción de la presa de Aswan.

El desmontaje, clasificación de bloques, traslado de las 15.000 toneladas de piedra y la reconstrucción del templo llevó cuatro años.

Mientras mi mente estaba frente a los colosos y pese a los esfuerzos de Rabie, nuestro guía, nos confirman que no tenemos plazas de avión. Así que rebautizamos Abu Simbel como "Abu Sin Ver..."

Decepcionados, decidimos alterar el programa de viaje y dirigirnos hacia la gran presa de Aswan.

Esta enorme obra de ingeniería fue llevada a cabo por el gobierno de Nasser, el primer presidente de la República Egipcia.

Nasser era un joven militar cuando accedió al poder tras un golpe de estado que derrocó al Rey Faruk, una dinastía de origen turco que gobernaba el país con un alto índice de corrupción y despilfarro provocando unas enormes diferencias sociales.

Entre sus mayores ambiciones se encontraban tres logros:

Una reforma agraria que devolviera la propiedad de las tierras a los cultivadores de la ribera del Nilo.

Una reforma educativa para combatir el alto índice de analfabetismo.

Y la construcción de la gran presa de Aswan que liberaría al país de las tres crecidas anuales del Nilo, favoreciendo el establecimiento de nuevos regadíos y asentamientos en su ribera.

Tras llamar a la puerta de varios países europeos y de los Estados Unidos de América solicitando ayuda económica y tecnológica en la creación de la presa... únicamente la extinta Unión Soviética colaboró en la subvención del proyecto.

El Lago Nasser embalsa cientos de millones de metros cúbicos de agua y tiene una longitud de 148 metros de largo.

Por descontado, la presa es un alto secreto militar. Si llega a ser destruida hoy, tal y como amenazó Sadam Hussein durante la Guerra del Golfo, las aguas del Nilo cubrirían la práctica totalidad de la nación llegando, incluso, a Israel. Así se que enseña tímidamente y, por supuesto, está totalmente prohibido el acceso a las turbinas.

Por cierto, están funcionando en este momento y están soltando agua. Rabie me dice que esto sólo sucede cada dos años.

Desde el lugar donde estoy apostado, rodeado de bellos sauces con una característica hoja rojiza se divisa la antigua presa construida durante el protectorado británico. Una presa que era insuficiente ya que el Nilo la desbordaba por encima anegando los campos de cultivo y las ciudades. A mis espaldas, el Lago Nasser, Sudán, el Desierto de Nubia y el Templo de Mandulis en Kalabcha.

Proseguimos en autobús cruzando la antigua presa británica. Desde aquí si se aprecia la diferencia de nivel del cauce del Nilo y la magnitud de la obra del General Nasser.

El Nilo, tras sus 6.000 kilómetros de recorrido por el continente africano (de los que sólo 1.400 se producen en territorio egipcio), arrastraba montones de sustancias orgánicas y minerales que se iban depositando en estratos a lo largo de río, fertilizando con sus tres crecidas anuales las tierras de cultivo. Esta capa generadora de vida es conocida como "limo" y su desaparición está provocando el uso de abonos químicos (con la consiguiente alteración del eco-sistema del río) y la pérdida de fuerza del Delta que se ve, además, constantemente atacado por los embates del agua salada del Mar Mediterráneo, esterilizando un suelo rico que, durante milenios, favoreció el nacimiento de la civilización faraónica.

Además, la creación del Lago Nasser por inundación provocó no sólo la pérdida de decenas de templos menores sino también la anegación de las tierras donde los nubios llevaban asentados durante varios milenios viéndose obligados a desplazarse al Norte de la nueva presa.

¿El progreso en la "tierra de la otra vida"?...

En breve, llegamos hasta un pequeño puerto fluvial donde se toma el transbordador que nos acerca a la Isla de Agilka, (En griego clásico "agios" significa isla y en el Egipto antiguo ka era el alma, el doble del difunto.) lugar actual de emplazamiento del Templo de Philae.

Philae es un precioso templo grecorromano que hubo de salvarse también de las aguas, construido por los faraones ptolemaicos en honor a Isis, hermana y, a la vez, esposa de Osiris.

Posteriormente, el Emperador Trajano, (ese romano de Córdoba...) mandó construir un templete que, aunque quedó parcialmente inacabado, es enormemente bello y es conocido como "el kiosko de Trajano".

Rabie nos explica la ubicación anterior del templo. Todavía podemos ver los restos de una urna metálica con la que hubo de ser rodeado antes de liberarlo del agua.

La obra de salida, secado y reconstrucción llevó cerca de ocho años.

Aquí ya podemos ver las diferentes agresiones que han sufrido durante miles de años estas magnas obras.

Algunas de las figuras están picadas por los "coptos", una secta cristiana separada de las iglesias católica y ortodoxa y que, actualmente, es practicada por el 18% de la población de Egipto, utilizando los templos como lugar de refugio ante las persecuciones del pasado.

En el sancta-santorum encontramos también marcas de las cruces coptas sobre las columnas ya que utilizaban este lugar como altar para sus misas clandestinas.

Los franceses dejaron también sus huellas cuando las tropas napoleónicas invadieron el país haciendo agujeros en las paredes con bajo-relieves para atar las riendas de sus caballos, grabando sus nombres sobre los bellísimos dibujos grecorromanos. Y, finalmente, las aguas del Nilo que al cubrir el templo en su totalidad durante años hicieron desaparecer las pinturas que originalmente cubrían los hueco-grabados.

Aún así, ni su discreto tamaño en comparación con los templos del Imperio Antiguo, ni su nueva ubicación, le hacen perder un ápice de su belleza. La tranquilidad de las aguas del Nilo hacen que el templo se refleje sobre su superficie permitiéndome hacer una de esas fotos que bien vale un póster.

Regresamos ya a Aswan no sin antes hacer un pequeño trueque con los niños nubios que asaltan a los turistas solicitando mecheros, bolígrafos y otros bakshish o, directamente, dinero a cambio de galabiyas, turbantes y figuras de falso alabastro. ¡¡¡Ojito, que algunos se dejan hasta el reloj!!!

Así que directos a la nave. Estoy deseando embarcar y darme una refrescante ducha.

Abordo fuimos recibidos amablemente por los altos mandos de la tripulación que nos enseñaron la moto-nave en su totalidad con orgullo. No es para menos. La M/V Radamis II es el barco más lujoso y moderno que surca hoy las aguas del Nilo.

Por la tarde, decidimos alquilarnos una faluca para conocer mejor al olvidado pueblo nubio.

Navegar a vela sobre el Río Nilo se me antoja algo inolvidable y recomendable para cualquier viajero que desee conocer la realidad de sus gentes lejos de las, siempre masificadas, zonas turísticas.

Nubia, "la Tierra del Oro", es un antiguo país a caballo entre Egipto y Sudán. Toda su vida y cultura van ligadas íntimamente al discurrir del gran río. Apagada su consciencia colectiva durante décadas, los nubios vivieron, con la construcción de la presa de Aswan, un renacimiento como pueblo, a pesar de que sus territorios más queridos hoy están anegados por el Lago Nasser.

No existe en el mundo un río que conecte gentes, vidas, modos tan dispares, opuestos y, a la vez, tan próximos a nosotros.

El Nilo une el Mar Mediterráneo, nuestro Mare Nostrum, con el corazón más profundo, más ignoto de la tierra más ajena: el corazón del continente africano.

Nubia abarca desde la primera catarata del Nilo en Aswan hasta la cuarta catarata al Norte de Sudán, 900 kilómetros río arriba.

En la actualidad Aswan es su única y gran ciudad. Sea cual sea la dirección que uno llega a ella, Aswan es un espejismo hecho realidad. La atmósfera de la mañana sobre el valle es como un bálsamo luminoso y cristalino, el azul del Nilo limpio y transparente (en contraste evidente con la suciedad del Nilo cariota), los pequeños poblados nubios acurrucados en las orillas, islas y recodos del río parecen pintados con tonos pastel sobre un lienzo rescatado de antaño.

Parece lógico que durante la invasión de los británicos del África Oriental y, más regresando de las áridas inmensidades del Sudán, vieran en la exquisita belleza de Aswan un oasis repleto de agua y mercaderes donde reponerse y abastacerse.

Aswan es un alto en el camino, un lugar de descanso, la puerta al antiguo Egipto faraónico y ptolemaico, el marco ideal para añorar a la lejana Europa.

El río está salpicado de falucas cuyas blancas velas latinas rompen el manso espejo de las aguas como sábanas en serena flotación. Es una señal feliz para los nubios. Significa que hay turistas en el río, que tienen trabajo ese día. En Aswan la mayoría de ellos viven del turismo... esa profesión tan degradada últimamente en nuestro país y que significa nuestra "primera" fuente de ingresos.

En faluca te llevarán al Mausoleo de Aga-Khan, a visitar los inaccesibles tumbas (hipogeos) de la VI dinastía, a Isla Elefantina y su jardín botánico o a algunos de los bellos poblados nubios que lindan con el Nilo.

La puesta del sol, la paz, la hermosura y la nobleza del río que un día les dio vida y que hoy anega sus más preciadas tierras y cementerios nos lleva a un poblado diminuto junto a Elefantina.

Los nubios son un pueblo del tronco sudánico. En Egipto se dividen en dos grupos lingüísticos: Kenzi y Fedija, dos lenguas de la familia nilótica-sahariana con las cuales, sorprendentemente, no se entienden entre ellos. Para esto, utilizan el árabe, su idioma común.

Comparados con sus vecinos los sayidis, los árabes actuales de tierra y azada, se puede decir que por las arterias de los nubios corre sangre de príncipes. Una mezcla privilegiada de elegancia africana y aristocracia semítica, cuya propia y refinada civilización se enfrentó, cara a cara, con el Egipto faraónico. Pero esa imagen de realeza virtual les ha servido de poco. Constantemente amenazados y ocupados por imperios colindantes más fuertes que añoraban su oro. Pero su peor enemigo ha terminado siendo el progreso: La nueva presa de Aswan.

Con la construcción en 1.960 de la presa, no sólo los invadió para siempre superándolos en número, sino que la mitad de su territorio quedó ahogado bajo las aguas. Pero esta humillación no borró la huella y la presencia de esta raza históricamente vapuleada e inmemorial.

Grupos de muchachos ataviados con sus galabiyas de blanco inmaculado obligado en su pueblo, se pasean por la corniche diferenciándose de la gente como los ibis con su vuelo distinguido y suave. Mujeres árabes enfundadas por completo en negro regresan juntas del mercado llevando con parsimonia las compras sobre la cabeza. Ellos te saludan ofreciendote miles de objetos siguiendo la costumbre egipcia de gritar al jawaya o extranjero lo primero que se les ocurra pero, a diferencia de los árabes, los nubios te miran con una mueca de superioridad, incluso de burla.

La mujer nubia casi nunca dirige la palabra a un blanco y, con la requerida reserva, a un árabe.

Las consecuencias derivadas del turismo han afectado a la sociedad nubia de Egipto tanto como su imparable arabización. Aunque el nubio sea maestro o funcionario está dispuesto a servir al turista fuera de horas ya que en dos jornadas con nosotros pueden, perfectamente, igualar el salario de un mes.

El nubio egipcio es por naturaleza poco dado a la labor manual o al trabajo en el campo. Cultivan sus huertas para dar de comer a su clan, pero si dispone de tierra suficiente para sacarle un provecho, se la alquilará a los árabes para que la trabajen. Si tiene que construir una casa dejará que los sayidis se la levanten. Si quieren comer pescado irán al mercado de Aswan a comprárselo a los musulmanes que lo habrán pescado frente a su casa la noche anterior. Las mujeres pasan el día en sus casas pintadas en tonos pastel haciendo pan o minuciosos trabajos artesanales para ofrecer al saeh despistado que, como un servidor, se deja ver por su poblado.

Con suma amabilidad te enseñan su hogar, te invitan a una coca-cola y te hablan de una escritora americana que pasó tres meses conviviendo con ellos y publicó un libro con su foto. Sus hijas se ríen escondiéndose curiosas por los rincones de la casa de adobe pero sin dejar de asomarse y cuchichear entre risas. Finalmente, una de ellas, bellísima, me permite que le haga una fotografía a su dulce sonrisa.

Los niños juegan sobre pequeñas barcas en el río chapurreando canciones a los diferentes turistas. Cuando vieron que yo era español entonaron "la Macarena" ganándose unos dulces caramelos que portaba Natalia: la moça más fermosa de Talavera que yo jamás non viere.

Al caer la tarde, cuando la luz azulada impregna de eléctrica nostalgia, el valle, los pueblos se despiertan con la vuelta de los hombres a casa.

Es hora de regresar al barco en la faluca entonando "O-ale-ale", la canción de bienvenida al mundo de los nubios y mojarme el cabello con la siempre fresca agua del Nilo. Un refrescante bautizo ritual que tengo costumbre de realizar cuando navego sobre aguas sagradas.

Salam sukram. Gracias.

A bordo ya de la Radamis II tuve tiempo de ducharme y tomarme una cerveza anotando en mi cuaderno algunas notas antes de la deliciosa cena, donde dimos una pequeña sorpresa de cumpleaños a Leonor. Un encanto de mujer que viajaba con nuestro pequeño grupo de españoles.

Por la noche, decidimos dar un paseo en la calesa por la corniche hasta el mercado y, posteriormente, fumarnos una shisha. La tradicional pipa de agua árabe. El tabaco lo venden en las terrazas donde los hombres lo fuman relajándose entre la espesura del humo. Conocido como narguile tiene dos variedades: La primera es una mezcla de tabaco y esencia de manzana. La otra, más fuerte, se mezcla con melaza.

Aswan es un divertido mercado, menos agobiante que Khan-el-Khalili y más colorido. La Sunt de los tiempos remotos, la Syene de los faraones ptolemaicos, siempre fue, en muchos sentidos, la última parada del mundo conocido, pero también, el punto de partida y llegada para muchas expediciones que se adentraban en África trayendo oro, plata, pieles y esclavos.

Los coptos la llamaron Suan, que significa comercio, y de aquí deriva el nombre actual.

El clima de acción, truque e intercambio, flota todavía en el ambiente cuando recorres su calle principal llena de bazares, tienduchas y puestos de agua y coca-cola.

La gente de Aswan, siempre más próxima al Sudán que al Bajo Egipto, aún recuerda la época en la que los sudaneses abastecían a este país de artículos muy preciados. Frutas tropicales, marfiles, piedras y minerales preciosos llegaban en profusión.

Es hora de regresar al barco y descansar sobre la cubierta.

El sonido de los muacines recordando que es la hora de la oración y las notas del "Concierto de Aranjuez" que suena tenuemente sobre la nave, nos recuerdan que se va acercando el momento del retiro y del descanso.


21 Mayo 2.000: Aswan – Kom Ombo – Edfú – Esná

La enorme luz que entra por el ojo de buey consigue hacer, por una vez, que yo despierte. Al abrir los ojos y dirigir la mirada al ventanal, descubro que la nave discurre entre palmerales salpicados por minúsculas casas rurales de adobe desperdigadas sobre la orilla del Nilo. Me siento como esos primeros aventureros que se adentraban en el corazón del África profunda. Me parece que mi barco se llama la "Reina de Africa" o que soy el protagonista de Mogambo...

Así que, mientras desayuno, el "African Queen" comienza a realizar las maniobras de atraque en Kom Ombo.

Desde cubierta se divisa perfectamente el Templo que se levanta majestuosamente a la derecha de la ciudad moderna. El templo, dedicado a los dioses Sobek y Hareoeris, está situado sobre una colina (kom en árabe) desde donde se contempla un gran meandro sobre el río. Aquí, antaño, se edificó la ciudad de Ombos de la que no quedan restos visibles salvo su templo. Éste fue eregido durante la época ptolemaica y conserva una pequeña capilla donde se adoraba y, todavía se puede admirar, a cocodrilos momificados.

Empleados nubios restauran con lentitud y esmero las pinturas perdidas con el paso del tiempo. Otros cincelan columnas y bloques de piedra con delicados golpes de martillo tal y como hacían sus ancestros hace más de 3.500 años. Fuera del templo y mirando sigilosamente al río, hay un enorme pozo que los faraones mandaron construir para medir las crecidas del río. Con el nilómetro no sólo controlaban las tres inundaciones, sino que también servía para, al terminar la época de cosecha, poder enviar a sus sirvientes a recaudar impuestos a los agricultores.

Todavía dentro del recinto, observo una estatua sedente de mármol blanco que, sin duda, pertenece al período de la invasión romana. Aunque no conserva su cabeza si su majestuosidad y los rigurosos cánones de belleza clásicos asumidos por la influencia griega en el arte romano.

Tras ella, cuatro o cinco sarcófagos de unos dos metros de longitud y escasa altura donde se enterraban los restos momificados de los enormes cocodrilos nilóticos que, aquí eran adorados como representación del dios Sobek. Junto a éstos, a la derecha, una pequeña capilla de piedra conserva aún los restos de dos cocodrilos perfectamente mantenidos después de dos mil años de momificación.

Me parece increible.

Sedientos partimos hacia Edfú. Son las diez y media de la mañana y el sol ya es castigador. Así que al barco, a la piscina y, tras el chapuzón, al bar de cubierta.

Wahet bira !!! – Una cervecita.

¿Stella? - ¿Stella?

Local, Sukram. – Stella local, gracias. (Es la más económica)

A mediodía y cuando Amon-Ra nos hace más insostenible esta deshidratada vida, arribamos a Edfú. Una fila de calesas nos aguarda para conducirnos por una amplia avenida llena de tiendas y viviendas desabigarradas hasta su templo.

Sin duda el templo de Edfú, aunque pequeño en tamaño, es el mejor conservado de todo Egipto. Pero, al igual que Kom Ombo, fue construido por los ptolomeos, la última dinastía faraónica que gobernó hasta la muerte de Cleopatra. El templo fue elevado en honor de Horus, el gran dios del cielo cuyo poder era encarnado en la tierra por el faraón en persona.

El templo de Edfú está construido en arenisca. La entrada estaba presidida por dos estatuas de basalto negro en forma de halcón que representan a Horus. Hoy, únicamente queda una. Su sala hipóstila (la sala de columnas) mantiene todas las vigas del techo !!! (Es la primera vez que veo una sala hipóstila completamente cubierta y conservada) pero sus pinturas desaparecieron gracias a la acción del humo de las hogueras realizadas por los coptos durante su ocupación en clandestinidad. Sin embargo el acabado de los bajorrelieves es perfecto y da cuenta de la espiritualidad de este pueblo cuando ya comenzaba su decadencia.

Junto al sancta-santorum un anciano nubio en cuclillas sostiene un plato plateado reflejando sobre el altar la escasa luz solar que del techo entra por un calculado orificio.

Propinita a Abdulhá, el árabe conductor de la calesa y al barco, que el calor es axfisiante, (debemos rondar sobre los 45 o 50 grados de temperatura...) y la botella de agua cuesta unas 850 pesetas (4'5 U$D = 5 Euros)

Así, mientras navegamos hacia Esná, la tripulación de la Radamis II comienza a desmontar la cubierta del barco. El techo del buffet, las sillas plegables y la antena que sostiene el radar desaparecen rápidamente ante la mirada atónita de Julio y mía.

En la lejanía vemos un gigantesco puente y decidimos dirigirnos a proa para grabar el suceso y vivir una nueva experiencia.

Un enorme puente que atraviesa el Nilo de orilla a orilla se va acercando y toda la tripulación se agacha en cubierta excepto uno que sostiene un fino y largo palo de madera.

El barco no disminuye su velocidad pero se me antoja que algo está pasando.

El puente de acero se acerca, más y más, amenazante. Parece que vamos a chocar contra él.

Nos protejemos bajo la varandilla del balcón de proa.

El barco pasa bajo el puente de milagro mientras zumban nuestros oidos por el aire y el tripulante mide la diferencia de altura con el palo.

¡¡¡Vaya forma de calcular la crecida del río!!! – exclamamos Julio y yo.

¿Y si llega a ir el río un metro más alto? – nos preguntamos mientras se ponían de pie los tripulantes que iban a volver a montar la cubierta.

Ahora si me explico porque los barcos del Nilo son cuadrados y tienen 15.000 toneladas como máximo. ¡¡¡Pueden ser más largos, más lujosos!!! ¡¡¡Pero no más altos!!!

¿Y el día que tengan que soltar agua en Aswan, qué hacemos?

Muchas preguntas se nos acumulaban a Julio, hijo de un marinero mercante y ex compañero de trabajo y a mí sobre la rústica, pero efectiva, seguridad de la navegación en estas aguas.

Atardece. La nave avanza en calma. El viento aparente hace más llevadero este clima extremo. El cielo se llena de tonos violáceos, añiles y amarillos cuando a estribor diviso el perfil de los minaretes que sobresalen en el horizonte. Hemos llegado a Esná.

Mientras el barco realiza la maniobra de aproximación, los cheikh llaman a la oración y la ciudad calla con ferviente respeto.

- ¡¡¡ ALLAaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaH !!!

Julio y un servidor estamos en proa viendo el atraque. De repente aparece un tripulante y desde el puente de mando lanza una especie de enorme clavo de un metro de altura contra el muelle rompiendo con estruendo la armonía de la tarde. Al minuto cae un enorme mazo. Y acto seguido un árabe comienza a clavar destrozando el adoquinado portuario.

Nos miramos con una sonrisa cómplice. Esná es uno de los principales puertos del Nilo. A medio kilómetro se encuentra la gran esclusa por lo que es parada obligatoria de tránsito y... ¡¡¡ No existen norays !!!

¡¡Maaleesh!!, ¡Qué desastre de país!!!

Así, riéndonos fue como terminamos de organizar lo que iba a ser el evento de la noche: La gran fiesta de disfraces.

Un faraón (Julian) de color rosa, una faraona (Leonor) coronada con un cesto de frutas, un médico (Julio) especialista en impotencia e inapetencia sexual y tres sensuales bailarinas (Natalia, Isabel y Raquel), tratarían de reanimar la delicada situación del faraón. Tras varios intentos desesperados aparece una bailarina (Tomás) travestida y el faraón despierta conquistando el Alto y el Bajo Imperio...y cautivando a un público de viudas y solteronas británicas entradas en la cincuentena que aplaudían como locas a la nueva y "sensiblona" reencarnación de Amon-Ra.

Así que, después de grabar el espectáculo (nunca mejor dicho) decidí tomarme un roncito de (4.000 ptas / 23 U$D / 24 Euros) con esos precios prohibitivos que sólo en Egipto saben poner mientras bailaba música árabe de estilo hip-hop. Así que a mover el esqueto y "livin' la vida loca".

Fuera, en cubierta, la diosa Nut nos envolvía en su manto de estrellas mientras en Esná cesaba la actividad de su corniche.

Ya es hora de dormir y mañana tenemos un duro día de visitas.


22 Mayo 2.000: Esná – Luxor – Karnak

Amanece. Son casi las seis de la mañana y los cuatro madrugadores que queremos ver el paso de la esclusa subimos a cubierta.

Soltamos amarras.

La Radamis se va despegando lentamente del muelle, no sin antes recuperar el "clavo" que hace las veces de noray. Lentamente avanzamos hacia la presa hasta quedar encajonados frente a una puerta hermética de acero.

A ambos lados del barco dos sayidis trincan y zafan amarras para que la nave se posicione correctamente sin golpear el casco contra los laterales de la esclusa.

De repente, la compuerta trasera se abre liberando los seis metros de altura del agua que supone el desnivel del río antes y después de la presa. El agua sobrante anega dos pozos laterales mientras las paredes suben ante nuestros atónitos ojos.

Una vez completada la operación se abre la cancela delantera dejándonos vía libre para continuar hacia Luxor. Es aquí cuando los sayidis largan cabos dejando en total libertad a la Radamis II.

Saliendo al cauce del Nilo la nave comienza a bambolearse por la corriente y las olas provocadas por la presa. Pero en unos minutos se estabiliza regresando al confort de navegación que el gran río nos tiene acostumbrados.

Los camareros nos preparan un desayuno de buffet en cubierta para compensar a los madrugadores. Esto es una delicia, un lujo.

Avanzamos hasta cruzar otro puente. Esta vez sin despejar la cubierta, aunque el empleado del palo volvió a medir la altura del cauce.

Los poblados de adobe, los cultivos de arroz, las pequeñas huertas se iban alternando con las dunas que, en ocasiones, llegan hasta el mismo cauce. Una paz únicamente rota por el sonido de algunas bombas de achique que llevan, a través de un sistema de tuberías y canales, agua a los regadíos del litoral ganados al desierto.

Comienzan a aparecer algunas industrias y, a medida que nos acercamos a Luxor, se nota que el agua ya no es tan pura como en Aswan.

Una nube negra nos cubre y comienza a chispear. ¡¡¡Lo que me faltaba: Que llueva en Egipto !!!

El chaparrón pasa pronto dejando una espesa pero agradable sensación de humedad que, sumada al viento aparente de la nave, nos hace más llevadera la travesía.

Tebas aparece en el horizonte, en la orilla derecha. Aunque nuestro puerto de atraque está cuatro kilómetros antes de llegar a la ciudad. Aquí se encuentra la base de la Mövenpick. Una compañía suiza famosa por sus complejos hoteleros en áreas tranquilas fuera de las ciudades y, casi siempre, compuestas por bungalows adosados con todas las comodidades que el saeh busca cuando viaja al tercer mundo. La Mövenpick es conocida en Europa, además de por sus negocios turísticos, como marca de alta calidad en el sector alimentario y, sobre todo, por sus exquisitos helados.

Atracamos en el muelle del Mövenpick Jollie Ville Hotel. Allí nos esperan tres taxis que nos van a conducir hasta el Templo de Karnak.

El primer encuentro con Luxor sorprende al viajero. Digamos que existen tres zonas muy diferencias entre sí:

La zona árabe: Con sus tradicionales construcciones, mercados y callejuelas, de imprescindible visita para saborear la vida en el moderno Egipto.

La zona turística: Con ostentosos hoteles, edificios de nueva construcción y algunos saeh con sombrero "Livingstone, supongo", pantalón corto modelo "Coronel Tapioca", botas de trekking "Panama Jack" y cámara de fotos "Polaroid" colgada al cuello, que bien merece la pena ser olvidada.

La zona monumental faraónica: Que, sin duda, es la mayor de las maravillas arqueológicas que existen hoy en el mundo para ser visitadas, estudiadas y excavadas.

Así que nos dirigimos por la avenida principal de la ciudad, que transcurre junto al cauce del río y, tras pasar el muelle donde atracan la mayoría de los 700 barcos que surcan el Nilo y dejando de lado al templo de Luxor, llegamos a la entrada del templo de Karnak.

Dos filas de esfinges con cabeza de carnero alineadas nos indican el camino hasta la entrada monumental.

Para los antiguos egipcios, los templos eran las verdaderas casas de los dioses. Karnak es el mayor y mejor ejemplo jamás construido por el hombre y manifiesta de forma clara el poder y la magnificiencia de los faraones egipcios de la XVIII dinastía.

El templo obedece a una planificación muy estricta. Todo él gira en torno a un gran eje longitudinal que supone la gran avenida de acceso, adornada con esfinges, obeliscos y estatuas colosales precediendo la puerta y los pilonos, generalmente, con algunos agujeros simétricos desde los cuales, en los días de celebración, pendían enormes estandartes. Y, casi siempre, adornados con enormes bajorrelieves o con estelas.

Una vez traspasado el umbral se accedía a la sala conocida como peristilo que, a modo de jardín rodeado de columnas, hace de recibidor de la procesión.

Desde aquí se accede a la sala hipóstila, una sala cubierta por techos policromados y repleta de hileras de columnas, bosques de columnas monolíticas perfectamente talladas que describen escenas del faraón, victorias en batallas y ofrendas que el gobernante ofrece a los dioses para garantizar la vida eterna una vez le llegara la muerte terrenal. Para hacerse una idea, si se puede hacer uno a la idea, la sala hipóstila de Karnak ocupa 5.356 metros cuadrados y conserva en perfecto estado 134 columnas de las que las doce centrales se elevan hasta una altura equivalente a un edificio de ocho plantas.

La sala hipóstila da paso a la sala de la Barca Sagrada, o pronaos. que portará al faraón a la otra vida.

Y, finalmente, el sancta-santorum, o naos, al que sólo tenían acceso el faraón (después de bañarse en el lago sagrado) y el sumo-sacerdote que mantenía el cuidado de ambos.

El templo de Karnak es el fruto de un trabajo ininterrumpido de más de 2.000 años que abarcan desde la XVIII dinastía hasta la invasión romana. (El templo de Karnak comenzó a construirse, aproximadamente, sobre el año 1.965 a.n.e.)

Ocupa una superficie cercana al cuarto de millón de metros cuadrados ya que cada nuevo faraón la iba ampliando dedicando un nuevo templo, una nueva sala o un nuevo obelisco para conseguir los beneficios de su dios protector.

Los dos templos más destacables de Karnak (si se me permite el atrevimiento) son el de Amon-Ra y el dedicado al dios Khonsu, el hijo de Amon y Nut.

Curiosamente Karnak está erigido entorno a dos grandes ejes debido a las sucesivas ampliaciones. El eje principal, de Este a Oeste (en dirección al Valle de los Reyes) contiene seis pilonos monumentales junto a multitud de estancias. Una de las más curiosas y conocidas es la Sala de Fiestas de Tutmosis III, conocida como Akh-Menu. (*) Ver mapa de Egipto.

En este área se encuentran los obeliscos de Hatshepsut, Tutmosis l y Tutmosis III.

En el otro eje, construido en dirección Sur - Norte (en dirección a Memphis, la antigua capital) tiene cuatro pilonos, aparte de salas y capillas de interés. Dos avenidas de esfinges o "dromos" lo conectan respectívamente con el templo de la diosa Nut, esposa de Amon y con el templo de Luxor.

Finalmente, llegamos al lago sagrado que, aunque ahora es artificial, en la antigüedad recibía las aguas a través un complejo sistema de canales desde la orilla del Río Nilo. Aquí el faraón se bañaba, se purificaba, desnudo todas las mañanas antes de entrar a rezar al sancta-santorum.

Según los datos aparecidos en un papiro afirmando que en los tiempos de Ramsés III llegaron a trabajar en él... ¡¡¡ 86.486 personas, que tenían a su cargo 433 jardines, 583 acres de terreno, 83 naves y 46 talleres !!!

La visita al templo se me ha hecho corta. Muy corta. Creo que bien merece por lo menos un día completo para ser descubierto mínimamente.

El exceso de calor acumulado en nuestros cuerpos hizo sentirse mal a más de uno en el grupo así que nos dividimos entre los que querían regresar al barco y los que querían hacer el saeh comprando joyitas. De verdad... o bien, te quedas disfrutando del templo, o te vas a descansar al barco. Pero ir a Luxor a comprar collares de plata sin ningún valor me parece demencial.

Así, medio enfadado, decidí regresar al barco para visitar las instalaciones del Hotel Mövenpick y presentarme a su director comercial. Ni que decir tiene que nadie me acompañó y el resto del grupo se metió directamente en la habitación a calmar su diarrea y a dormitar. ¡¡¡Son las once de la mañana!!!

Caminar por los jardines que rodean a este bello y tranquilo hotel se me antoja algo necesario, después del ritmo que llevamos de excursiones y calor. Así que bajo mi turbante, entre sauces y palmeras, aparecen señalizados un acuario con cocodrilos del Alto Nilo, un zoológico con avestruces, cervatillos, ibis, pelícanos y un parque infantil que hace las delicias de los más pequeños liberando, temporalmente, a sus padres mientras éstos toman un baño en la piscina.

El complejo está compuesto de 332 bungalows adosados con un pequeño jardín privado donde los clientes instalan sus hamacas y tienden los bañadores al sol. Las habitaciones son sencillas, pero bellas y limpias. Disponen de 1 dormitorio, salón con sillón-cama, TV color con satélite, mini-bar y un ventilador de techo que le confiere al bungalow un distinguido aire colonial. En el bloque central se encuentra la recepción, una tienda de souvenirs, cambio de moneda (aceptan pesetas !!!), teléfono público, pupitre de excursiones, un restaurante buffet, cafetería y pistas de tenis.

En el exterior y mirando siempre al Nilo, aparece una bella vista sobre el río que más bien parece que se trata de un Resort del Caribe y no un hotel fluvial de África del Norte. Una enorme terraza con césped, cervecería y barbacoa que sirve suculentos tentempiés recién asados (Perritos calientes, kebabs, pinchos morunos, brochetas de pollo y verduras... etc.) una piscina rodeada de hamacas, un escenario para actuaciones y un pequeño puerto deportivo donde se puede alquilar un paseo en faluca hasta Luxor, una moto de agua o practicar esquí náutico con una lancha rápida.

Así, mientras estudio la información que me ha entregado el hotel, paso las horas disfrutando bajo una sombrilla hecha de hojas de palma en la terraza Shehrazade .

Salam. Wahet bira, local. – Hola majete. ¿Una cervecita local?.

Sukram. – Gracias.

Mi sorpresa vino cuando pedí la cuenta. La misma cerveza, en un hotel de la misma cadena y categoría costaba la mitad que a bordo del barco. (10 libras egipcias = 550 pesetas = 3 U$D).

Esta queja la hice constar al Comandante de la Radamis II y me explicó que en materia de hostelería el gobierno fija unos precios mínimos y máximos para la venta de productos según la categoría del establecimiento. Las compañías que surcan el Nilo aplican el máximo, mientras que los hoteles aplican el mínimo. Y esta práctica es común en Egipto por los altos impuestos que pagan los barcos. Así que le sugerí que cuando volviera a hablar con el Señor Ministro de Turismo, le hiciera llegar mi pensamiento que, precisamente, ésto no fomenta en absoluto la llegada a su país de nuevos clientes que, justamente, es lo que buscan sus autoridades.

Comimos a bordo con un delicioso y distendido buffet. Los problemas estomacales se iban haciendo notorios en el grupo y más de un@ tuvo que tomarse el delicioso hummus: un caldo hecho a base de garbanzos triturados para aliviar sus molestias intestinales.

Llegó la hora de la siesta. Mientras la mayoría del grupo regresó a la cama, Isabel, Leonor y yo, nos dimos un paseo por el hotel donde hicimos algunas compras, cambiamos moneda y disfrutamos de esa terracita que tanto me había gustado.

Estando en el hotel recibí la inesperada visita de "Faraón", el guía que atendió a mi madre el pasado mes de Febrero, entregándome algunos obsequios para ella.

La amabilidad de los egipcios es abrumadora si los sabes comprender y queda muy lejos de esa visión de empujones y agobios que se lleva el turista cuando pasea por los mercados de El Cairo.

Te compran las mujeres, pero no te atosigan como los italianos. Regatean, pero sin malicia. Sonríen y son educados. Con un simple Inshi, Inshi !!!, seco, pero sin enfado, se apartan dejándote el camino libre respetando tu voluntad de no comerciar con él.

Con uno de ellos me reí un montón en el mercado de Aswan. Íbamos despistados paseando entre los bazares de noche, Natalia y yo, cuando se nos acerca un comerciante alto y delgado envuelto en una hermosa galabiya de tono azul, con sus manos llenas de escarabajos de la suerte y esculturas de basalto, seguramente falso:


Barato, barato, 30 libras todo. – Me dice.

No, no. No compro. – Contesté.

¡¡¡ Más barato que PRYCA !!! – Me responde desesperado.

No. ¡¡¡ Tú, Corte Inglés !!! – Le dije.

Me eché a reír y me interrumpe:

¿ Ella es tu mujer ? – Me dice señalando a Natalia mirándola de arriba abajo.

Sí. !!! – Le contesto afirmativamente, aunque no era cierto.

¿Cuántos camellos quieres por ella ?

No vendo. - Le digo.

Tengo Viagra para ti. – Responde.

Me río y le digo: No me hace falta Viagra.

Y con su sonrisa cómplice al ver ya que no había negocio posible conmigo, me suelta en perfecto español:

Amigo ¿Cuántos le echas al día? ¿Cinco? ¿Seis? – Refiriéndose al número de veces que hacíamos el amor.

Mi carcajada retumbó por todo el mercado, me dio la mano y se despidió: Adiós, amigo, vuelve mañana !!!

Ael Salamae, Allah ya tik !!! - Adiós, que Dios te bendiga !!! le dije mientras nos alejábamos entre la multitud.

Lo que nunca se debe hacer es entrar en el juego del regateo sin intención de comprar, ya que se les puede molestar. A Julio sin saberlo, y con el cachondeo que llevábamos, le entró un comerciante ofreciéndole una galabiya por treinta libras egipcias... A lo que Julio le contesta:

¿¿ Treinta ??, Te doy cinco y vas que chutas. – Le dijo probándosela.

El comerciante al ver la situación de risas del grupo, le despojó de la galabiya diciéndole enfadado:

¡¡¡Tú, no español !!!, ¡¡¡ Tú catalán !!!

Consideran el regateo como una parte más de su trabajo, no como un juego o un timo y eso les crispa.

Terminamos llorando de risa y seguimos caminando.

Ya, entrada la tarde nos dirigimos hacia el templo de Luxor. Cuando llegamos frente a sus pilonos ya era de noche y estaba completamente iluminado.

El templo de Luxor fue mandado construir por el faraón Amenofis III en honor a Amon. Posteriormente fue ampliado y enriquecido por otros faraones Tut-Ankh-Amon, Ramses II, Alejandro Magno y los ptolomeos. Sin ninguna duda, el momento del día que muestra su mayor majestuosidad es al iluminarse en el ocaso.

Ya sólo su entrada impone
.
Este conjunto sagrado fue liberado de las arenas allá por 1.883, antiguamente unido al Templo de Karnak por una avenida de esfinges de tres kilómetros de longitud y del que hoy sólo puede visitarse un corto tramo. Luxor era, en realidad, un palacio donde el dios era como un rey atendido sólo por los sacerdotes. A ambos lados de la entrada, dos enormes estatuas monolíticas de Ramses II sentadas en tronos custodiaban los dos obeliscos gemelos de 25 metros de altura. El obelisco que hoy no está en su lugar original fue regalado por el Pachá Muhammad Alí al Rey Luis Felipe de Francia para adornar la plaza parisina de La Concorde.

Extasiados ante tanta belleza, iluminados por los focos del Templo y sin la presencia demoledora de los rayos de Amon-Ra escuchamos a Rabie cómo nos explica que el templo, todavía, no se encuentra excavado en su totalidad, ya que en su interior se construyó una mezquita.

Las paredes nos revelan decenas de ceremonias sagradas con ofrendas presentadas por el faraón en persona. Otras ilustran con pericia los relieves que relatan la batalla de Qadesh hasta que nos encontramos con el coloso realizado en granito negro de Ramsés II. Su perfil recorta la noche mientras el grupo disfruta de las estelas realizadas por Nefertari, Amenofis III y Tut-Ankh-Amon. Personajes que hoy, aún, viven en las piedras, en el etéreo aire que aquí se respira y que siguen gobernando nuestros sentimientos más recónditos con la fuerza de aquella eternidad tan buscada.

No se quién, ni cómo, ni porqué. Pero escuchar la última Salat al-Magrib, la oración musulmana de la tarde, fue la señal definitiva antes de abandonar el templo.

Una vez más fuimos acosados por unos vendedores que a la salida de Luxor, camino de autobús, nos ofrecían falsas reproducciones de papiro. Diez papiros a mil pesetas... barato, barato.

Así que, correteando como si huyéramos de los "paparazzi", subimos al mini-van.

Rabie nos había preparado una sorpresa. Le dijo cuatro cosas en árabe al conductor y nos llevó a un bar con terraza en el centro de la ciudad.

El bar tenía de todo: Bazar con joyería en la planta baja y, en la planta superior, restaurante y cafetería con una terraza que daba a la calle. Cerveza con alcohol, películas X en la televisión y, por supuesto, shishas con narguile de melaza (el fuerte). Natalia y Raquel se pusieron ciegas a aspirar.

Toses, humo y muchas risas.

De mis amigos de Salamanca... ni os cuento. ¡Qué delicia de matrimonio! El Señor Marco es un pedazo de pan. Ella... un tesoro que ese pirata de secano raramente enseña.

Tras pagar la cuenta regresamos a la nave a descansar en lo que sería nuestra última noche a bordo.

¡Snif, snif! (Lagrimitas)


23 Mayo 2.000: Luxor – Valle de los Reyes – Deir el-Medina – Gizá


Tras el desayuno en el barco y subir los equipajes al autobús, tomamos rumbo Sur siguiendo el curso del Nilo por su orilla derecha hasta cruzar a la orilla izquierda. Tebas (Luxor) queda a la derecha. Es la vida terrenal. El Valle de los Reyes queda donde el sol se pone: La muerte.

Después de constatar los saqueos de las pirámides que se hicieron construir durante el Imperio Antiguo y tras trasladar la capital del imperio de Memphis a Tebas, los faraones decidieron buscar un lugar apartado y de difícil acceso.

Fue en esta orilla, a ocho kilómetros en línea recta de la nueva capital donde los arquitectos de los faraones encontraron un valle dominado por una montaña de 455 metros con forma piramidal llamada el-Qurn. Lo difícil de su orografía y la posibilidad de que sus guardianes velaran la única puerta de acceso a la ciudad de los muertos fueron definitivos argumentos para levantar allí la nueva necrópolis.

Los faraones tebanos, sistemáticamente, serían allí enterrados entre los años 1.539 (Ahmosis) hasta el año 1.078 a.n.e. (Ramses XI)

Entre plantaciones, palmerales y bananos llegamos a un cruce donde la carretera se bifurca. Ante nosotros aparecen dos enormes estatuas sedentes de piedra.

Los Colosos de Memnom cuyos rostros reflejan la efigie del faraón Amenofis III que gobernó Egipto entre los años 1.390 y 1.353 a.n.e durante la XVIII dinastía, son lo único que ha logrado sobrevivir al gran templo que él ordenó construir en el cruce que separa el Valle de los Reyes y el de las Reinas. Un terrible terremoto acabó con la totalidad del templo, pero no con las grandiosas esculturas. Los habitantes de la cercana Deir el-Medina cuentan una curiosa leyenda donde dicen que "en las noches de ventisca, todavía hoy, se puede escuchar la voz del faraón..." y cierto es. El aire al pasar entre las fisuras de los bloques de piedra monumentales produce un curioso silbido que recuerda a una voz ronca y firme.

Los Colosos son dos estatuas gemelas de 16'6 metros de altura, con una base de 2'3 metros. Ambos están construidos en cuarcita y miran al Este, hacia Tebas.

Tras la típica foto de los Colosos, continuamos hacia la entrada al Valle de los Reyes.

Cualquier cosa me hubiera imaginado como entrada de este monumental campo arqueológico, excepto lo que vi. Lo mágico, lo incógnito, lo faraónico del lugar que me esperaba se desvaneció ante mí, en un abrir y cerrar de ojos, cuando me encontré frente a la puerta de acceso al recinto. La típica turistada con restaurante, tiendas de refrescos, cuarto de baño y trenecito incluido que te subía hasta la taquilla donde se abonan las entradas, medio kilómetro más arriba.

A partir de aquí, todo vuelve a la normalidad o, mejor dicho, a lo esperado. De las más de 60 tumbas excavadas en el Valle de los Reyes, sólo permanecen abiertas al visitante diez, que siguen un sistema de rotación para garantizar su descanso y evitar el desgaste gradual que producen las visitas. De entre estas diez tumbas hay que elegir tres que son las que da derecho de visita el ticket de acceso. Con este pase, además, no se puede visitar la Tumba de Tut-Ankh-Amon, ya que ésta se paga aparte, es pequeña, está desmantelada (todo lo que había en su interior está en el Museo Egipcio de El Cairo) y, para colmo, por famosa, es más cara su entrada que el pase de tres tumbas.

El Valle sigue manteniendo ese misterioso halo que envuelve a todo lo sobrenatural. Protegido, defendido o, quizás, vigilado por la pirámide perfecta que forma el Pico el-Qurn que permitió al hombre antiguo horadar en sus entrañas para acoger a los restos de estos faraones en su tránsito a la vida eterna.

Las tres tumbas que se pueden visitar deben ser escogidas con mucho cuidado, sabiendo siempre qué es lo que se busca ver en ellas. Rabie eligió por nosotros y nos condujo caminando hasta la entrada de la primera de ellas: La tumba de Ramses III (1.187-1.156 a.n.e., KV11, XX dinastía), según él, la que mejor conserva sus pinturas originales.

Esquivando grupos de turistas, accedimos al interior de la tumba. Sus paredes se encuentran protegidas por vidrios e iluminadas por un sistema eléctrico casero de cables y bombillas al aire, colgando de los techos y expuesto a las continuas subidas y bajadas de tensión que, a veces, nos dejan completamente a oscuras. Las rampas de madera crujen bajo nuestros pies mientras descendemos, fascinados, hacia la cámara del sarcófago. La explosión cromática de las paredes, repletas de escenas, dibujos y jeroglíficos me dejan con la boca abierta, mientras me maldigo por no haber pagado la tasa que permite sacar fotografías en el interior de las tumbas.

A mi izquierda, el tribunal divino pesa el corazón del faraón en una balanza. Es el juicio final que concluye frente a Osiris, tras recorrer el difunto una "escalera al cielo" recitando mentalmente: "No he negado alimento a quien tenía hambre. No he negado sepultura a nadie. No he pecado contra el Nilo"... Si los platos de la balanza se mantienen en perfecto equilibrio, el faraón alcanzará la vida eterna y su Ka, volverá al cuerpo momificado o, en su defecto, a una de los cientos de estatuas que reproducen su figura y protegen el sepulcro del faraón, realizadas para garantizar su vuelta a la vida en caso de ser expoliada la tumba.

En el techo, un inmenso y colorido pájaro abraza el mundo. Nut, la diosa de la noche extiende sus alas sobre nosotros dando paso a los textos de El Libro de los Muertos. Finalmente, la cámara del sarcófago, una sala que sugiere el recogimiento, el respeto y el silencio que merece la presencia del faraón.

Regresando hacia la entrada se va la luz. La oscuridad es completa y los visitantes se detienen en las rampas de acceso. La quietud me hace pensar sobre cómo pudieron los artesanos tallar y pintar todos estos textos sagrados en las entrañas de la tierra. Rabie me hizo un gesto y me recordó cómo nos iluminó, con su plato pulido reflejando los rayos del sol sobre el Sancta Sanctorum, aquel nubio que vimos en el Templo de Esná.

Ya en el exterior, continuamos hasta una bifurcación en el camino de tierra. Tomamos la desviación de la derecha hasta llegar a la Tumba de Siptah (1.198 – 1.193 a.n.e., KV47, XIX dinastía).

Frente a la entrada, Rabie nos explica el porqué ha elegido esta tumba: "El faraón Siptah sólo gobernó durante cinco años. Su muerte fue prematura, por lo que no dio tiempo a completar los trabajos en su tumba. El trabajo está inacabado lo que permite observar el proceso de tallado, estucado, cincelado y pintado paso a paso. Por esto es fundamental la visita de este lugar, porque así podremos comprender mejor la magnitud de las obras terminadas".

Isis nos recibe en la entrada, con el loto y el papiro, junto a Ra-Horakhti. La antecámara está labrada sobre la roca con utensilios cortantes de metal y martillos de madera que muestra las distintas fases de elaboración. Los trabajadores se agrupaban en dos grupos de entre 30 y 60 maestros artesanos cada uno, además de los capataces: Los canteros primero hacían el túnel y se retiraba el escombro. Luego se alisaban las paredes y se pulían con estuco, una especie de yeso. Mientras éstos avanzaban hacia el interior, los dibujantes trazaban las siluetas de los jeroglíficos y los textos del Libro de los Muertos. Detrás, los escultores iban horadando el estuco dando relieve a los dibujos. Finalmente, los pintores, llenaban de cromatismo y luz las paredes desnudas de la tumba.

Al fondo se abre la cámara mortuoria con el sarcófago de granito rosa que acoge los restos del faraón en forma de cartucho. Las paredes de la cámara están sin pulir, desnudas de dibujos, ya que no dio tiempo a finalizarla. Había demasiada prisa para enterrar al faraón.

De regreso al exterior, nuestros ojos acostumbrados a la oscuridad, se cegaron por la presencia de un rabioso Ra, que nos castigaba con sus luminosos rayos. El calor ya comenzaba a pasarnos factura, así que me puse el turbante que días atrás compré en un mercado callejero.

Proseguimos hasta la base de el-Qurn para visitar la tercera tumba. La Tumba de Seti II (1.204 – 1.198 a.n.e., KV15, XIX dinastía), sin duda, la más espectacular y mejor conservada de las tres. Su forma laberíntica y las antecámaras situadas a distintos niveles la hicieron inexpugnable durante siglos, por lo que permaneció oculta e intacta a los continuos saqueos de los ladrones de tumbas. Únicamente faltaba la momia del faraón que, seguramente, fue rescatada por la clase sacerdotal y escondida en una tumba junto con otras momias cuando comenzaron las primeras expoliaciones.

De regreso a la entrada del Valle, no me pude resistir a hacerme una foto en la entrada de la tumba de Tut-Ankh-Amón (1.333 – 1.323 a.n.e., KV62, XVIII dinastía) mientras mis pensamientos se hallaban junto a Howard Carter y la emoción que debió sentir al abrir aquel fascinante sarcófago tras años de penosos trabajos, luchas con los gobiernos inglés, francés y egipcio por la financiación y la pérdida, posterior, de amigos y mecenas que le apoyaron ciegamente en su empresa. Las imágenes en blanco y negro de aquel reportaje de vídeo de la BBC y la Sociedad Geográfica Británica sobre las excavaciones se agolpaban, sucesivamente, en mi mente.

Una vez fuera del recinto, nos dirigimos hacia el Valle de las Reinas para visitar el Templo de Hatshepsut (1.479 – 1.458 a.n.e.) en Deir el-Bahari, donde se encuentra la tumba de la reina-faraón, identificada como la KV20, y que perteneció a la XVIII dinastía.

Construida sobre un enorme anfiteatro natural, el Templo mandado erigir por la única mujer que gobernó Egipto como faraón, se vió envuelto en la rabia de Tutmosis III, su hijo, que lo mandó destruir por considerar que su madre le había usurpado el trono. Los adornos bajo los pórticos fueron borrados, las figuras martilleadas por los coptos, los nombres de la reina arrancados de sus cartuchos. El Templo está perfectamente enfilado hacia Tebas, situada a siete kilómetros en línea recta y se puede observar, desde una de las terrazas, el obelisco que la misma faraona mandó alzar en Karnak.

Dejamos atrás la aridez de los valles regios, para internarnos en un lujurioso palmeral que delataba la cercanía del Nilo. Tras cruzarlo y atravesar la corniche, comimos en el puerto de Luxor, antes de tomar el vuelo a El Cairo.

Tomamos tierra en al-Qahira, la victoriosa, la resplandeciente, la ciudad fundada por los fatimíes en su expansión desde Ifriquiya (Tunicia) hacia el Oriente. Esta vez, en lugar de alojarnos en el centro de El Cairo, nos trasladamos a Gizá, una pequeña población establecida junto al desierto líbico que, tras la expansión capitalina, se ha convertido en una barriada más distinguida por los faraones del Imperio Antiguo con la construcción de las pirámides, Gizá recibe ahora a los viajeros que la visitan con un aire desenfadado y menos agobiante que el que se respira en el centro de la ciudad.

Nuestro hotel, el Sofitel Le Sphynx es como un oasis de paz y agua. Desde la cristalera del bar, escuchando canciones acústicas de Eric Clapton, observo la apacible piscina y la silueta de las tres pirámides reflejadas en la cristalera. Me tomé un largo tiempo de meditación y relax antes de unirme al grupo, saboreando una cerveza espumosa y fresca y tratando de grabar con todo detalle cualquier estímulo, sensación, olor o sonido que mi cerebro pudiera almacenar para mayor gloria de mis futuros recuerdos.

Cansado de tanto sol y con mis prominentes fosas nasales atascadas de desértica arena me concedo el placer de una ducha y vestir elegante antes de cenar en aquel Hotel-Palacio que construyeron los Reyes egipcios a principios del Siglo XX para recibir a la realeza. En el Mena House Oberoi reviví la magia de aquellas románticas noches palatinas, elegantes, exclusivas, que sólo se podían dar junto a pachás, rajas hindúes y embajadores llegados de todo el orbe. Me imaginaba los vestidos, los tocados, los turbantes, los pasillos del hotel envueltos en un ir y venir de los sirvientes que atendían a los invitados, mientras los acordes de violín y el resplandor de los cristales de murano de las lámparas que caen de las cúpulas y los techos artesonados, crean un ambiente acogedor y refinado.

Amablemente, el director comercial nos enseña las habitaciones: "Aquí durmió Churchill, aquí Hemingway. En ésta, los reyes de Noruega. Acércate, mira esta habitación... fue creada para el Sultán de Omán. Su despacho, el recibidor, la habitación de servicio y la habitación matrimonial. Sal a la terraza y contempla...".

Y, contemplé. Miré fijamente la silueta de las pirámides. La noche era cerrada y sólo permanecían iluminadas, tras el palmeral, las aristas de las mismas. De repente, un rasgado grito en la lejanía rompió el silencio nocturno. El espectáculo de luz de las pirámides daba comienzo y sus paredes cambiaban de color según los dictados de la música. Khefrén, Kheops y Micerinos se iluminaban, desaparecían con una graciosa sencillez que convertía cada instante en un espectáculo por sí sólo.

Tras una deliciosa cena acompañado por Isabel y Leonor y una última y relajante copa en el Sofitel, me dejé llevar, una vez más, por los dictámenes de Nut.


24 Mayo 2.000: Gizá – Menfis – Saqqara – Gizá

Poco después del amanecer, desayunamos en el buffet del hotel a toda prisa para evitar, en la medida de lo posible, las horas de calor y comenzar nuestra visita a la cercana Menfis, que no Memphis - la de Elvis-.

Menfis fue la capital del Imperio Antiguo (2.650 – 2.190 a.n.e.) y, según la leyenda, fue fundada por el Rey Menes, el primer faraón conocido hasta ahora y primer unificador del Alto y Bajo Egipto. Al igual que en Tebas, si Menfis era la capital del Imperio y la residencia del faraón a un lado del Nilo, Gizá era la necrópolis donde eran enterrados los difuntos en la otra orilla, como sucede en el Valle de los Reyes.

De la ciudad propiamente dicha no queda ningún resto debido a la fragilidad de los elementos de construcción de las viviendas. Como contrapunto, los edificios mortuorios de Gizá permanecen casi intactos tras el paso de los siglos. Memphis vivió diferentes períodos de esplendor y abandono consecutivos pero debido a su indudable posición privilegiada geográficamente mantuvo su status de capital religiosa del país hasta los ptolomeos. Durante el Primer Periodo Intermedio se sumió en el abandono en favor de Tebas, hasta que Ramsés II decidió devolver aquel esplendor que en su pasado tuvo. Ramsés consideraba a sus antepasados como dioses y fue por esto que, si ellos decidieron establecer allí su capital y sus templos funerarios, deberían ser respetados y venerados en aquel lugar por las generaciones venideras. De esta forma Menfis obtuvo el favor del faraón y de la población hasta que fue destruida en tiempos de los mamelucos.

Los pocos vestigios que hoy sobreviven al paso del tiempo se encuentran en el interior del Museo de Menfis, entre los que destaca la estatua colosal de Ramsés II de unos 13 metros de longitud (el coloso perdió sus piernas, por lo que mide en la actualidad 10 metros, 30 centímetros), tallado en un único bloque pétreo de sílice blanca y de grano fino. Aparte de sus espectaculares dimensiones, sorprende el extraordinario realismo de la escultura, realizada con un extremo cuidado en la reproducción de los rasgos anatómicos: venas, arterias, tendones, músculos que contrastan con el relajamiento y la sonrisa del faraón. Esta imagen de faraón benévolo y benéfico sorprende a los investigadores, acostumbrados hasta ahora, al faraón rígido, dictatorial que basaba el respeto en el miedo, en el poder, en la seriedad hierática de sus facciones. Su hombro derecho, la hebilla del cinto y su pecho aparecen adornados con cartuchos que contienen el nombre del faraón. El hombro izquierdo, sin embargo, está deteriorado por la humedad, ya que el coloso se mantuvo sobre él durante siglos, apoyado en la tierra, cuando perdió sus piernas y cayó lateralmente. Su cabeza está decorada con el khepresh con el que advertía, por si alguien tenía alguna duda, que él era el Rey del Alto y Bajo Egipto: "El Faraón Unificador".

En el exterior, al aire libre, en un jardín lleno de estatuas de menor importancia, se puede ver la conocida como Esfinge de Alabastro que con sus cuatro metros y veinticinco centímetros de altura y sus ocho metros de largo formaba parte de la entrada del cercano Templo de Ptah construido, probablemente, en la época de Amenofis II.

Atravesamos el Nilo para cambiar de orilla y dirigirnos a la necrópolis de Saqqara.

Según se llega por la pista de arena, en medio de un inmenso mar de dunas, la pirámide escalonada de Saqqara se alza hacia el cielo recordándonos que ella fue la primera pirámide levantada en la historia por un faraón.

Tras entrar al recinto arqueológico, llegamos a una monumental puerta flanqueada por los guardianes envueltos en túnicas de mil colores y nubios, que extienden la mano por si cae alguna libra del bolsillo de los visitantes. La puerta, llamada la "fachada del palacio" es la única que se mantiene de las catorce que había originalmente y da acceso a un laberinto de paredes lisas y columnas que dan paso a un patio central.

Fue aquí donde Zozer, faraón de la III Dinastía, mandó a su arquitecto levantar una monumental mastaba construida sobre un pozo de 28 metros de profundidad. Una vez realizada y no contento con esto, Imhotep, el arquitecto, decidió sobreponer seis mastabas de mayor a menor tamaño para acoger a la familia del soberano y sus altos dignatarios, creando así una especie de escalera hacia el cielo que llegó a alcanzar los 58 metros de altura.

De esta revolucionaria concepción de la construcción de tumbas quedan testimonios en los "Textos de las Pirámides" encontrados en la cercana pirámide de Unas, que fueron esculpidos durante la V Dinastía.

Imhotep alcanzó en vida todas las consideraciones del faraón. Fue nombrado visir, arquitecto, médico real e incluso, siglos después, los ptolomeos lo incorporaron a la mitología griega con el nombre de Asclepios, dios de la medicina.

El recinto se encuentra rodeado de pirámides menores y muy deterioradas como las de Abu Sir y Dahshur, además de cientos de mastabas que abarcan diferentes épocas e, incluso, enterramientos persas.

Rabie nos concedió un poco de tiempo libre para pasear por el recinto y tener una toma de contacto con los monumentos. Ante la pregunta de si podíamos dar un paseo en camello, nos dijo que no. Para eso era mejor utilizar la mañana siguiente en Gizá, que la tendríamos libre antes de coger el vuelo de regreso. Así que nos dispersamos caminando entre las mastabas.

Una vez ya en el autobús Rabie, el guía, hizo el pertinente recuento de pasajeros. Pero esta vez faltaban dos. Uno de ellos era Julio. Me acerqué al guía y le digo en broma:

Rabie, conociendo a Julio, éste es capaz de haberse alquilado un camello...

Ja, ja !!! – Se echó a reír incrédulo mientras descendíamos del autobús.

En esto se acercó a un nubio y le preguntó en árabe si había visto a los dos jawayas que nos faltaban. El nubio levantó el brazo y señaló en lo alto de la colina junto a la pirámide a un hombre que alquilaba los susodichos cuadrúpedos jorobados.

La mirada que Rabie me clavó fue lo suficientemente expresiva como para hacer que me doblara de risa sobre la arena del desierto.

Rabie salió corriendo montaña arriba para preguntarle cuanto tiempo duraba el paseo y a qué hora habían alquilado el camello. Desesperado miraba su reloj despotricando en árabe a los cuatro vientos, pero siempre en dirección a La Meca.

Pasaron cinco minutos y el árabe empezó a señalar y saltar:

¡¡¡Ahí vienen!!! ¡¡¡Ahí vienen!!!

Ver a Julio sobre el camello no alentó más que una nueva carcajada.

Con ese inconfundible cuerpo con turbante a lo Lawrence de Arabia, viéndole dar botes sobre la joroba como Cantinflas cuando galopa y al pobre camello agitando su largo cuello en todas direcciones, provocó la risotada del mismísimo y enfadado Rabie.

¡¡¡ Va cabalgando como BonanzaaaaAAA !!! – Canturreé.

Julio desoyó su consejo pero lo más gracioso es que el paseo duraba la mitad de tiempo de lo que habían tardado. El guía que les acompañaba se plantó en medio del desierto saharaui exigiendo más dinero o les dejaba allí mismo tirados !!!

No me quiero imaginar la escena.

Desde Saqqara regresamos a Gizá con una pequeña parada en el Museo del Papiro.

El Museo está situado en un local comercial en plena calle donde tras ofrecernos un delicioso té verde, nos enseñan el proceso de manufacturación de los papiros que utilizaban ya desde la época faraónica y que ha permanecido invariable.

El papiro es una planta verde de unos tres centímetros de espesor que crece en la ribera del Nilo. A modo de largo puerro verde se corta en trozos del tamaño de la hoja que se quiera realizar. Luego se secciona transversalmente sacando 4 o 5 tiras de cada tallo. Cada tira se exprime para que pierda el abundante agua que contiene. Posteriormente, se deja reposar en agua dulce para que pierda el azúcar y se coloca a modo de trenzado entre hojas de papel secante prensadas durante una semana hasta quedar totalmente deshidratada y con la consistencia del papiro que todos conocemos por los cuadros.

Una vez terminado el proceso se pinta con acuarela y... listo para enmarcar.

La mayoría de los papiros que nos ofrecen en los bazares son de plátano y con el tiempo se despega y resquebraja.

Un papiro pintado verdadero del tamaño de un foleo viene a costar entre 3.500 y 10.000 pesetas. Llegando a las 85.000 pesetas una preciosa joya de 2 por 1 metros que sirve como cabecero de cualquier cama de matrimonio.

Comenzaba ya a tener hambre. Así que pusimos rumbo a un restaurante que está en la avenida de las pirámides para saciar nuestro apetito y la enorme sed.

Desde aquí, directamente, nos fuimos a las pirámides.

La magnitud de esta obra la convierte en indescriptible. Todo el mundo las conoce por fotos o las ha visto en televisión, en el cine, pero es imposible relatar la sensación que se experimenta cuando uno se apea del autobús, se acerca a la base, toca la primera piedra y mira hacia arriba, hacia la cúspide de la pirámide de Kheops.

La vista no alcanza. La cámara de fotos no cuadra. Es imposible hacer una foto a la pirámide completa a menos de cien metros de distancia, se use el objetivo que se use.

Todo un mundo religioso, de esoterismo, de misterio, de lo sobrenatural, de esfuerzo humano está ahí, delante mío. El gran sueño de la inmortalidad que llevó a los faraones del Imperio Antiguo a construir estas moles de piedra se ha visto realizado.

Ante nosotros la única de las siete maravillas del mundo que, aún hoy, queda en pie desafiando 46 siglos de historia.

Los egipcios antiguos denominaron a la necrópolis más septentrional de Memphis como Kher Neter (necrópolis) o Imentet (el occidente). En este área se encuentran, además de las tres pirámides y la esfinge, las pirámides de las reinas, las tumbas de los altos dignatarios de la IV Dinastía y el escenario moderno y artificial donde se representa todos los años la ópera Aida.

Todo el sitio arqueológico se puede visitar a pie, en coche o sobre los lomos de un camello, preveyendo el tiempo que hay que tomarse para disfrutar de los matices del color, las sombras de las dunas y las caravanas de camellos que parecen flotar sobre las arenas del desierto como si de un espejismo se tratara.

Nuestro autobús se detuvo en un aparcamiento que hay junto a la pirámide de Kheops donde una hilera de microbuses, taxis y autobuses de lujo esperan, con los motores arrancados, el regreso de la corte de turistas que visitan las pirámides. El ruido es ensordecedor, desagradable. No entiendo como el gobierno egipcio se permite tener así de descuidado - desconsiderado hacia los monumentos, sus moradores y visitantes - este lugar, supuestamente, mágico y bello. Pero tras ver que la carretera de acceso a la altura - desde donde se contempla el conjunto faraónico con la ciudad de Gizá al fondo - pasa entre las pirámides de Khefrén y Micerinos, rompiendo salvajemente el desierto con una línea asfaltada transitada por decenas de vehículos que te impiden, siquiera, hacer una fotografía de las tres pirámides juntas sin que aparezcan en medio. Me siento desesperar por el mal gusto y el descuido que demuestran los gobernantes.

Tratando de hacer caso omiso a la humareda y el ruido, me dirijo a la base de la pirámide de Kheops. Me maravilla su grandeza. Me siento minúsculo a su lado. Para levantar sus 138'75 metros de altura (Originalmente, medía 146'6 metros) y sus 230'37 metros de ancho en la base, hicieron falta 2.300.000 bloques de piedra caliza de 2 toneladas y media cada uno. Me alejaba y me alejaba y la pirámide de Kheops seguía sin caberme dentro del objetivo de la cámara. Desesperado me dirigí hacia la Necrópolis Occidental para ver si por fin podía tomar alguna fotografía que no fuera un detalle de la misma pero, de repente, surgió entre la arena la pirámide de Khefrén, mi favorita, entre otras cosas porque aún conserva intacto parte del revestimiento calizo del piramidón.

Sin duda, lo que más me sorprendió al tener la pirámide de Kheops al alcance de la mano, fue el encuentro con la realidad geométrica de sus caras ya que, vistas desde lo lejos, su perfil sigue pareciendo liso, rectilíneo. Sin embargo, a escasos metros, cuando realmente ves que se ha perdido el revestimiento exterior calizo e innumerables piedras monolíticas, bien parece la hoja de un serrucho enseñando sus dientes.

Alzando la vista hasta la mitad de la cara norte de la pirámide, se encuentra la abertura originaria por donde pasó el cortejo fúnebre del faraón. No fue hasta Marzo del año 1.818 cuando Giovani Battista Belzoni, consiguió penetrar en el interior de la pirámide dejando constancia, en un grabado con su nombre, de la gesta de la expedición. Poco después Caviglia, otro italiano, llegó hasta la Cámara de la Reina y en los años sucesivos arqueólogos, historiadores y egiptólogos llegaron aquí para estudiar las entrañas de la pirámide con la siguiente conclusión/decepción: La pirámide ya había sido saqueada mucho antes, incluso, del final del Imperio Nuevo. Se cree que se desvalijó y fue desprovista de sus mejores joyas y tesoros inmediatamente después de su muerte ya que, Kheops, fue un faraón déspota y despiadado que levantó muchos odios entre sus súbditos por su extrema crueldad. De hecho, únicamente existe una pequeña escultura del faraón de unos ocho centímetros de altura que se encuentra en el Museo Egipcio de El Cairo. Como muestra de su extremada crueldad persiste una leyenda desde tiempos inmemoriales que dice que el faraón obligaba a sus hijas a prostituirse para poder financiar las obras de construcción de la pirámide y, una de ellas, cobraba sus favores en monolitos de piedra con los que se construyó su propia pirámide como represalia.

Como un imán me atrae la presencia de Khefrén en la llanura. La que para todo el mundo es la "segunda", para mí tiene un valor sentimental muy especial. En primer lugar, estético, no sólo por conservar el picacho con su recubrimiento, sino por mantener unas formas y armonías perfectas. En segundo lugar, Khefrén era el hijo de Kheops, por lo que no debía realizar una obra más grande junto a la de su amado padre. Khefrén decidió construir sobre una elevación en el terreno, una pirámide de menor altura (143'5 metros de altura y 215'25 metros de anchura en la base), sin embargo, el ángulo de sus aristas es de mayor abertura gradual, creando así la sensación de estar elevada por encima de la pirámide de Kheops. Además el faraón, realizó un completo conjunto funerario desde el valle donde, en las crecidas, permitía al Nilo llegar hasta, prácticamente la base de la pirámide. A través del Nilo venían las colosales piedras traídas en barco desde las canteras de la lejana Tebas y, desde el Nilo, se accedía al Templo del Valle (ahora excavándose), donde el faraón celebraba fiestas y ceremonias y, posteriormente, acogería su cuerpo hasta la sepultura final. Desde el Templo surgía una rampa por donde pasaba el cortejo fúnebre hasta el Templo Funerario donde la momia era preparada (el complejo proceso de momificación llevaba casi un mes de trabajos). Junto a éste, las pirámides de las reinas y, tras éstas, la pirámide del faraón. Khefrén, además, mandó construir la esfinge. Una estatua de cuerpo animal y rostro humano que protegería las tumbas de su padre y la suya propia, custodiándolas hasta la eternidad.

La tercera pirámide, la de Micerinos, hijo de Khefrén, parece la hermana menor de las otras dos con unas reducidas dimensiones (66 metros de altura por 103 metros de ancho).

Desde el punto panorámico se divisan las tres pirámides alzándose sobre la ciudad reclamando su perpetuidad como obra maestra de la ingeniería humana y, tras nosotros, el imperturbable desierto permite divisar la silueta de alguna de las pirámides de Saqqara. Un sentimiento secreto que te invade, como le ocurrió a Napoleón, de porqué esta civilización antigua llevó hasta tal extremo su respeto hacia los muertos y la convicción de una nueva vida futura, de una reencarnación en el más allá. (El Emperador francés llegó a dormir una noche en la cámara sepulcral de Kheops y, nadie sabe qué pasó. Si se sabe que salió visiblemente trastornado y marcado de por vida por esta experiencia).

Volvimos a nuestro punto de inicio de la visita para que el autobús nos llevara hasta la base de la Esfinge de Khefrén.

La Esfinge fue construida en el Desierto de Gizá hace unos cuatro mil quinientos años, sin saber, aún hoy, el porqué fue construida. Fue esculpida sobre cuatro tipos de roca caliza con el cuerpo de un león en posición de defensa y el rostro del faraón Khefrén. La arena del desierto llegó a cubrirla, casi totalmente, protegiéndola de la erosión eólica y otros agentes externos, salvo la imagen del faraón que quedó expuesta. Faraones como Tutmosis IV se empeñaron en desenterrarla (Tutmosis adosó una estela conmemorativa del desenterramiento a las patas delanteras), los romanos y los franceses en restaurarla y los turcos, en practicar con ella el ejercicio del tiro de cañón con las visibles consecuencias sobre su nariz y su barba postiza ritual. En 1.925, Bazaize, que estaba realizando unas obras de consolidación de la cabeza, descubrió el Templo de la Esfinge que, aún hoy, se sigue excavando y que constituye una verdadera obra maestra en sí mismo.

Tras la foto en una de las patas delanteras de la esfinge regresamos al hotel, pero decidí volver a verla al día siguiente con más calma y con menos japoneses a mi alrededor.

Comenzaron a caer los últimos rayos de sol reflejando sobre la cristalera de la piscina de mi hotel la silueta de las tres pirámides. El baño devolvió la vida a mi ya curtida piel deshidratada.

Caía la noche sobre El Cairo y nos decidimos a ir a cenar al Hotel Hilton Ramsés, famoso por su animación nocturna y sus espectáculos. El Hilton es un hotel situado en el centro de la ciudad, perfectamente dotado para los hombres de negocios con todos los servicios imaginables. Las habitaciones tienen desde mini-bar hasta modem con conexión a internet. Sus amplias zonas comunes abarcan desde típicos pubs ingleses donde tomarse una pinta de cerveza negra, spaten o ale, hasta un restaurante japonés, pasando por la comida internacional, un buffet y un cómodo restaurante árabe amenizado con una banda bereber que no paraba de darle frenéticamente a los tambores.
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Tras la cena, comenzó un agradable espectáculo de un tal Hassan y su cuerpo de bailarinas que nos sorprendieron con historias de amor y danzas sufíes. Finalmente regresamos a nuestro hotel y decidimos tomarnos una copita de despedida en aquel salón que tanto me gustó a mi llegada. La sucesión de chistes, risas y comentarios no dejó de sucederse, quizás, para esconder la inminente realidad de nuestro regreso a España. Poco más, sólo que pasó la noche.


25 Mayo 2.000: Gizá – Cairo – Barcelona

Nuestro último día en Egipto amaneció como todos los demás, con la salvedad que teníamos la mañana libre para recorrer esta barriada. Así que, tras el desayuno decidí volver a la Esfinge, andando, callejeando y buscando ese sabor que tiene el auténtico Egipto árabe y que, rara vez nos permiten descubrir los viajes organizados.

Recorrí la Avenida de las Esfinges, extensa avenida salpicada por comercios y, dicen, las mejores joyerías de la ciudad, hasta llegar a la entrada de la Esfinge de Khefrén.

Estupefacto me quedé frente a ella, perfectamente alineada en el centro de la Pirámide de Khefrén. A mi lado, un coche oficial del Cuerpo Diplomático con la bandera nacional de Cuba permanecía aparcado con un chófer, sin duda, esperando a alguna dignidad de nuestro país hermano que se hallaría visitando el recinto. Así que decidimos esperar un poco a ver si aparecía Fidel Castro o alguien similar que hablara nuestro idioma. Cuando apareció el embajador de Cuba y dos miembros del Consulado en El Cairo, no pudimos más que saludarles. Su gesto fue de inmenso agradecimiento. Su cariño hacia el pueblo español no se hizo esperar. Son conscientes que España se pasa el bloqueo americano por el "Arco del triunfo", que Cuba es nuestra "niña de mis ojos" y que, pase lo que pase, el sentimiento de cariño, amistad y hermandad está y estará siempre ahí.

Finalmente, terminamos la amable conversación que se saltaba cualquier protocolo establecido con frases como "Hasta la victoria siempre", mientras el coche oficial de nuestros amigos se perdía entre las calles de Gizá.

El calor se hacía insoportable y la mayoría del grupo que nos había acompañado durante el viaje, permanecía en el hotel, seguramente muy cerca del cuarto de baño, sufriendo con su diarrea y alguna insolación.

Decididos a hacer la maleta, comer en la pizzería y darnos el último baño en la piscina convenimos regresar al hotel por otro camino que nos condujo a un zoco donde se vendían todo tipo de pescados y verduras. Las casas árabes en construcción permanente durante generaciones, no impiden la aparición de la elegante silueta de las pirámides sobre sus tejados.

Ya se acaba lo bueno. Tras una cena de buffet, ligera, en el Hotel Meridien Pyramids con Adel, el presidente de Aton Travel, la agencia que tan gentilmente nos ha recibido en Egipto, nos despedimos afectuosamente de todo su equipo.

Un último traslado. Un vuelo de regreso a España. Y la noche pasó a bordo del avión de Iberia que nos devolvería a la realidad monótona del día a día, del trabajo en la oficina, de la rutina de la casa, el supermercado, los telediarios...

En silencio, junto a Isabel y Leonor, unidos por las manos, cubiertos con una manta y sin mediar palabra durante el viaje, llegamos a Barcelona y, posteriormente, a Madrid, donde el sueño faraónico se desvaneció en nuestras mentes.

¡¡¡ Hasta siempre Misr !!! ¡¡¡ Algún día volveré, Inshallah !!!


GLOSARIO

Ael Salamae, As-Salam. En árabe. Saludo cordial.
Allah ya tik. En árabe: Que Dios te ampare.
Allah yihannin aleik. En árabe: Dios tenga piedad de ti.
a.n.e. Antes de nuestra era.
Bakshish. En árabe: Regalo.
Cheikh. En árabe: Alcalde, autoridad moral o religiosa.
Corniche. Calle principal y comercial de las ciudades egipcias junto al Río Nilo. Viene a ser como el Paseo Marítimo de la costa mediterránea.
d.n.e. Después de nuestra era.
Esfinge. Estatua, generalmente sedente, con forma animal y rostro humano.
Estela. Monumento a modo de losa o columna en posición vertical, decora1da con relieves e inscripciones y erigido en conmemoración o recuerdo de algo.
Faluca. Embarcación pequeña típica de vela latina que surca el Nilo.
Fellah. En árabe: Nombre con el que se denomina a los coptos.
Galabiya. En árabe: Nombre con el que se conoce a la túnica típica que visten los egipcios y nubios a modo de chilaba.
Hipogeo. En griego clásico: Bajo tierra. Nombre que se da en Egipto a las tumbas excavadas en el suelo como las del Valle de los Reyes.
Imshi. En árabe: ¡Largate!
Inshallah !!! En árabe: ¡Ojalá!, ¡Si Dios quiere.!
Jawayas. Del árabe: Nombre despreciativo que aplican a los turistas.
Ka. En Egipcio antiguo: Palabra que expresa la fuerza fundamental del hombre a quien nunca abandona. Se le considera "el doble" del fallecido, pero el concepto es más amplio. Viene a ser como el "alma" cristiana o los "sacras" hindis.
Kebabs. En árabe: Plato típico turco hecho a modo de hamburguesa, en brocheta o al plato, a base de carne de cordero asado y ensalada. Delicioso.
Khepresh. Corona militar o de parada reservada al faraón.
Kom. En árabe: Colina, pequeña montaña.
Maaleesh. En árabe: No tiene importancia.
Ma fish bakshish. En árabe: No tengo regalo para ti.
Ma fish, ma fish. En árabe: ¡No tengo nada para ti!
Mer. Del egipcio antiguo. Nombre con el que se denominaba a las pirámides.
Misr !!! Nombre con el que se denomina a Egipto.
Muacín. El hombre que llama a la oración a los musulmanes desde el minarete de las mezquitas.
Narguile. En Egipto: Nombre que recibe el tabaco para fumar en pipa de agua. (Galicismo).
Nilómetro. Pozo construido en las cercanías de los Templos que sirve para predecir las cosechas y medir las crecidas del Nilo.
Noray. Término marinero: Piezas, generalmente de hierro, afirmadas en los muelles para hacer firmes las amarras de los buques. Tienen mayor anchura en la parte superior que en la inferior para que no se zafen los cabos y son de forma cilíndrica para que la gaza se acople en su forma curva y sufra el mínimo rozamiento.
Piramidón. Piedra monolítica con forma piramidal que se situaba en el punto más alto de la pirámide y se recubría de caliza.
Saeh. En árabe: Extranjero o turista de forma despectiva... Similar a "guiri".
Salam Sukran. En árabe: Gracias.
Salat al-Magrib. La oración del atardecer, obligatoria por el Corán.
Sayidis. En árabe: Nombre que se les da a los musulmanes artesanos, agricultores, etc...
Serdab. En árabe: sótano o cueva.
Serekh. En árabe. Fachadas que imitaban palacios y que cubrían los enterramientos de la I y II dinastía egipcia. (Periodo Tinita)
Shisha. En Egipto: Pipa de agua utilizada para fumar tabaco.
'Shlama o Beslama. En árabe. Adios !
Uskut. Del árabe: ¡Callate!
Yallah, yallah. Del árabe: ¡Vamos, más rápido!




EPILOGO


"Las musas nunca aparecen si no te pillan trabajando."
(Pablo Ruiz Picasso)

"El hombre teme al tiempo, pero el tiempo teme a las pirámides"

(Proverbio árabe)
"Una vez creí en un padre y el mundo me pareció pequeño e inaccesible.
Una vez que él se fué... el mundo me pareció infinito."

(Del film "Mosquito Coast")


BIBLIOGRAFÍA

A.A.V.V. , Egipto, Conde Nast Traveller, Nº II. Ed. Conde Nast. Madrid. 1.999.

A.A.V.V., Egipto, El Mundo de los Faraones. Ed. Könemann Verlagsgesellschaft. Köln, 1.997

A.A.V.V., Egipto, Atlas Culturales del Mundo. Ed. Folio / del Prado. 1.992

Burac, Maurice. La Tierra un planeta espectacular. Ed. Reader's Digest S.A. de C.V. México, 1.995.

Kennedy, Douglas, "Más allá de las pirámides." Ediciones B.S.A. Barcelona, 1.998.

(c) Óscar Quirós Romero, 2.000.

jueves 18 de octubre de 2007

Un grito a la Libertad

UN GRITO A LA LIBERTAD


por Óscar Quirós Romero


Algunos de los nuevos, y no tan nuevos, valores que nos están tratatando de inculcar nuestras ínclitas autoridades desde que comenzó este milenio han reavivado en mi interior un olvidado debate que ya creía - tras treinta años de monarquía constitucional y normalidad democrática - sobradamente superado.

Parece ser que los señores que nos han venido "representando" - tanto de un signo político como de otro - durante los últimos once años, se han olvidado de la igualdad de oportunidades, del derecho a decidir por uno mismo y de las libertades individuales por las que lucharon nuestros padres y abuelos, con las libertades que soñaron para nosotros, y con las que nosotros seguimos soñando para nuestros hijos.

De repente, apenas sin darnos cuenta, los españolitos de a pie tenemos miedo a conducir después de comer o cenar en un restaurante, prohibido adquirir bebidas alcohólicas entre las diez de la noche y las nueve de la mañana, restringida la calada de un cigarrillo, puro o pipa porque tenemos un techo encima, ir al mercado a comprar ciertos alimentos porque son perjudiciales para la salud e, incluso, hacer una barbacoa o regar el jardín de tu propia casa. Nos dicen que no debemos comer grasas saturadas, que, de pronto... ¡sorpresa!... el aceite de oliva es beneficioso para la salud y que la cerveza, ingerida con moderación, baja el nivel de colesterol. Ahora, también, nos critican a los que, voluntariamente, practicamos "¡deportes de riesgo!", como el senderismo, la hípica o la náutica, alegando que nos lesionamos fácilmente y que nuestros rescates son muy caros. Parece ser que nos pintan como si fueramos unos locos treinta/cuarentañeros inconscientes, que no tenemos ni la más mínima racionalidad y que - como no tenemos capacidad suficiente para decidir qué hacer con nuestro tiempo libre o nuestra salud - deben tomar "ellos", por nuestro bien, las medidas persuasorias y preventivas pertinentes.

Muy Señores míos:

¿Es lógico que en este país sea más caro "vivir sano"?

¿Desde cuándo es insano y caro para el Estado hacer deporte al aire libre?
¿Quién le ha dicho a Ustedes que es nocivo un chato de buen vino acompañado de una loncha de jamón de Huelva?
¿Cómo es posible que se considere un deporte de riesgo un estimulante paseo a lomos de un caballo, seguir un pista forestal hasta una cumbre o navegar por la superficie de un apacible Lago?

¿Qué extrana divinidad les ha insuflado en sueños el poder de decidir lo que es bueno o malo, lo que es sano o nocivo, lo que se puede y lo que no se puede hacer?
¿No sería mejor educar desde la infancia en vez de prohibir en la madurez?
¿No sería deseable que a cada individuo se le considerara "capaz" de elegir y decidir lo que hace "en" y "con" SU VIDA mientras no transgreda las libertades del cercano?

¿Es que Ustedes ven normal que cueste más un litro de leche que un litro de gasolina?
¿Es razonable que sea más caro un batido de fruta que un vaso de vino?
¿No corre más riesgo un niño en un estadio de fútbol que en una excursión en el campo con su padre?
¿Es que creen acaso que desde que Ustedes están sentados en su escaño nosotros no corremos más peligro?
¿Es esta la España democrática, ejemplo de libertad, igualidad, transigencia y calidad de vida, que Ustedes venden ante los Organismos Internacionales?
¿Es esto ser europeo?

La conclusión es evidente: ¡No!

Si uno no hace deporte, no fuma, no bebe, no conduce, no navega, no cabalga y no practica sexo... Si uno, únicamente, se levanta, va a la oficina, paga sus impuestos, vuelve a casa y se acuesta... no es que practique una vida sana y, necesariamente, tenga que vivir más años, sino más bien, y muy probablemente... se le hará la vida mucho más larga...

Y me van a permitir una última reflexión... los seres humanos somos sólo una casualidad, un capricho de la biología, de la naturaleza terrestre. Sobrevivimos en un minúsculo planeta de una recóndita galaxia dentro de un Universo casi infinito. Y si seguimos aquí, y si somos lo que somos, es por la capacidad de adaptación que nuestra especie ha venido demostrando a lo largo de nuestra breve historia. Curiosamente, y gracias a la tecnología y a las comodidades que hemos sido capaces de desarrollar, poco a poco vamos perdiendo esa capacidad de adaptación hasta que, simplemente, seamos capaces de diseñar nuestra propia extinción como especie.
Y como muestra, un botón: Un occidental actual, como Usted o yo mismo, duraría escasas horas vivo en una selva virgen.
¡Si!, ¡Así es! Nos extinguiremos gracias a nuestra propia evolución, porque perderemos la capacidad de intuir, de improvisar, de decidir por nosotros mismos. Dependeremos de un ordenador que nosotros habremos creado y programado previamente. Nos extinguiremos, seguramente, gracias a nuestro propio éxito.

Pero, esas personas que hoy nos dirigen se olvidan de lo más importante: La Vida.

Y vivir implica no dejar de luchar nunca.

El que sobrevive finalmente no es alguien que no tenga nada que perder, sino el que está dispuesto a arriesgarlo todo...
... y mucho más, si por lo que se apuesta es por el amor, la felicidad, la defensa de la libertad y la naturaleza. En definitiva... luchar por las generaciones venideras.

P.D.: Así que: "Si lo que quieres es vivir cien años, no vivas como vivo yo". (Joaquín Sabina). Y añado... "Y que nos quiten lo baila'o y lo aprendido".

lunes 1 de octubre de 2007

Venezuela: Al Sur del Orinoco

Cuadernos de Viajes
por
Óscar Quirós

Pensamientos, historias y aventuras vividas en algunos lugares del mundo.


VENEZUELA, 1.993



A los niños indígenas de todo el mundo, por haberme enseñado a encontrar la felicidad sin necesidad de tanta abundancia material. Por sus ojos, su sonrisa, su profundo respeto a la naturaleza y ese gran amor que tienen a la vida: su mejor tesoro.
...............................

Venezuela:


Al sur del Orinoco:



"Al sur del Orinoco, muy al sur, más allá de la espesa selva por la que el Caroní, el Aro, el Paraguá y otros rios se abren paso con dificultad en el corazón mismo de la Guayana …"

Alberto Vázquez de Figueroa "Al sur del Caribe"


Tras ocho horas y media de vuelo, aterrizamos en el aeropuerto de Caracas. Tras el paso por la aduana, una tormenta tropical nos detuvo por un buen rato en la autopista que une Maiquetía con Caracas y que atraviesa el Parque Nacional de Ávila. Tras una noche salpicada de tabernas, restaurantes y discotecas en la antigua Santiago León de Caracas, hoy capital de Venezuela, nos despertamos dispuestos a afrontar una de las mayores y más bonitas aventuras que me han sucedido en la vida.

Tras subir a bordo de la avioneta de Avensa (Compañía interna venezolana y filial de VIASA) comenzamos a volar sobre la bella costa de Venezuela.

El Mar Caribe está tranquilo y permite a los bañistas del área de Playa Macuto disfrutar de su descanso, mientras los cruceros de la Carnival Cruises Lines arriban a su puerto más cercano: La Guaira.

Casi a la altura de Barcelona, el avión da un giro de 45 grados hacia la derecha para internarse en la espesa selva.

El verde comienza a ser el color predominante, mientras aparecen los primeros brazos de agua turbia del Delta del Orinoco. El espectáculo es sobrecogedor, especialmente al aterrizar en Ciudad Bolívar.

Aquí el río llega a alcanzar los ocho kilómetros de ancho. Más que río, parece un mar inatravesable, rebosante de carnívoras pirañas, de fuertes corrientes, de belleza salvaje. Colgado sobre sus aguas sobresale, imponente, el Puente de la Angostura que comunica la ciudad con el resto de la nación.

Volvemos a despegar.

El piloto se permite un lujo y se sale de la ruta aérea establecida para atravesar un tepuy por su hendidura central. Qué pasada !!!

Aterrizamos…

Un bote, dos botes, tres… alguno más … la pista de tierra arcillosa se llena de polvo. Las ruedas echan humo y las llantas chispas ...

Este cacharro no frena.

Ahora si. !!! Buuuufff!!!

Óscar pisa tierra y besa el suelo como el amigo Karol Woitila (el Papa) cada vez que viene a Madrid, de turismo entre madres pedorras que gritan contra el aborto con sus cálidos abrigos de pieles. Me dicen que Dios está en todas partes, pero es que este tío… ya ha estado en todas partes antes … y no es agente de viajes … !!!! Para qué habré hecho mi carrera, si se viaja más y mejor siendo cura ???

Cosillas de Occidente, pero me lo tendré que replantear.


Hola, Canaima.

Nos encontramos en el Macizo Guayanés, en Canaima, en la confluencia de los ríos Carrao y Caroní, este último afluente del Orinoco. La belleza del paisaje, los tepuys, los saltos de agua, la exhuberante vegetación , el sol … Es abrumadora !!!

Las excelentes instalaciones del campamento que Hoturvensa posee en la Laguna de Canaima, son el mejor punto de partida para descubrir los secretos naturales que encierran este Parque Nacional.

Es la segunda vez que vengo. El año pasado estuve aquí y dejé buenos amigos. Así que, como hoy no estoy para aventuras, (ya he tenido bastante con este aterrizaje de angina de pecho), me voy a dedicar a buscarlos y a preparar los próximos días.

Me dirigí, tras una comida a base de frutas tropicales y una buena "polarcita" (la mejor cerveza venezolana) a una tienda, "Makunaima", situada a las afueras del campamento preguntando por una de esas personas que ves dos veces en la vida y la quieres como si fuera tu hermano.

O.- Hola Sandra!!!, has visto al "Güevón"…???

Su cara se iluminó …

S.- Oscar, que cheverísimo, otra vez tú aquí ??? !!!

Besos, abrazos …. Y mucha emoción.

S.- Víctor me ha enseñado las fotos de España, cuando estuvo en tu casa. Me contó sobre la Expo'92 de Sevilla, las Olimpiadas de Barcelona, sobre tí… Agarró a unos turistas y tiene que estar al llegar del full day al Salto del Sapo. No se lo va a creer !!!

O.- Por favor, no le digas nada. No le digas que estoy. Luego vengo, OK ???

Me perdí un ratito por los jardines del hotel, antes de deshacer mi maleta y regresar a la tienda.

Una vez caída la noche, le vi de espaldas. Le tapé los ojos y le dije:

O.- Hola "güevón", te prometí que volvería. Aquí estoy y no tienes ni puñetera idea de quien soy.

Se giró y destapé.

No sé cuánto tiempo pudimos llorar abrazados.

Hay veces en la vida que sobran sentimientos y faltan palabras.


Así me reencontré con Víctor, un venezolano mitad criollo, mitad indio-pemón que se dedica a conquistar turistas, principalmente, españolas e italianas, mientras susurra aventuras, vivencias y alguna mentirijilla dentro de este Parque Nacional que, con sus 30.000 kilómetros cuadrados (es más grande que la Comunidad Autónoma Gallega) se me antoja un lugar irrepetible en este desordenado planeta.


Entre tragos de Pampero Aniversario, el mejor ron nacional, aliñado con zumo de lima, Pepsi (aquí tiene un sabor muy diferente) y hielo pilé, preparamos las jornadas siguientes.

V.- Mañana a las seis de la mañana, de pié. Que aunque el río viene bajo de agua, nos vamos al Salto del Angel.

O.- Víctor, qué necesito, qué me llevo ???

V.- Una hamaca, un buen desayuno y de lo demás me encargo yo, OK ???

O.- Chévere.

Madrugarme a mí, suele ser duro. Pero, juro que ese día no me costó nada.

Cuando sonaron unos nudillos en mi puerta, yo ya estaba vestido, duchado y desayunado.

Sí !!!. La emoción, la adrenalina hacían que mi cuerpo se sintiera como un mero instrumento para que yo viviera más intensamente mi regreso a Canaima.

Sorpresa !!! . No !!!, no era el "güevón". Era la negra gorda y más dulce que yo he tenido el gusto de conocer en toda mi vida: Tamaira, mi Tamaira.

Ciento ochenta kilos de amor, de belleza (es guapa… como ella sola !!!) de belleza exterior e interior. Ciento ochenta kilos de calor, de carne, de sensualidad, de feminidad, de abrazos … Es ella, sólo puede ser Tamaira!!!.


Sobre la laguna de Canaima, ver amanecer es algo irrepetible y más, si estás acompañado de amistad, sensibilidad y buena gente. No tengo derecho a pedir más.


Mientras las madres junto a sus hijitos, los indios pemones, comenzaban a lavar su ropa en las aguas del río, comenzamos a hacer los preparativos para los tres días que nos iba a llevar nuestra expedición a lo largo del Auyantepuy: La montaña del Diablo.

Partimos muy temprano en un Toyota 4x4 hacia Puerto Ucaima. Me encantan los manchones amarillos y negros con los que han pintado los Land Cruiser.

Puerto Ucaima es un apacible paraje junto al Río Carrao, por encima de los saltos de la Laguna de Canaima, donde están atracadas las curiaras: unas barcas hechas a base de troncos de madera quemados. Aún así tienen motor y de buena potencia ya que tenemos que remontar el río contra corriente.

El Carrao está precioso. Las altiplanicies, llamadas aquí Tepuys, y la espesa vegetación costera, se reflejan en sus cobrizas aguas como un espejo.

El ruido del motor y la estrecha quilla de la barca, rompen la monotonía de la foresta abriendo las aguas, creando un suave oleaje que nos adormece.

Hugo, uno de nuestros remeros va en proa, de pie, vigilante de las corrientes y las rocas que pueden, por sorpresa, sobresalir de las aguas. El Carrao va especialmente bajo. Esta excursión ya no se vende a los turistas. Víctor, el "güevón", la ha preparado especialmente para mí. Que tío más genial !!! Estamos en la estación más seca: hablo del mes de Octubre.

Dejamos a la izquierda lugares maravillosos como el Wey Tepuy (el Tepuy del Sol y la Luna) que atravesamos con la avioneta antes de aterrizar y lugares más típicos, pero no por eso menos llenos de belleza, donde paran a todos los "guiris"… como el Pozo de la Felicidad.

Hay prisa. A pesar que el río va bajo de agua, estamos aprovechando la leve subida de nivel que provoca el rocío matinal. Si esto baja, nos quedaremos embarrancados.

Llegando a Isla Orquídea, el río tiene una bifurcación, y Hugo, elige el brazo derecho: el Churún.

El río se estrecha. La vegetación comienza a cubrir nuestras cabezas. El sol se asoma levemente entre las copas de los árboles. Las piedras comienzan a hacer sonar el casco de nuestra pequeña embarcación.

En un fuerte movimiento del río, Hugo pierde el control. El pobrecito se tuerce la mano y se le escapa uno de los dos remos. Por suerte, logré recoger el remo mientras Víctor se preocupaba por el estado de su muñeca.

El susto fue grande.

Perder un remo aquí puede ser catastrófico. Al subir son necesarios para medir la profundidad del río. Al regreso, para esquivar las rocas cuando la fuerte corriente acelere la embarcación. De todas formas, Hugo es un indio kamarakoto, y si pierde el remo se lo descontarán de su sueldazo de 7.000 bolívares mensuales, unas 7.500 pesetas. El remo vale 4.000 "bolos" y él tiene familia. Me da las gracias y la mano. Ya sabe quién soy. Hugo y su hermano fueron mis remeros el año pasado.

Él nunca habla. Sólo mira, asiente y agradece con esa mirada profunda que sólo la buena gente, especialmente, indígena, sabe tener.

Recibido el mensaje Hugo. Gracias a tí por tu generosa mirada y amistad silenciosa. - pensé -

Me recuerda, porque el año pasado tuvimos Víctor, Hugo y yo una experiencia inolvidable:

Haciendo el recorrido típico para turistas hicimos alto en uno de los poblados pemones en la sabana de Mayupa. Allí habita una pequeña familia que tiene una tiendecita de palmas y abode donde venden artesanía y refrescos. El frigorífico es americano de los años cuarenta y funciona con un generador. La artesanía, los collares, están hechos a base de semillas naturales cosidas a mano con hilos de yuca.

Tras atendernos, ella se desmayó. La verdad es que su embarazo era más que evidente y el calor, sofocante.

Al principio, lo achacamos al esfuerzo.

Poco tiempo después de tumbarla en su chinchorro, y abanicarla, con un marido pálido a su lado, nos dimos cuenta que estaba apareciendo una vida más. Un nuevo indito pemón. Una nueva estrella en este firmamento de sensaciones y sentimientos imborrables que uno tiene aquí el gusto de contar.

La sangre y los restos de la matriz caían a borbotones hacia el suelo entre los hilos resistentes de la hamaca. Tras el susto de un inocente y novato paridor (comadrona, no???), vino la alegría del llanto del nuevo bebé. La felicidad de los padres y el orgullo, mejor dicho, el honor de haber presenciado lo más bonito que un hombre puede presenciar.

Si !!! Hugo, se acuerda de mí. No dice nada. Pero me aprieta las manos y sonríe. No me hace falta más.

Continuamos hasta un lugar cercano al Salto del Angel que conocen como Isla Orquidea y allí acampamos esa noche.

Hicimos fuego. Una rica cena. Un rico ronSSSito. Y dormimos los cinco acurrucados para evitar el frío del húmedo amanecer. Tamaira, Víctor, Hugo, su hermano Alfredo y yo.


El sol despunta. Nuestros cuerpos comienzan a desperezar gracias a los gritos de Manolo. Mejor dicho, Don Manuel.


Manolo es el guía de guías. Un hombre apasionante que nos ha reavivado las brasas para prepararnos café antes de comenzar a berrear y darnos leves patadas para sacarnos de nuestros chichorros.


Acartonados por la intensa humedad comenzamos a movernos, oliendo a ese maravilloso café de la vecina Colombia. Es tan delicioso, que no necesita aditivos como la leche… ni siquiera el azúcar.


Manolo es un hombre mayor. Tiene sesenta y dos años.

De nacimiento gallego. De sentimiento, sin pasaporte.

El tuvo una mujer y tres hijos allí, en España. Un día, hace mucho, mucho tiempo, viajó al Brasil, a Manaos. Allí quedó prendido por la belleza de la selva, de su gente… Nunca más regresó. Decidió desaparecer.

Si se me permite, su actitud puede ser discutible hasta que, realmente, descubres la magia de todo lo que encierra este lugar recóndito.

Siento lástima de su familia. Pero, no porque él no quiera volver a su lugar de origen, sino porque sus hijos no han podido disfrutar de todas sus vivencias. Yo, también, sé lo que es perder un padre antes de tiempo…


Manolo es uno de los mejores guías que uno puede tener en la cuenca del Amazonas y en el área de las Güayanas. Lleva aquí más de treinta años recorriéndose a pie la ruta que lleva desde Manaos, en Brasil, hasta el Delta del Orinoco, en Venezuela.

Ha explorado, ha visto, ha conocido, ha acompañado a gente tan importante como a los españoles Félix Rodríguez de la Fuente o a Miguel de la Cuadra Salcedo.

Ha sido objeto de indiscretas películas que lo han delatado a lo largo de los años sin que nadie pudiera reconocerle ya que, siempre, trabajaba en la sombra, con esa piel dura y curtida por el sol. Pero él, sigue viviendo feliz donde le gusta… No caben reproches !!!

Desayunamos, saboreando sabrosas arepitas rellenas de suave queso güayanes. Jugosas papayas y enormes trozos de güayaba. Refrescante jugo de lulo. Delicioso café "güayoyo", como tengo que llamarlo para que tenga un poquito de leche o, "negrito" si se prefiere sólo.

Manolo nos cuenta historias y viejas leyendas sobre estos parajes que nos rodean.

Nos habla del espectácular "Encontro das aguas" en las cercanías de Manaos, donde se unen los cauces del Río Negro y el Amazonas. Sus aguas de color negro y amarillo se juntan pero no se mezclan, no se diluyen, y continuan su recorrido hacia el mar tiñendo al Río Amazonas con enormes manchas de diferentes colores.

Recuerda expediciones, como la de Félix Rodríguez de la Fuente en la que, compartió con él, el apresamiento de una enorme anaconda en el Delta del Orinoco, rodeados de insaciables pirañas. (Esta imagen me vino inmediatamente a la cabeza. Es una de las escenas que aparecen en los titulares de los episodios de la serie "El hombre y la tierra" que yo veía en mi niñez y me marcaron claramente.)

El sonido del agua que produce el Salto del Angel y el enorme griterio de los pájaros e insectos ocultos en el verde follaje selvático, adornan sus palabras.

Manolo sigue con su soberbia clase magistral.

El Salto del Angel, debe su nombre a un aviador americano. Un buscador de oro que, al sobrevolar esta zona en busca de la mítica ciudad perdida de El Dorado, confundió, por el reflejo del sol, el salto de agua con un filón de oro en el corazón de la montaña.

Y así fué. Sin pensarlo, trató de aterrizar en la cima del Tepuy para comprobar con sus propios ojos si, por fin, había podido conseguir el sueño de su vida.

No sé si le cegó el reflejo solar o el humano defecto de la avaricia. Lo que si sé es que la cima del tepuy no es, en absoluto, una meseta donde se pueda aterrizar. Es una planicie llena de traicioneras fosas producto de la erosión por la exposición a los agentes exógenos durante millones de años a la intemperie.

El aventurero se estrelló con su frágil aeronave quedando tendido entre los restos desperdigados de fuselaje.

Todo esto no hubiera podido pasar a la historia si no es porque el Señor Laime, un personaje mitad ermitaño, mitad explorador, lo rescató de entre los hierros y lo llevó a un refugio secreto donde él aún vive.

Durante dos semanas lo atendió y le procuró cuidados y comida.

Le demostró que lo que había visto era, simplemente, un salto de agua de algo más de mil metros de altitud.

Le convenció que lo que mejor podía hacer era regresar a su hogar y olvidar la romántica aventura de encontrar la secreta ciudad de El Dorado que él mismo había estado buscando desesperadamente.

"Yo, al final, desistí. Pero me he quedado viviendo en este paraíso perdido." - le dijo - "porque no me interesa nada de lo que hay fuera de esta selva."

Laime decidió acompañarle atravesando la selva a pié hasta Ciudad Bolivar para, después de trescientos kilómetros, dejarle en el primer lugar civilizado con aeropuerto.

Ciudad Bolívar, una ciudad histórica desde la firma del Tratado de la Angostura, está situada en el corazón de la selva, en las lindes de un impresionante Río Orinoco, donde éste alcanza ocho kilómetros de anchura.

Agradecido, se despidió. Angel regresó a su país, y Laime a su hogar.

Angel nunca volvió. Pero si dió a conocer en Norteamérica las maravillas naturales que había visto.

Manolo, se sentía emocionado, como nosotros.

Nos ha prometido algo que muy pocas personas en este planeta han podido hacer.

Su amigo, el escurridizo ermitaño Laime, nos iba a recibir a comer en su humilde morada.

Recogimos apresuradamente los restos de nuestro desayuno.

Comenzamos la marcha, atravesando la enorme caída del Salto del Angel. Detrás la cortina de agua, tiene una gruta abierta con suelo resbaladizo que, empapándote, permite ser atravesada.

Manolo iba delante, abriendo el sendero con su machete. Las palmas que caían al suelo iban a servir de alimento para la tropa de hormigas (aquí miden casi un centímetro) que, hoy, iban a encontrar más fácilmente su sustento.

Atravesamos arcaicos puentes tibetanos. Cruzamos arroyos descolgándonos con lianas.

Todos íbamos en silencio poniendo imágenes mentales a las historias que acabábamos de escuchar.

Recuerdo que, en tres horas de marcha únicamente el güevón me hizo un somero comentario:

- Óscar, te juro que este Laime, lleva meses, años quizás, sin recibir a nadie. Trabajo en Canaima desde hace seis años. Tengo prohibido decir a los turistas que este hombre existe. No le conozco, nunca le he visto. ¡Estoy emocionado! ¡No te imaginas, qué suerte estamos teniendo!

La escarpada loma del Tepuy se le hacía interminable a mis piernas. Pero mi espíritu estaba lleno. Completo. Full of happiness.

Pasamos junto a los Guardianes del Salto. Doce formaciones rocosas en forma de aguja desde las que se divisa el Salto del Angel en todo su explendor.

Por fin, llegamos a una llanura verde en la que, postrado en unas rocas, encontramos a un anciano sonriente.

Con ayuda de su bastón y su pulso tembloroso se incorporó para recibirnos.

Pronto adiviné que ese anciano enjuto, frágil, nonogésimo era el mismísimo Laime. ¡Ahí estaba la gran leyenda!

Su corta estatura, su arqueada espalda, su bastón de madera, su sabiduría me recordaba más al Caballero Jedi de "El imperio contraataca", que a todo lo que había oido hablar de él.

Con respeto y silencio cautelar fuimos presentados uno a uno, antes de dirigirnos a su pequeño campamento.

Laime pasa los últimos años de su vida rodeado de todo lo que ama. Casi no se acuerda de hablar. Todo lo que nos cuenta es telegráfico, meditado. Su tono de voz delata su debilidad y ese gran esfuerzo que tiene que realizar para comunicarse con alguien.

Dice que no habla porque cuando vives en la naturaleza, te comunicas con los animales, con las plantas, con la lluvia, con el sol, a través del corazón y la mirada. Y que, aquí, es la única manera de entenderse.

La naturaleza es música y no palabra.

Dice que todo lo que es sonido no provocado por la naturaleza es contaminación que afecta a todo el entorno, distorsionando la paz y el equilibrio natural.

Si, definitivamente, habla como Jedha.

Gracias por tu comida y por tu presencia, amigo.

¡Que la fuerza te acompañe.!

Que la naturaleza que ahora te rodea, pase a ser parte de tí cuando, algún día, desaparezcas. Ese es tu deseo y el nuestro.

Manolo nos advirtió que no podíamos hacer fotografías de este encuentro. Ni siquiera delatar la existencia del viejo ermitaño. Pero, supongo, que cuando alguien lea estas notas de cuaderno, él ya será una parte más de esta selva. Aunque aquí, hoy, Laime ya se respira en la suave brisa del crepúsculo.

Regresamos a Isla Orquidea bien temprano. El atardecer en la cuenca del Orinoco se hace peligroso. A esta hora es cuando salen de caza los principales depredadores de este habitat: los reptiles.

Nunca te puedes descuidar disfrutando de la belleza natural. Siempre hay un escorpión escondido, una culebra seseando, una araña acechando.

Manolo me contó, que una vez se unió a una expedición alemana, que trataba de realizar la Ruta de Humboldt. Remontar el Río Negro desde Manaos hasta la Piedra del Cocuy, en la frontera natural que marca el río entre Brasil, Colombia y Venezuela.

A los dos días de navegación contra corriente, uno de los expedicionarios sintió un fuerte pinchazo en la cabeza. Posiblemente, una picadura de mosquito o un insecto similar.

El médico de la expedición le hizo una pequeña cura y le restó importancia al incidente, ya que todos sus miembros iban vacunados contra el tifus, la malaria y la fiebre amarilla.

A los catorce días, le comenzó a surgir una protuberancia en la frente, como un chichón colorado lleno de pús, acompañado de temblores, sudor y unas fiebres cercanas a los 42 grados de temperatura corporal.

Para no hacer parar al resto del equipo (las provisiones ya eran limitadas y sólo quedaban ocho días para el objetivo) decidió sajarle y realizar una cura de urgencia.

La sorpresa vino tras el segundo corte.

Comenzarón a surgir unos gusanos blancos, gordos, del tamaño de la falange de un dedo pulgar.

Recuerda sus movimientos retorcidos.

El dolor del paciente.

Las caras de sorpresa del médico y el resto de la expedición.

Por un pequeño descuido tuvieron que abandonar antes de tiempo, para dirigirse a San Carlos del Rio Negro por tierra, para que no perdiera la vida.

Como siempre, un insecto es el dueño de la selva. De la vida de los seres más grandes, fuertes y bélicos que la naturaleza a sabido concebir: La especie humana.

Este relato me conmocionó. Y me hizo aprender a respetar a esos pequeños compañeros de viaje tan bellos, como pequeños y molestos. Nunca podré olvidar la cara de horror de Manolo cuando terminó su explicación.

Por cierto, el alemán se salvó y, dos años más tarde, repitieron con éxito la aventura. Además, esta vez, hicieron un reportaje para la televisión alemana.

Por la noche, el peligro es otro: los reptiles. Y, así, se explica la existencia de la hamaca.

Un invento que, hoy, es algo tan vulgar y cotidiano, pero que, en Europa, revolucionó la Marina y la forma de navegación de las principales potencias militares.

En los primeros viajes de Colón, las carabelas españolas no iban dotadas de lugares acondicionados para el sueño. Los marineros, por turnos, iban durmiendo en los duros, fríos y curvos suelos de madera. Entre ratas y provisiones putrefactas. Sin fruta y sin agua potable. El escorbuto, la tuberculosis eran las enfermedades cotidianas que más bajas producían abordo. No eran precisamente viajes de placer. Había que huir de la cárcel o la
temida y salvaje inquisición católica para que un hombre extremeño o andaluz, católico, judío, morisco o converso, decidiera pasar por esta situación. (Imagínense lo que debía significar vivir en la España del Siglo XV o XVI para tener que asumir esta decisión.)

La llegada a suelo americano, permitió la exportación de los primeros productos e inventos: el cacao, la papa, el tabaco y la hamaca.

La hamaca era utilizada por los Indios Arawaks y Tainos que habitaban en La Española, para protegerse por la noche del ataque de las serpientes y demás animales mortales.

Una cama móvil, fácil de transportar y de montar que sólo necesitaba dos puntos altos de apoyo para disfrutarla.

La aplicación en la sentina de los barcos no se hizo esperar.

Te libraba de los mordiscos ratoniles, del contacto con el frío suelo y del movimiento de la nave producido por el oleaje.

Sí señor, todo un invento !!!

Así me explico la forma que tiene el campamento instalado en Isla Orquídea.

Son ocho postes de madera que sustentan un techo de palma. Contiguamente, una cabaña con paredes, pero sin techo, que hace de chimenea. En el exterior un círculo de piedras que rodea la fogata donde Manolo,']']

La temperatura ha bajado. El fuego, el ron y nuestro cantar nos mantiene juntos, felices. Pero es hora de dormir.


Hoy me he levantado el primero. Increible! Voy a despertar a alguien para que me haga una foto y de fé de este evento. ¿Dónde hay un notario?

El olor del café hace que se empiece a mover el dedo gordo del pie derecho de todos nuestros amigos.

¡Vamos, arriba! ¡La mesa está puesta!

Con la mesa preparada la pereza desaparece. Como balas todos toman posiciones en sus asientos..

Son las cinco y media de la mañana y tenemos que aprovechar el rocío y el aumento de cauce del río para regresar al Campamento de Hoturvensa.

Nos hemos comido todo y no vamos a encontrar provisiones hasta llegar al poblado Kamarakoto, que se encuentra a unas ocho horas, río abajo, de aquí.

Así que desmontamos todo y lo cargamos en la "curiara". Prohibido dejar basura.

Ahora, con el cauce a nuestro favor, el descenso del río es más emocionante.

Hugo, nuestro remero, va de pie en proa, hundiendo el remo para medir la profundidad del río. De paso, va frenando la velocidad que, poco a poco, alcanza la embarcación. La dirige golpeando con el remo y, a veces, con sus brazos, las rocas que se interponen en nuestro camino. Su hermano, mientras tanto, viaja detrás cuidando de nosotros, intercambiando el remo de un lado a otro, totalmente plano, para ir frenando.

El río está lleno de rápidos. El agua nos salpica y, en ocasiones, nuestros amigos permiten a la embarcación que se embale para provocar unos segundos de emoción.

Estoy muy tranquilo, se conocen este afluente a la perfección.

Llegamos a la bifurcación del rio y continuamos por el Carrao hacia nuestro destino.

¡Adios Auyantepuy! ¡Adios Montaña del Diablo!

Después de unas horas esquivando rocas, y rozando el casco en las piedras invisibles de los rápidos, llegamos a Kamarakoto.

La verdad es que no me esperaba una recepción tan amable. Muy pocos hablan castellano correctamente.

Los kamarakotos, son una tribu indígena, que se dedica a la agricultura, la pesca y la recolección de frutos del bosque. A veces, los días festivos, los guerreros ancianos reviven sus antiguas costumbres cazando pájaros con sus cerbatanas.

Hoy, van a salir de caza para celebrar nuestra llegada. Nuestra falta de provisiones y el ansia de conocer su forma de vida me incita a acompañarlos.

El resto del grupo decidió quedarse en el poblado.

Me regalaron un taparrabos que, inmediatamente, me puse. Unas mujeres que sonreían o, mejor dicho, se reían de mí, me pintaron la cara con unas pinturas de origen vegetal dejándome hecho un Cristo.

La espesura selvática impedía ver el cielo. Pero ellos, en silencio, escuchaban todos los sonidos de la selva. No había gritos, ni palabras. Sólo pequeños golpes en la espalda y señas identificando lugar y tipo de animal escondido en la selva.

Saben que algo nos persigue.

. Preparan sus cerbatanas y los dardos envenenados.

- Puchff! Puchff!

Dos dardos envenenados sirven para hacer caer un guacamayo de un árbol.

Lo recogen, pero lo dejan en nuestro camino. No sé si para tapar nuestras huellas, olor o, simplemente, si es un ritual para el augurio de una buena caza.


Unos pasos más adelante, me lo explican.

- Lo que nos perseguía era ... un jaguar !!!

Como diría Arturo Fernández en "La Casa de los líos":

- ¡¡¡JOooooodeeeeeERRRR!!! - Perdón pero, no es para menos.

La pretensión era saciar su apetito y que se olvidara de nosotros. No nos iba a atacar, dicen, pero su presencia nos espanta la caza. Los animales se avisan entre sí.

Vamos, que este jaguar les ha cobrado un impuesto por utilizar su zona marcada. Así que he decidido llamarle: Rodrigo, "Rato", claro.

Seguimos el sendero y, trás atravesar un río, vimos la primera pieza:

La misma operación de soplado. Pero, esta vez, el Ministerio de Hacienda no está presente y se cargan al animal a la espalda.

Estaban contentos. hacía muchos días que no conseguían una pieza tan importante. La carne era suficiente para que, hoy, comiera todo el poblado.

Regresamos al río donde decidieron darse un chapuzón. Mientras tanto, Mario daba una vuelta por los alrededores. Yo, en cambio, me apunté al baño.

Después de secarnos como lagartos, en unas enormes piedras lisas bajo el sol, nos preparamos para regresar, orgullosos de nuestra caza. Pero, Mario, nos había preparado una suculenta sorpresa.

Traía en las manos cuatro tortillas envueltas en hojas de palma.

A mis amigos se les desorbitaron los ojos.

Las sonrisas volvieron a aparecer mientras nos volvíamos a poner en cuclillas en las mismas rocas donde nos habíamos secado minutos antes.

Mario había encontrado cuatro madrigueras de tarántula que, bien tratadas con un fino y alargado palo, las hace salir minuciosamente de sus cuevas.

Las tanrántulas eran hembras y estaban preñadas.

Se las exprime cuidadosamente el viente para dejar caer los huevos sobre la hoja de palma. Con ésta, son envueltos y se ponen sobre las brasas de una mini hoguera. De ahí sale la tortilla. Especialidad culinaria de los Kamarakotos.

Pero, al igual que el cerdo en mi añorada Iberia, no se desprecia nada del cuerpo. Su piel se frie, desapareciendo los negros pelos y quedando algo parecido a los torreznos castellanos. El aguijón mortal, ya no tiene veneno, por lo que se utiliza al final de la comida para hurgarse entre las encías y retirarse los restos que, del sofrito arácnido, aún queden.


He visto comidas originales. Pero, en cuestión de cepillos de dientes, me han desmantelado.

Arguiñano, toma nota pués!

Después de este suculento "vermuth", nos dirigimos al poblado.

Ni que decir tiene que la excursión nos ha abierto boca, ¿ no ?

Las mujeres ya habían preparado el fuego.

Los hombres están asando en él los pescados que antes habían recogido del río.

El sonar de los morteros moliendo maíz que luego se convertirá en calientes tortas y en refrescante cerveza y los cánticos de los niños que sonaban, acompasados, llenaban la tarde de alegría y belleza.

La escasez hace la felicidad. La comunión de las gentes hace la armonía.

Aquí todos colaboran. Todos hacen de todo. No hay reproches, ni discusiones. No les afectan las caidas de la bolsa, no escuchan la televisión, no existe el dinero ni la propiedad, no saben quién es su Presidente y, mucho menos a qué partido político pertenece... Sólo hay miradas agradecidas, bebés mimados, niños jugando, hombres trabajando en plena igualdad con sus mujeres. ¿Qué más puede pedir esta gente?

Se confía más en la solidaridad humana que en la providencia divina.

Piensan globalmente pero actúan localmente.

En medio del poblado hay una cruz de madera que delata el paso occidental. Un paso efímero, pero lo suficiente para haberles dado un idioma y una religión. Su forma de vida, en cambio, es tan ancestral como sencilla.

¡Dios! ¿Si, de verdad, existes? ¡¡¡No permitas que nadie cambie ésto!!!

Trás la comida, nos dirigimos hasta Canaima, donde llegamos rendidos de los golpes que nos ha propinado la fuerte corriente del Río Carrao contra las paredes y asientos de la curiara.

Cenamos en el buffet del Campamento con otra gran personalidad: Don Pedro Maes, director de Hoturvensa y Avensa en Canaima. Gracias a él el turismo internacional puede disfrutar de sus instalaciones y de estos parajes con la tranquilidad de saber que alteramos mínimamente el ecosistema con nuestras visitas. Con la tranquilidad de saber que vamos a recibir la mejor de las atenciones, siempre dentro de las limitaciones que el respeto a la naturaleza impone y que, a partir de ahora, debe ser una premisa global para la especie humana..


Un nuevo sol, un nuevo día, el último en Canaima.

Hoy vamos a recorrer toda nuestra aventura de días anteriores, en un corto vuelo de avioneta. Como lo hizo Angel cincuenta años atrás. Como lo hacen los turistas hoy.

Sobrevolar toda nuestra aventura: el Cañón del Diablo y el Salto del Angel, que con sus 1.003 metros de altura se convierte en la caída de agua más alta del planeta, navegar en una típica curiara desde Puerto Ucaima hasta Isla Orquídea bajo la atenta mirada del Auyantepuy, bañarse en el Pozo de la Felicidad, degustar una barbacoa de pollo y ensalada preparada por Manolo, guía de guías, que gusta de compartir sus experiencias por la selva con los visitantes, o atravesar el Salto del Angel por un pasadizo muy cercano a la gran cortina de agua, son algunas de las fuertes sensaciones que todos deberíamos vivir alguna vez.

Después de estas intensas jornadas de aventura, también hay tiempo para el relax en la excelente playa fluvial del cobrizo Carrao, viendo y escuchando el estruendo de los cuatro saltos de agua que desde mi hamaca se divisan.

Un enorme guacamayo, Perico, se posa y pliega las alas junto a mI.

El pajarraco viene a beberse mi cerveza. Prefiero hacerme el sueco y disfrutar observando a los niños indígenas pemones juguetear en las aguas, junto a sus madres que están haciendo la colada.

¿Será descarado el loro éste ?

En Canaima, la belleza natural continua intacta para disfrute nuestro.

Pero, llegó el peor momento.

Fui a despedirme de Hugo y su hermano Alfredo: Silencio, miradas y un sincero abrazo.

Don Manuel, le quiero. Cuídese mucho. Volveremos a vernos.

Tamaira, mi negra, continúa conmigo el viaje.


Le toca el turno a Víctor, el güevón. Tamaira y yo nos miramos y decidimos invitarle a continuar el viaje con nosotros. Hablamos con su jefa y accedió. ¡No nos lo podíamos creer! Isla Margarita y Puerto La Cruz nos esperan. Guuuuaaaaauuuu !!!

Cuando llega el momento de partir, te recorre la sensación de haber visitado una de las últimas maravillas del mundo: El paraíso perdido.

El avión de Avensa le eleva sobre la selva. Tras una escala en Ciudad Bolívar, aterrizamos en Caracas.

Tamaira se tuvo que quedar pero, con la promesa de volvernos a ver unos días después, en Puerto La Cruz.

Víctor y yo, nos dirigimos a una de las Fuentes de Soda (cafeterías) que existen en el aeropuerto de Maiquetía, mientras esperabamos el avión que nos trasladaría a Porlamar, Isla Margarita, Estado de Nueva Esparta, Venezuela:
"La Perla del Caribe."

Lo que allí pasó es una história que, a lo mejor, contaré algún día.


Glosario

Canaima. Dios de la muerte en la cultura pemona. Nombre del Parque Nacional más extenso de Venezuela.
Churuatas. Chozas típicas de los indígenas venezolanos de la región del Orinoco.
Curiaras. Embarcaciones rústicas de madera que utilizan los indios venezolanos.
Makunaima. Dios del Bien en la cultura pemona.
Tepuy. Mesetas elevadas las fuerzas orogénicas en la Guayana venezolana.



(C) ÓSCAR QUIRÓS, 1.992 y 1.993

Seychelles: El Jardín del Edén

Cuadernos de Viajes
por
Óscar Quirós
Pensamientos, historias y aventuras vividas en algunos lugares del mundo.


SEYCHELLES 1.995
..............................
Seychelles:

El Jardín del Edén


"La Isla bonita, vista a lo lejos, estaba dibujada limpia y delgada, iluminada por el sol casi en su totalidad… Era como una mujer porque, a pesar de estar tumbada, su horizonte se componía de líneas redondas con todos sus ángulos disimulados. La isla entera olía a barro árabe, a té verde, a cocotero, a pachulí, a ylang-ylang: Olía a esa frescura femenina que tiene el clavel recién regado."

(Félix B. Vidondo)

Texto y fotografías: Óscar Quirós
Farqhuar, Moyenne, Aride, Silhouette, nombres sugerentes que evocan historias pasadas de piratas, tesoros enterrados, comercio de especias, copra y esclavos … son algunas de las 115 islas, atolones y bancos de arrecifes diseminados en el Océano Índico en un área de 1.300.000 kilómetros cuadrados de extensión marina que componen las Seychelles.

El Boeing 767 de la compañía Air Seychelles está realizando las maniobras de aproximación al aeropuerto internacional de Mahe, después de haber sobrevolado las vastas extensiones de arena del desierto argelino, el Hoggar y el Tassili; las llanuras de la sabana kenyata, el cráter del eternamente nevado Kilimanjaro, la costa de Mombasa, la Isla de Zanzíbar … nueve horas de vuelo, con mi prominente nariz pegada a la ventanilla y una escala en Nairobi son suficientes para acercarnos a este soñado paraíso, al Jardín del Edén…

Estoy sorprendido de la luminosidad de la isla. Mi cuerpo se inunda del cantar de los pájaros, de los verdes palmerales que rodean la sinuosa carretera que me lleva hasta el Hotel Berjaya, situado en la playa de Beau Vallon Bay. La verdad es que he llegado cansado, pero ya tengo ganas de salir a patear y recorrer esta isla de 24 kilómetros de largo y 8 de ancho antes de embarcarnos en la pequeña aventura que hemos venido a vivir.

Mahe es conocida como "La Isla de la Abundancia". No me la esperaba tan montañosa, tan tropical… Está comenzando a caer una "shower", una fuerte pero corta tormenta tropical que mantiene la isla como un vergel y me alivia un poco del calor y la humedad sofocante. Aparece un nuevo sonido en mis oídos que se me hará muy característico durante mi estancia: El "clop-clop" metálico de las gruesas gotas de agua martilleando los techos de uralita de las modestas viviendas de los locales.

Me siento feliz de haber venido.

- Bonzour Dalon, konman sava ? (Buenos días, amigo, cómo está ?).

- Byen, mersi bokou. (Bien, muchas gracias).

Mi primer contacto con un habitante de las Seychelles es correcto, agradable aunque ambos nos mostramos un poco escépticos. Un vasito de cerveza se encarga de levantar barreras entre ambos mientras recopilaba información sobre Victoria, la capital, sus mercados, la embajada, etc.… poco a poco comienza a brotar una sonrisa en su negra faz mezcla de rasgos africanos e hindúes.

- De labyer, sivouple. (Dos cervezas, por favor).

La noche va entrando al compás de música reagge. Una última mirada a este cielo del hemisferio sur antes de dormir.

Parece que no ha parado de llover en toda la noche. La isla despierta con un fuerte calor provocado por el sol y la humedad procedente de la vegetación. Tras un nutritivo desayuno a base de frutas tropicales, papayas, sandías y cocos, me dirijo hacia Victoria.

Por la mañana la actividad es intensa en las avenidas de la ciudad. Hombres y mujeres con trajes que evocan los tiempos pasados de esta colonia británica caminan por la Avenida de la Independencia entre bancos y locales comerciales. Llego hasta la plaza donde se encuentra la Clock Tower, un mini Big-Ben réplica de un reloj que se encuentra en Londres en el Puente Vauxhall, erigido por subscripción pública en 1.903 cuando la Reina Victoria concedió a Seychelles la autonomía de este archipiélago con respecto a Isla Mauricio.

Subo por otra moderna avenida, Albert, buscando la catedral y el famoso mercado donde se ven enormes peces espada y marlines recién sacados del mar y una gran variedad de frutos tropicales que le confieren un exótico colorido. Me extraño al ver la Embajada de Cuba, la Rusa y la China a escasos metros unas de otras. Las calles están llenas de fotos del Presidente de la nación… pregunto discretamente y me confirman que Seychelles es una República Socialista con un régimen presidencialista muy fuerte, pero que es miembro de la Commonwealth y mantienen unas estrechas relaciones con la Comunidad Europea y, especialmente, con su antigua metrópoli.

El regreso al hotel lo vamos a hacer a través del Parque Nacional Morne Seychellois que abarca un área de 3.045 hectáreas entre la costa Oeste y el macizo central de la isla. El parque contiene la mayoría de las especies endémicas de la isla, tanto de aves como el kestrel, como de flora incluyendo cinco tipos de palmeras únicas. Aquí, además, se encuentra el pico más alto de la isla, el Morne Blanc que se eleva a 906 metros sobre el nivel del Índico.

Hemos encontrado tres tortugas gigantes en el camino. No sé que es más impresionante, su tamaño, su peso o sus 150 años de edad… Me dicen que hay tres clases de tortugas en las islas y estas corresponden a las Tortugas Verdes. Otra de las especies es conocida como Tortuga de Piel de Cuero por el color de su concha… También son muy abundantes los murciélagos, los camaleones verdes y la serpiente zorro de Seychelles, que se encargan de mantener a raya la población de insectos.


A través de un atajo, llegamos a La Misión, curiosos vestigios de uno de los primeros asentamientos religiosos europeos. Pero la belleza del lugar no está en las cuatro viejas piedras, sino en la preciosa vista panorámica que desde aquí se observa de la isla verde.

Sobre la marcha decidí sacarle el máximo provecho al alquiler del Mini-Moke (un coche entre carrito de golf y el histórico Mini Morris inglés). Me sentía como Mr. Bean conduciendo por la izquierda por tortuosas carreteras pitando cada vez que aparecía un coche. Los ingleses conducen por la izquierda, en Seychelles por el medio. Existen 6.000 vehículos en la isla… se declaran 1.000 accidentes de tráfico al año … glubs!

Comencé subiendo al Norte de la isla desde Beau Vallon Baie por una carretera que bordea esta bella costa jalonada de pequeños y tranquilos hoteles. Hice un pequeño alto para comer en uno de éstos: el Sunset Beach. Aquí había enviado a varios de mis clientes así que decidí presentarme y conocerlo. Mi sorpresa fue que una bellísima directora me recibió y me invitó a comer en su mesa tras un intercambio de tarjetas y un apretón de manos.

La gastronomía que ofrecen los hoteles es deliciosa, recomiendo al futuro visitante que trate de tener el máximo de comidas incluidas cuando viaje a este país ya que un menú normal no baja de 4.000 ptas. Los productos de importación, aparentemente habituales como las patatas, son especialmente caros y difíciles de conseguir.

Otra aconsejable costumbre es probar todo y comer sin rechistar, aunque pienses repetir plato. Y no como yo. Luego del café se pregunta sobre los platos elegidos. Puede haber sorpresas …

- Chicken ??? (¿Pollo?, dije relamiéndome.)

- No, je je, it's fruit-bat, a creole dish!!! (no, murciélago, plato típico criollo)

No sé que maniobras tuve que hacer para mantener mi entereza pero, reconozco que es delicioso.

Llegué hasta las playas de Anse Nord-D'Est y Anse Etoile donde pude revivir aquellas imágenes de playas de fina arena blanca y enormes monolitos de granito. El agua cálida, azul, salina, el arrecife de coral protegiendo la costa de mareas y escualos.

A la mañana siguiente, retomé mi iniciativa de explorar la isla pero, esta vez, en dirección al Sur.

Partí, otra vez, hacia Victoria para devolver el coche y continuar, caminando, por la carretera que me trajo del aeropuerto, dejando a la izquierda las Islas del Ciervo (Île du Cerf) y Moyenne que pertenecen al Parque Nacional Marino de St. Anne.

Cuando la noche amenazaba con caer, decidí acampar en la base del Mont Plaisir y dirigirme a la cercana playa Anse aux Courbes a darme un chapuzón para sobrellevar el cansancio producido por la caminata y la humedad. De regreso a mi vivac, hecho a base de hojas de palmera, plástico y troncos anudados, me encontré una pequeña caseta de hojalata señalizada con la marca de cerveza local donde pude reponer fuerzas con un plato de atún a la plancha acompañado de frutas de todos los colores.

Antes de llegar al poblado de Takamaka, tomé un camino bacheado y arenoso que me iba a conducir a Anse Intendance.

Quiero ser sincero. En mi vida he visto una playa tan hermosa, tan llena de luz, rodeada de tan inmenso palmeral. La playa donde todo naufrago desearía recostarse alguna vez y pasar el resto de su vida tapando sus huellas humanas en la fúlgida arena, por si a algún maldito marinero se le ocurriera, algún día, ir a recogerle.

¡No! No haría fuegos. Escondería mi choza en el palmeral. No tiraría mensajes en ninguna botella. No pediría socorro. Es … el sitio …

Hice una bola con la pegajosa ropa que llevaba puesta y me lancé al Océano Índico a la carrera. A los dos metros de entrar me cubría el agua por el cuello. La marea me devoraba a lo más profundo mientras las enormes olas trataban desesperadamente de devolverme a la playa. Me sentía como un ser extraño en un medio, el agua, que no era el mío. La sabia mar tenía razón. Debo regresar a la playa … - pero me quedaré allí - pensé.

Pasados unos días de viento, galernas, y otros de sol resplandeciente abandoné Intendance a sabiendas que nunca debería haber dejado ese lugar hasta estar realmente aburrido de mi felicidad y de la "abundancia" que me rodeaba.

Decidí que la pequeña cueva, que había sido mi amiga y salvaguarda, sería mi mayor secreto. No saldrá en mis mapas, no haré planos … volveré aquí y el mar me ayudará a reencontrarla. Prometido !!!

Después de unos días conviviendo con el lujo de la falta de necesidad, encaré la costa Oeste de la isla, para convivir, por un ratito, con la escasez del frenético frenesí del consumo.

Llegué - con cara de Robinson Crusoe mirando a su mujer, veinte años después en el muelle de Southampton, como diciendo: ¡Joder! ¿Otra vez tú aquí ? - a un hotel de lujo dispuesto a afrontar una buena bañera y una suculenta cena de buffet.

¡¡¡ Degenerado occidental !!! - me dije.-

En la recepción di mi nombre, aunque me negué a identificarme para evitar "protocolos" antes de un buen aseo.

Un poco decepcionante la espuma del jacuzzi comparado con la efervescencia y los masajes de las aguas de días pasados.

Preparado para acometer una cena de trabajo con el director del hotel y la Ministra de Turismo, salí decidido con un modesto traje a la recepción del hotel. La gente me señalaba y no sabía si reconocían en mi al mochilero que una hora antes se había registrado en el hotel.

Con mi mejor inglés pregunté por el director, pidiéndome que esperara un momento. La bella seychelloise, hizo "clic" con los dedos mientras acariciaba con las yemas de sus dedos los números de la extensión telefónica. En seguida entendí la señal, ya que un compañero suyo me entregó un empalagoso cóctel de frutas para que me hiciera menos eterna mi espera. - ¿Servicio V.I.P.?, mejor quedarían con una Mahou de tercio … - A veces, añoro mi país …

La cena fue muy fructífera: El director del hotel es español, de Guadalajara y la Ministra era una criolla con esa flemática arrogancia británica, tratando de ser, a la vez, una elegante mujer parisienne sin aportar nada nuevo a nuestra conversación.

Aún recuerdo la cara del conserje cuando, por la mañana, guardé toda la colección de prestigiosas credit-cards en el andrajoso macuto que ya era una parte más de mi espalda.

Decidí regresar en "Mini-Moke" al hotel que me servía de base, por la carretera de la costa, disfrutando de la bella arquitectura colonial que ofrecían algunos elegantes edificios victorianos, repartidos entre chabolas con el techo de uralita y extensas plantaciones de caña de azúcar. La carretera de la costa es preciosa, salpicada de recónditas playas desiertas y parajes de belleza inimaginable.

Enamorado de esta isla que debe su nombre a Mahé de Labourdonnais, gobernador de Île de France en 1.735, decidí tomar un vuelo a la cercana Isla de Praslín.

En la avioneta caben únicamente 18 pasajeros apretados. La cabina del piloto no tenía puerta, por lo que todos podíamos observar el cuadro de mandos y los movimientos del piloto; un joven ario uniformado y moreno.

Antes de tomar pista para despegar se giró y levantando su dedo gordo nos grito: O.K. ???? recibiendo la misma contestación del pasaje. Acto seguido comenzaron a girar las hélices y a movernos bruscamente por la pista.

Al cuarto bote, por fin, la avioneta despegó.

Tras quince minutos sobrevolando islotes y atolones tomamos tierra en el aeropuerto de Praslin en Amitié.

Descubierta por el navegante francés Lazare Picault, la denominó "la Isla de las Palmas" (Île de Palme) por la abundancia de ellas, especialmente en las colinas del interior de esta isla que, con sus 11 kilómetros de largo y sus 5 y medio de ancho, se convierte en la segunda isla más grande de esta República tan bananera como paradisíaca.

La verdad es que con este tamaño, lo mejor es recorrerla en bicicleta, para no dejar pasar ni uno de los detalles de su paisaje.

A escasos kilómetros, se encuentra el Hotel Flying Dutchman. Un hotel con cinco habitaciones que en su segunda planta es una galería de arte. Aquí los clientes vienen a pintar. El director imparte clases y les proporciona lienzos, óleos, pinceles, aparte de tener una pequeña exposición con sus cuadros. La música de Enya envuelve esta atmósfera de arte y relax junto a la playa de Grand Anse. La media de estancia de sus clientes es de dos a tres semanas. Generalmente, repiten y no visitan otras islas. No quieren saber nada de noticias, periódicos o televisión. Por eso, el propietario, ha cambiado el salón de televisión, por una lavandería donde sus huéspedes pueden lavarse, ellos mismos, su ropa manchada, generalmente, de leche de coco y algunas indiscretas gotas de óleo que se escapan de sus pinceles...

Continúo por la costa encontrándome playas con nombres tan evocadores como Anse Bois de Rose, Anse de Petit Cour o Anse L'Amour donde paré a refrescarme y me encontré a una bellísima niña europea bebiéndose un coco bajo una inmensa palmera. Con su mirada dulce me permitió hacerle una de esas fotos que uno no se aburre nunca de mirar.

Llegué, al fin a Anse Volbert donde me esperaba mi hotel, esta vez el Berjaya Praslín Beach. La verdad es que, como estaba invitado, no podía quejarme de nada pero, a pesar de la publicidad que realizan, no está situado en primera línea de playa y, para colmo, me dieron una habitación que tenía vistas a un gallinero que proveía al hotel.

La playa, eso sí, es espectacular. En frente hay un islote, como a 700 metros, que se puede acceder a él por una lengua de arena coralina que no permite al Océano alcanzar más de un metro de profundidad.

Bien temprano, salí hacia la Vallée de Mai, un Parque Nacional protegido por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, por lo que tuve que retroceder por la carretera de la costa hasta Baie St. Anne, la capital de la isla.

St. Anne ofrece algunos bancos, tiendas, hospital, iglesia, dos discotecas y un curioso monumento dedicado al Coco de Mar. Una capital muy básica, pequeña y apacible que dispone de luz eléctrica desde 1.981.

Para acceder al Parque hay que pagar una entrada en la recepción donde el viajero recibe unas normas de obligado cumplimiento. Las visitas son guiadas y hay tres itinerarios a elegir. Sugiero el más completo, aunque me advierten que es el menos fácil de realizar. Este tipo de cosas sólo se ven una vez en la vida, y, aunque alguien quiera repetir un viaje años después, no sabe si se va a encontrar todo igual, de hecho, un incendio estuvo a punto de hacer desaparecer este bello paraje natural hace dos años.

Hoy, he tenido suerte. Soy la única persona que ha elegido esa opción. Así que tengo "guía privado". Rápidamente, entablamos conversación y amistad. Y comenzamos a caminar entre esta selva de palmas en la que el cielo azul se ve raras veces.

El silencio es conmovedor. Parece una catedral gótica, vacía de fieles, señalada por los cuatro rayos divinos que consiguen tocar suelo entre el espeso palmeral.

La verdad es que tienes la sensación que va a aparecer un Brontosaurio detrás de cualquier espesura. Los ríos y sus cauces de agua acompañan salpicando de sonidos nuestro paseo. La posición de las hojas en forma de flecha dispuestas a recibir y acercar a su tallo cualquier gota de lluvia que el cielo quiera dejar caer. Las imponentes esculturas que dejan los viejos árboles de Coco de Mar al fenecer podridos, petrificados…

Es cierto! Es lo más parecido a la imagen bíblica del paraíso terrenal. No hay serpientes, ni manzanas. Pero esto seguro que se lo inventó el que escribió La Biblia: Esa gran novela best-seller.

Tras varias horas caminando, comenzó el sol a decaer. Y yo a trabajarme al guía para que se saltase, discretamente, las normas establecidas.

Lo que no le convencí con mi dialéctica, le convencieron algunas Rupias.

- Nada, nada, majete. Una ayudita...

Jean Nöel (me van a permitir usar un nombre falso) me impuso la única condición de dormir en una casa de guardas, ya que no se puede acampar. Por supuesto, ni hablar de hacer fuego o utilizar la linterna para no ser detectado.

Esto es como mi país:

Buena Gente + Buenas Ideas + Socialismo + Alguna Corrupción = Óscar Feliz.


Así pasó la noche.

Las estrellas cubrían nuestras cabezas llenando de luz un espacio dominado por el cri-crí de los grillos, el croar de las ranas, el leve murmullo de las hojas de palma mecidas por la brisa marina, el olor del salitre y el tenue, pero musical, tono de voz de Jean Nöel hablándome de las leyendas que rodean al preciado y apreciado Coco de Mar.

Es la única semilla bilobulada que puede llegar a alcanzar los veinte kilogramos de peso. Fue una fruta muy apreciada en la antigüedad puesto que era considerada curativa de enfermedades, antídoto de venenos y, quizás, debido a su extraordinario parecido a la cintura de una mujer, afrodisíaca.

En la relación del viaje de Magallanes en 1.519, se puede leer que, en esta palmera vivían unos enormes pájaros y que, ésta, crecía en medio del Océano, en una isla azotada por las tormentas más allá del Mar de Java (Indonesia).

Otra leyenda afirma que los frutos del Coco de Mar llegaron a las Maldivas arrastrados por la marea creyendo, sus habitantes, que provenían de una palmera submarina.

El misterio es que el Coco de Mar no flota. Se piensa que los habitantes de las Islas Maldivas, al Sur de La India y Sri Lanka, descubrieron la Isla de Praslín y mantuvieron en secreto la existencia de la Vallée de Mai.

Siempre, el Coco de Mar ha sido un fruto misterioso y muy apreciado.

¿Java?, ¿Maldivas? Me parece más razonable que los maldivos ya conocieran la existencia de Seychelles, de la Vallée de Mai.

Cayó la noche, el guía y, caí yo.

Caímos todos envueltos en un halo de mágica y lunática tristeza (como dice Víctor Manuel).


¡Pues sí! Cayó la noche. Se levantó el día. Pero yo, ¡no!

Más tarde de lo debido y, con más miedo a que Jean-Nöel perdiera su puesto de trabajo que, a ser visto por algún guardabosques, comencé a caminar por los caminos de arcilla con cara de turista disfrutando del verde paisaje que nos rodea.

Casi no puedo disfrutar del azul del cielo o de un benigno rayo de sol. La espesura y la altitud de las palmas convierten a este parque en un lugar de sombras y de miles de tonos verdes dignos de la paleta de cualquier renombrado pintor.

A la salida del Parque, tras pasar por la tienda de souvenirs, regresé haciendo dedo hacia mi hotel, dispuesto a descansar y a tomar buena nota de todo lo acontecido en estos dos días.

Un coche "pick-up" a la americana, pero de marca japonesa, hizo caso a mi señal. Digo que el coche me paró porque su conductor hizo caso omiso de la dirección de mi hotel. Antes de montar sobre la chapa del maletero descubierto, me hizo un gesto afirmativo, pero terminé en una lúgubre discoteca sin luz, junto al muelle, en la que sonaban las últimas canciones reagge del momento. Especialmente "Games people play" de Inner Circle.


"Sananaaa nananana nana Sananaaa nanana nana baby you & me yeah, in the games people play …. Sananaaa nanana nana."


No sé cuántas personas había pero, conté en la oscuridad unas sesenta dentaduras tan sonrientes como blancas.

No había mujeres, no había extranjeros. Sólo yo y la tribu.

Decidí salir fuera a tomar el fresco y situarme en el plano. La cercanía de la Marina delató que el hotel se encontraba a menos de un kilómetro del lugar. Mis vísceras hambrientas se retorcían como una serpiente malherida y mi cuerpo reclamaba una buena ducha.

Nada más por hoy. ¡Hasta mañana!

Mis vecinas, las del corral adyacente, se encargaron de la difícil tarea de levantarme. Palmeando paredes encontré el interruptor de una luz y, finalmente, el pomo de la puerta de la habitación.

El sol amenazaba con una jornada abrasiva y en mi mente se dibujaba un próximo destino: La Isla de La Digue.

Embarqué en un catamarán, mitad transporte local, mitad pesquero que iba a recorrer esta corta ruta. Partimos rumbo a La Digue con la mar en calma chicha y una suave brisa que no llegaba a fuerza uno.

Praslín queda atrás. Desde el mar parece más grande de lo que, realmente, es. Pero, menos hermosa.


La Digue aparece en el horizonte … Si, dibujada limpia y delgada, iluminada en por el sol casi en su totalidad, como dice Vidondo. Juro que no sabría definirlo mejor, ni con tanta belleza. ¡Si! La Digue era como una mujer con olor a barro árabe, a té verde, a cocotero, a pachulí, a ylang-ylang: Olía a esa frescura femenina que tiene el clavel recién regado. Olía a ese perfume de mujer bella, de mujer coqueta, a Lulú, a Dolce Vita, a Dolce & Gabanna…

Caminando por sus senderos de arcilla pisada, cruzándome con carros de bueyes conducidos por los veteranos taxistas isleños (en la isla es el medio de transporte más habitual junto con la bicicleta. Están prohibidos los vehículos a motor, sólo existen doce con licencia para circular desde el año 1.994).

Recuerdo escenas de películas idílicas a lo Bo Derek (mira que es fea esa tía). Dicen que aquí fue rodada una de sus películas más famosas …


Llego a mi alojamiento. El Hotel La Digue Lodge es algo difícil de superar. Sobre una playa de fina arena blanca salpicada de algas, troncos de palma y restos de coral, han levantado cabañas de madera, decoradas con exquisito gusto y sencillez. Una pequeña buhardilla a la que se accede por una escalera de madera a juego. Edredón, sábanas limpias, ventilador y baño privado. Un lujo en el paraíso de lo modesto, lo natural y lo sencillo. Este hotel con cabañas en forma de A, con el tejado hincado en la misma arena, es de ensueño.

Ya, en bici, continué por el camino que me trajo aquí, pero en la dirección no recorrida. Buscaba esa playa de postal donde al día siguiente iban a fotografiar a las modelos de Playboy.

Prefiero ir hoy. Prefiero estar solo y disfrutar de este bonito momento de intimidad y retiro siempre deseado y, a veces, tan necesario.


La verdad, es que tampoco me llaman mucho las chicas Playboy, pero la isla estaba revolucionada.(Claro, aquí no tienen Internet) Así que, como siempre, contra dirección y contra gustos.


Un habitante de la isla, del que pendían dos murciélagos de la manga de una camisa, me indicó que me había pasado de mi playa. Así que regresé sobre mis pasos, pensando en aquellos afortunados murciélagos tan añorados en las cazuelas de las cocinas locales.


¡¡¡Santo Dios !!! ¿¿¿ Cómo puede existir este sitio???

¡¡¡ Qué playón !!!

¡¡¡ Imagínate …. !!!

¡Rocas graníticas perfectamente moldeadas por el Océano, sus olas, su sal !

Arena blanca, suave, fina … ¿Coral, quizás ?

¿ Conchas…? ! No sé! ¿Cuántas quieres ?

¿Qué hago? Si me baño y buceo, me pierdo el espectáculo. Si disfruto del espectáculo no buceo. ¿Es posible que halla algo más bonito bajo las aguas del Océano?

No lo sé a ciencia cierta.

Lo que si sé, es que estoy pasmado. Que tengo que volver aquí, pero enamorado, con mi pareja. Este lugar no lo merezco disfrutar yo solo.


La playita en cuestión se llama Anse Source D'Argent. Creo que es tan famosa, que nadie viene a disfrutarla. Parece un escenario pintado de Hollywood. Sólo vienen a grabar anuncios, portadas de revistas y fotos de top-models. Pero, no es mi caso. (a pesar de este cuerpo de Tarzán que tengo)

Tras unas horas jugando con el fuerte oleaje, conseguí convencerme que tenía que volver a la playa a secarme.

Tenía las manos como una vieja de lo arrugadas que estaban. Las sentía como si me hubiera ido de viaje a Benidorm con el Inserso.

De regreso a esa soñada cabaña con forma de A, tras una ducha para quitarme la sal, y una buena cenita, comencé los trámites necesarios para continuar el viaje hacia un nuevo destino dentro del país…

Esta vez, se llama Aldabra.

Tras tres días de navegación hacia el Sudoeste topamos, de una forma muy intencionada, con esta bellísima isla que, alberga la mayor laguna de agua salada del mundo: Veinticinco kilómetros de largo.

Aldrabra, es un atolón coralino compuesto, permanentemente, por tres islas (más las que emergen o se sumergen dependiendo del capricho de las mareas).

La laguna sólo tiene un metro de profundidad, por lo que nos vimos obligados a anclar fuera del arrecife para poder disfrutar de los islotes, conocidos como Islas-Champiñón, donde se aposentan los "rachorcados" unas increíbles aves acuáticas que inflan su buche antes del apareamiento. (Una práctica, la de inflar el buche, poco recomendable para la especie humana. Puede producir hipo y enrojecimiento facial.

La verdad, es que el pájaro es único. Dicen que procede del Sudeste de La India, del área de Bombay. Tienen el pico largo y amarillo. El plumaje verde. Y, claro, como todo lo bonito, es especialmente escaso.

Los rachorcados atacan a otras aves para quitarles la comida. Mientras, el drenaje del atolón hace que la navegación en nuestras pequeñas zodiac se complique bastante. Tememos rozar la hélices. Pero, nos ha dado tiempo, antes de regresar al barco, a disfrutar de otra especie en extinción.

Los rascones, un ave endémica que, además, desde que desapareció el mítico Dodó de Isla Mauricio, se ha convertido en la única ave no voladora del Indico. El rascón, no ha aprendido la lección. Es afable y confiado. No tiene enemigos depredadores … pero, como el Dodó, no contaba con el hombre…

Finalmente, navegamos a remo. Sabía que algún día me iba a tocar dar palas… El coral del fondo marino golpea incesantemente el casco de nuestra embarcación. Hemos tenido que levantar el motor para evitar males mayores.


Los manglares nos van cubriendo y, cada vez, tenemos menos luz.


Acojonado me hallo. Y nadie quiere compartir mi sensación (aunque más de uno tiene los cataplines a la altura de las amígdalas).


El calor y la humedad, casi un noventa por ciento, hace el ambiente irrespirable. Esta es mi tercera camisa hoy y ya estoy harto.

Como siempre: Óscar, tú decides. O ves el reportaje en "La 2", o lo disfrutas en persona. Así que, sin camisa, pecho de toro y a aguantar el chaparrón. ¡Que luego te quiten lo baila'o!

En el espeso manglar, estamos buscando tortugas… ¡gigantes, claro!

Ahí hay una joven. Sólo tiene cuarenta y cinco años y pesa unos treinta y cinco kilos. ¿Joven? !Podría ser mi madre!

Se aparean e incuban huevos durante diez o doce semanas y esto sucede entre los meses de Octubre y Diciembre.

El apareamiento es espectacular.

El ruido de las conchas parece el público de "El Semáforo" cuando alguien canta mal y hacen sonar las cacerolas.

Al igual que en los troncos de los árboles, la edad de las tortugas se puede calcular por los anillos que muestran en sus conchas. Lo malo es que te toque la de ciento cincuenta años y, hay quien dice, que viven hasta doscientos años y llegan a pesar doscientos cincuenta kilogramos.

Y ahora, muy en serio.

Las Islas Seychelles, fueron colonia británica hasta 1.978. La "civilización", los americanos, intentaron construir aquí, en Aldabra, una base militar. Hoy, estas islas son, gracias a dios, Patrimonio de la Humanidad, Gracias a que estos señores no consiguieron una financiación suficiente para llevar a cabo su proyecto.

Nada más que decir. Nada más que añadir a este respecto.


Continuamos navegando.

En el diario de abordo, calma chicha, con derrotero hacia las Comores y, poco más … hasta que una tormenta dirigió el cascarón hacia donde quiso.

Lógicamente, tratamos de costear lo máximo posible para no perder el rumbo, esquivando las áreas de arrecifes y las enormes olas que llenaban la cubierta de la goleta de agua y espuma …

Terminamos en Inhambane, Mozambique… o eso creo.

(C) ÓSCAR QUIRÓS, FEBRERO 1.995



Epílogo

"Yo, he visto cosas que vosotros no creeríais.
Atacar naves en llamas más allá de Orión.
He visto Rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tanhaussen.
Todos esos momentos se perderán ... en el tiempo...,
como lágrimas en la lluvia.
Es hora de morir."
Monólogo de Nexus VI, de la película "BLADE RUNNER".
- - - X X X - - -
"Yo, sólo so yo, cuando estoy sólo" (Miguel Hernández)
- - - X X X - - -
" Amada, madre amada:
No me digas que hable de la muerte...
morirse no es pecado.
Al fin y al cabo, todo el mundo muere.
El pecado es no vivir."
- - - X X X - - -
"Padre:
No hay amor que esté sólo,
ni que acabe con la muerte."
- - - X X X - - -
"Lo importante es amar
no a quién se ama." (Antonio Gala)
- - - X X X - - -
"Dicen que todos los caminos llevan a Roma, pero...
Roma, no es imprescindible."
- - - X X X - - -
" La ciencia da años a la vida,
no vida a los años," (Antonio Gala)
- - - X X X - - -
" La sonrisa cuesta menos que la electricidad
y... alumbra más"

Glosario

Anse.
En francés, Ensenada.
a.n.e. Antes de nuestra era.
Baie. En francés, Bahía.
Bay. En inglés, Bahía.
Best-seller. En inglés, Lo mejor vendido.
Credit Cards. En inglés, Tarjetas de Crédito.
Derrotero. Término marinero que se utiliza para designar el rumbo establecido de la embarcación.
El Semáforo. Conocido concurso de televisión en el que los participantes cantan y el público demuestra su conformidad o no, haciendo sonar cacerolas de cocina.
Île. En francés, Isla.
Inner Circle. Grupo musical de origen jamaicano, afincado en Suecia.
Inserso. Instituto de Servicios Sociales español, que entre otras funciones, sortean viajes de bajo costo a la playa para los mayores de 65 años.
La 2. La segunda cadena de la televisión estatal española que difunde frecuentes documentales en su programación diaria.
Mini-Moke. Automóvil británico de la marca Rover muy frecuente en las Islas Seychelles.
Morne. En francés, Pico, montaña.
Mr. Bean. Conocido personaje humorístico creado e interpretado por el actor británico William Atckinson.
Oxy-car. Taxi típico de las Seychelles, tirado por bueyes.
Parisienne. En francés, nativo/a de París.
Pick-up. En inglés, Término utilizado para designar a los automóviles de tracción total semitechados, con un amplio maletero descubierto.
Seychelloise. En francés y criollo, procedente, nativo/a de Seychelles.
Shower. En inglés, ducha. También se utiliza para denominar a las esporádicas lluvias torrenciales breves.


Bibliografía

Amsler, Jean, Historia universal de las exploraciones, Tomo II. Ed. Espasa-Calpe S.A., Madrid. 1.989.

Burac, Maurice. La Tierra un planeta espectacular. Ed. Reader's Digest S.A. de C.V., México, 1.995.

Camerapix Publishers International, Spectrum guide to Seychelles. P.O. Box 45048, Nairobi, Kenya, 1.993.

Corporación de Turismo de Venezuela. Venezuela, El secreto del Caribe. Caracas, Venezuela, 1.990.

Hereter, Roman. Artículo "Santa Lucía, calma antillana." Revista Viajar. Num.126 Ediciones Mensuales. Madrid, 1.996.

Insight Guides, Barbados. APA publications (HK) Ltd. Hong Kong, 1.998.

Maes Galindo, Pablo. Canaima. Hoturvensa, Hoteles y Turismo Avensa S.A.,Caracas, Venezuela, 1.989.

Quirós Romero, Óscar. Artículo "El Tíbet Andino." Revista Soy Mágica. Num. 2. Madrid, 1995.

Sekino, Yoshinaru. Canaima. Colección Rincones del Mundo. Grupo Anaya S.A., Madrid, 1.991.

Stanford, Emma. El Caribe y Miami en crucero. Ed. Granica S.A. Barcelona, 1.996.

Varios, Highlights of the Caribbean. Ed. Berlitz Publishing S.A. 3rd Edition. Laussanne, 1.990.

jueves 27 de septiembre de 2007

Miaccum - Cuando Madrid sabía latín

MIACCUM (Collado Mediano):
Cuando Madrid sabía latín.

Por Óscar Quirós Romero.

Nombre del yacimiento:
El Beneficio-Miaccum.
Localidad: Collado Mediano (Comunidad de Madrid).
Descripción: Posada, termas, caballerizas y calzada romana (S. I al V d.n.e.)
Cartografía: S.G.E. 1:50.000;
Aproximación: Partimos de Madrid por la carretera AP-6 con dirección a A Coruña. En Villalba (AP-6, Kilómetro 37), se toma el desvio señalizado hacia el Puerto de Navacerrada (N-614). Llegamos a una rotonda en la que se toma el desvío a la izquierda con dirección a Collado-Mediano. (Kilómetro 47). Llegados a la rotonda de acceso a la Urbanización La Dehesilla parte hacia la derecha una pista forestal que nos conduce hasta el Centro de Interpretación del Yacimiento (500 metros)
Duración: 1 hora.
Distancia: 0'5 kilómetros.
Dificultad: Nula. (Apta para niños).
Visitas Guiadas: Todos los Viernes de Julio, Agosto y Septiembre, previa reserva. (Tel: 918.598.105 Ext. 22). Turnos de Visita: 10h00 y 12h30.


Hace escasos meses, una grata e inesperada noticia llegó a mis oidos. Primero como un murmullo. Luego, como un reververante eco. Y, a medida que he ido recopilando información y podido visitar repetidas veces el recientemente hallado yacimiento arqueológico, se ha convertido en una nueva obsesión. En otro apasionante reto personal.

Resulta que, en medio de una deliciosa dehesa de la Sierra de Guadarrama, entre centenarias encinas, jaras pringosas y extensas praderas donde pacen los apacibles terneros serranos entre cercas de granito y espesos matorrales, se han hallado recientemente los restos romanos más importantes encontrados en la Comunidad de Madrid: La mítica Miaccum.

Una mansio (posada) perdida en el tiempo y en los mapas, parada y fonda de soldados, viajeros, comerciantes y civiles que viajaban en la ruta que unía Segovía con Titulciam (1) atravesando la, siempre áspera, cordillera carpetobetónica por el Puerto de La Fuenfría (en las cercanías de Cercedilla), entre bosques de pino albar y acebos, nieves casi perpetuas, gélidas aguas transparentes procedentes de las cumbres de los Siete Picos e inclinadas pendientes que debían causar mil y una penurias a humanos y a bestias, tanto a las fornidas piernas de un rudo legionario romano, como a los sufridos cascos de cualquier domesticado equino - Acuérdese que los caballos no llevaron herraduras hasta bien entrada la Edad Media-.

(1) Nota del autor: A la también mítica Titulciam, no encontrada hasta la fecha, se la presupone una mansio de mayor importancia que a Miaccum, ya que no sólo es la posada siguiente en el itinerario XXIV, sino también porque enlazaba a nuestra vía con la XXV, XXVI y XXIX, es decir, Segovia - Miaccum - Titulciam enlazaba con vías de mayor tráfico como:Titulciam - Toletum (Toledo), Titulciam - Complutum (Alcalá de Henares) - Caesar Augusta (Zaragoza) y Titulciam - Vico Cuminario (El Caserío de Milla, situado al Sur de Quijorna y Brunete). Los últimos estudios situan a Titulciam en el paraje conocido como "Casa Quemada" situado entre los términos de Las Rozas y Aravaca (próximo a la Urbanización La Florida - Autovía AP-6, Km. 15'00). En todo caso, esta posible ubicación no está del todo probada y puede ser rebatida en el futuro.


El descubrimiento no ha sido fruto de la casualidad. Los más ancianos del lugar nos señalaban que en aquella zona de la dehesa de Collado Mediano, de camino a la vecina Alpedrete, en la senda forestal conocida como "Los Barrizales", muy cerca de donde los Espinosa guardan y alimentan a sus reses, existían una ruinas "anteriores a los moros"... Pero...

... toda nuestra historia comenzó en el último tercio del Siglo XVIII, cuando el Párroco de Collado Mediano - D. Ricardo Fernández - desvela los espectaculares hallazgos realizados en las afueras de la población en una misiva dirigida al Padre José Francisco Isla. Entonces, y aún hoy, la zona era prolífica en vastos y fértiles prados, afloraciones esporádicas de frescos manantiales y enormes canteras de piedra granítica. En una de esas excavaciones al aire libre salieron a la luz unos pequeños restos de aparente escasa importancia. El abandono, la erosión y los sedimentos fueron ocultando poco a poco el yacimiento, permitiendo así su conservación hasta nuestros días.

Pasaron los años y las ruinas se mantenían semienterradas mientras el ganado y los excursionistas continuaban su camino sin prestarlas atención. Los montículos que ocultaban los restos se convirtieron, a principios de los años 90, en un circuito de aficionados al motocross donde chavales, como mi hermano Miguel Ángel, Pedro "Pedales" González o Juanma Carrión, iban a saltar con las motos con premeditación, alevosía y algo de locura.

No fue hasta el año 2.002, cuando el todavía alcalde de la localidad, D. Juan Carlos Bustos, decidió crear un Servicio Municipal de Arqueología con fondos íntegros procedentes de las arcas locales. El emprendedor grupo de arqueólogos realizó diversos sondeos hasta comprobar que existían lienzos de una calzada romana, de entre cuatro y siete metros de anchura, que atravesaban el término municipal; que parte de esa calzada se había perdido cuando se realizaron las obras para instalar el alcantarillado de esta modesta población; y que, sobre otra parte de su probable trazado, circulaba el tren de cercanías que une Madrid Capital con Segovia.

Ciertamente, no deseo crearles falsas expectativas. Ni siquiera apelar a su curiosidad para venderles la excursión al, siempre recomendable, municipio de Collado Mediano. Los restos hasta ahora descubiertos no contienen ningún aliciente para el viajero curioso. No hay grandes construcciones, ni obras de arte, ni generosos mosaicos policromados. Es más, el recinto se encuentra protegido por una valla metálica para evitar expoliaciones y actos vandálicos. Más bien, todo lo contrario. Lo hasta ahora excavado no contiene, ni más ni menos, que un valor incalculable para los arqueólogos, los cartógrafos de historia antigua y los más apasionados estudiosos de la Hispania romana, ya que supone el replanteamiento del trazado "oficial" propuesto hasta la aparición de este yacimiento.


Imagen del Yacimiento de Miaccum desde su cara Sur.


Lo que nos vamos a encontrar son las ruinas de un modesto edificio de estructura cuadrangular, que fue destruido y reconstruido por tres incendios sucedidos entre los Siglos I al V d.n.e. (la sucesión de reconstrucciones nos pueden dar una idea de lo estratégico de su posición y la necesidad continua de su existencia para el abastecimiento y descanso de los viajeros). Tiene un perímetro de unos 15 metros cuadrados - aunque se especula pueda alcanzar más de 200 metros cuadrados -, mostrándonos claramente una entrada, dos habitaciones, una cocina, el praefurnium (el horno donde se producía el vapor de agua que circulaba por las tibuli (tuberías de terracota que recorrían las cámaras subterráneas del hypocaustum y las paredes huecas de las cámaras) y unas pequeñas estancias dedicadas a Termas con un caldarium (habitación con baños de vapor de agua caliente), un tepidarium (estancia de ambiente templado donde los bañistas descansaban y se aplicaban unciones) y una natatio (pequeña piscina de agua fresca). Los suelos, pobres en materiales (al igual que el resto del edificio y los utensilios encontrados) eran de Opus signinum (barro apisonado mezclado con cal y fragmentos de cerámica) se levantaban sobre el hypocaustum (suelo hueco por el que circulaba el vapor de aire que procedía del horno anexo) y tenían el suficiente grosor como para poder caminar sobre él sin quemarse las plantas de los pies. Añadir, que salvo las monumentales Termas Públicas de algunas grandes ciudades imperiales, este tipo de edificaciones eran privadas y había que pagar una mínima cantidad para poder hacer uso de sus servicios.

De la utillería encontrada entre los restos del derrumbe, notar que se han encontrado cientos de piezas de vajilla, de escaso valor económico, y algunas monedas. De todo ello, la pieza más llamativa y rica es una lujosa vajilla realizada en terra sigillata (cerámica romana barnizada en tono rojo brillante) empleada, seguramente, para ocasiones y visitas especiales. También han salido a la luz restos de ánforas, platos, ollas y otros utensilios de cocina, además de grandes recipientes donde se conservaban el trigo, las legumbres y otros alimentos no perecederos.




Pero, y me vuelvo a reiterar, lo interesante no está aquí. De la extensa red viaria que acometieron los romanos en Hispania, destacan las principales Vías que unían las zonas costeras, las rutas fluviales (Miño, Duero, Ebro, Tajo, Guadalquivir y Guadiana) y las áreas de extracción minera con la metrópoli a través de los Pirineos y la Galia. De estas Vías Principales (como la Augusta y Hercúlea, la Vía del Norte, la Vía de la Plata, la Meseteña - que pasaba por Segovia - o la del Atlántico), partían numerosas carreteras secundarias facilitando así, no sólo el tránsito de personas y el comercio, sino también, la imparable romanización de los pueblos indígenas peninsulares.

Lo que convierte realmente a este descubrimiento en único es que nos obliga a replantearnos el trazado, hasta ahora supuesto, de la Vía Secundaria XXIV del Itinerario que el déspota y sanguinario Emperador Marco Aurelio Antonino (2), recoge en aquel reconocido - que no exacto - "Atlas de Carreteras del Imperio Romano" que mandó redactar. Aquella enorme empresa debía recoger toda suerte de datos tales como distancias kilométricas, accidentes geográficos, poblaciones y posadas, para que los usuarios pudieran planificar perfectamente las previsibles etapas de su viaje, como una primitiva Guía CAMPSA.

(2) Nota del Autor: El Emperador Marco Aurelio Antonino, de la Dinastía de los Severos y apodado "Caracalla", gobernó el imperio entre los años 211 y 217 d.n.e. Entre sus escasos logros destaca la promulgación de la Constitutio Antoniniana, a través de la cual se le concedió la ciudadanía romana a todos los habitantes libres del Imperio Romano. Murió asesinado.

En Cercedilla, sobre uno de los tres puentes romanos que preceden a la dificultosa subida al Puerto de la Fuenfría, están localizados dos "miliarios", los mojones con los que los romanos señalizaban los caminos. En uno de ellos, el del Puente de la Venta de Santa Catalina (descubierto en 1.906 por el Ingeniero Don Alberto Martínez) aparece que la distancia desde el miliario hasta Segovia es de 17 millas romanas. Los romanos situaban sus mojones cada 24 millas (1 milla romana equivale a 1.480 metros. Es decir que 24 millas romanas suponen unos 35 kilómetros). Pues bien, la sorpresa salta cuando el equipo de arqueólogos mide la distancia desde el "miliario" de Cercedilla hasta los restos de "El Beneficio":

¡¡¡La distancia exacta es de 7 millas romanas!!!

Segovia - Puente de la Venta de Santa Catalina: 17 millas
+ Puente de la Venta - Miaccum: 7 millas.

Es decir: ¡¡¡Exáctamente 24 millas romanas desde Segovia a Miaccum!!!


Ahora se trata de configurar la nueva Ruta XXIV Antonina ya que parece poco probable, con la meticulosidad que los romanos trazaban sus carreteras y diseñaban sus obras civiles, que excogieran parajes tan llenos de accidentes naturales y tan frecuentemente atravesados por los afluentes naturales que vierten sus aguas al Río Guadarrama, como el propuesto hasta la fecha (Segovia - La Fuenfría - Los Molinos - Guadarrama - El Escorial). Así Jiménez Guijarro nos propone que la Ruta XXIV parte desde Segovía al Puerto de La Fuenfría hasta llegar al Miliario del Puente de la Venta de Santa Catalina. Desde allí, continuaría por el cordel de ganado, paralelo al Río de La Venta por su márgen izquierda, hasta las proximidades de la Ermita de Santa María y su desembocadura final en el Río Puentes. Continuaría paralelo al Cerro de la Peña del Sol, el Collado de la Peña del Guijo y en la ladera de Jarahonda, paralelo al Arroyo de La Ventilla hasta los Pajares de San Juan. Hasta este punto coinciden el camino ganadero medieval con la antigua vía romana. Y coinciden, también, los autores Espinosa Montalvo (3) y Jiménez Guijarro. Desde los Pajares de San Juan, nos propone J.J. Guijarro, partiría un camino de 2 millas romanas hasta la mansio de Miaccum, el lugar de descanso tras una ardua jornada de descenso alpino por unos parajes inseguros y poco protegidos, con bajas temperaturas y plagados, probablemente, de salteadores de caminos.

(3) Nota del Autor: Resultan también reveladores los datos que Javier Espinosa Montalvo publica en 1.996, en el libro "Historia de Collado Mediano", del que es autor y editor, sobre la Cañada ganadera que conducía hasta bien entrado el Siglo XVI desde la citada población hasta el Puerto de La Fuenfría (Cercedilla).




Tras el amanecer y el merecido descanso del caminante, la calzada romana continuaría paralela al Arroyo de Los Linos, siguiendo el Camino Real, por Fuente Vallejo y Los Labajos, hasta los lienzos de calzada romana que aparecieron en Casrrama, en las cercanías de Galapagar y el miliario localizado al paso del Río Guadarrama entre los límites municipales de Galapagar y Torrelodones por Blázquez y Sánchez Albornoz. Una vez atravesado el Río, la Vía debería continuar por su márgen izquierda hasta concluir en la Posada de Titulciam.

Otros datos de vital importancia para nuestro estudio son que esta nueva configuración de la ruta que nos propone Jiménez Guijarro, ya estaba en uso en época prerromana dada la cantidad de asentamientos de la Edad del Hierro (poblaciones celtíberas de la tribu de los carpetanos) que se encuentran en sus proximidades. Y también, mencionar, la enorme probabilidad que, desde Miaccum, partiera otra Vía Secundaria en dirección hacia Arriaca (Guadalajara) para enlazar con la Vía de Caesar Augusta (Zaragoza). Nuevos hallazgos descubiertos en El Boalo, Manzanares El Real, Colmenar Viejo y Talamanca así nos lo hacen presuponer, ya que evitaría un recorrido de muchas millas hacia el Sur para volver a tener que ascender hacia la Tarraconensis.

Enlazado todo este puzzle de datos, que habían permanecido inconexos durante dos milenios, es inexorable que, en Collado Mediano, en el yacimiento arqueológico de "El Beneficio", nos hallamos ante la mítica "Miaccum". Ahora nos queda esperar. Esperar a que autoricen nuevas temporadas de excavaciones. Desear que se abra definitivamente al público el Centro de Interpretación del Yacimiento. Implorar para que sigan apostando las Corporaciones Municipales de nuestro país que, como Collado Mediano, apostaron desde el principio por este proyecto revelador, por destapar la verdadera historia, patrimonio y riqueza de nuestro país, por despejar algunas de las incógnitas que permanecían acechantes a ser reveladas por un grupo de estudiosos apasionados de la arqueología y la historia.

Quiero desde aquí, mandar mis felicitaciones, tanto al equipo de arqueólogos que han trabajado tan arduamente en este proyecto, como a la anterior corporación municipal. Y, no sólo por haber aportado fondos y esfuerzo en la localización, identificación y excavación de estos restos, sino por haber tenido que luchar y soportar durante varios años las presiones interesadas de historiadores "tradicionalistas" (algunos muy conocidos) que, primero, trataron de negar lo evidente y destruir el proyecto con artículos ofensivos y descalificadores y, posteriormente, registrar y apuntarse a su nombre el hallazgo realizado por un modesto equipo municipal de arqueólogos, estudiosos de la historia aficionados y ancianos lugareños, que sin su entrega, estudio y aportación de documentación y viejas tradiciones orales, de forma totalmente desinteresada y anónima, han conseguido desvelar el trazado real de esta perdida Vía Antonina.

Finalmente, hacerles llegar un pensamiento que ronda de forma continua por mi mente. En este año 2.007, hace exactamente veinte años que, mi familia y yo, nos trasladamos a vivir a Collado Mediano. También cumplo el vigésimo aniversario desde que me inicié en la profesión del Turismo. Veinte largos años por los que he recorrido el planeta buscando entre los habitantes de cada nación, de cada etnia, el más mínimo vestigio de su pasado.
Al final, resulta que, paradojas de esta maldita pero apasionante vida... llevo veinte años durmiendo a menos de un kilómetro del yacimiento romano más buscado y más importante descubierto hasta la fecha en la Comunidad de Madrid. Todavía hoy, varios meses después de mi primera visita al conjunto arqueológico de El Beneficio, continuo perplejo disfrutando de esa extraña sensación.

¿Y entonces? - me pregunto - ¿Qué llegaremos a sentir si un reconocido equipo de arqueólogos nos confirma la autenticidad de las ruinas visigodas que estamos investigando en nuestro Lago de Bolarque??? Ojalá, se lo pueda contar algún día no muy lejano.

Más información sobre Miaccum:
- http:\\www.colladomediano.es

Referencias e información sobre el artículo:
- Elliot, Julián. "De Iberia a Hispania". Artículo publicado en la Revista Historia y Vida, Año XXXVI, Num. 435, pag. 43-51.
- Espinosa Montalvo, Javier. "Historia de Collado Mediano". Editado por el Autor. Madrid, 1.996.
- Jiménez Guijarro, J. "Miaccum: En busca de la mansio perdida". 2.006
- Liberati, Anna María y Bourbon, Fabio. "Roma Antigua". Col. Grandes Civilizaciones del Pasado. Ed. Folio. Barcelona 2.005
- Sánchez, Esther. "La huella de Roma aparece en Collado Mediano". 2.005
- Sánchez, Juancho. "Madrid completa el camino a Roma. El "Miaccum" de Collado Mediano". 2.005.

Otros datos y artículos del autor:
- http:\\loscuadernosdeoscarquiros.blogspot.com
- http:\\ciudadanoquiros.blogspot.com

Óscar Quirós es Técnico en Empresas y Actividades Turísticas, Socio Honorífico de la A.C.L.B., colaborador habitual de la Revista "Lago y Montaña" y Miembro de la Sociedad Geográfica Nacional Norteamericana desde 1.998.

© Óscar Quirós Romero, 2.007.

viernes 27 de abril de 2007

Entrevista publicada en Nueva Alcarria (03.03.2007)

"Los datos demuestran la presencia celtíbera, visigoda y romana en el Lago de Bolarque" (Óscar Quirós, historiador aficionado).

Quirós presentará toda la documentación sobre éstas y otras afirmaciones descubiertas con su investigación, a las 19.00 horas en Casa de Guadalajara en Madrid.

Por Miriam Pérez. PROVINCIA.

A pesar de ser titulado en Turismo y Fisioterapia, Óscar Quirós se confiesa amante de la memoria histórica. Aventurero y comprometido con la sociedad, este historiador aficionado lleva más de veinte años investigando y viajando por el mundo "descubriendo" la riqueza de las grandes culturas. Esta tarde, será el encargado de poner sobre la mesa la historia premedieval de la zona del Lago de Bolarque.

- Tras casi veinte años dedicados a viajar y a la investigación sobre culturas distintas a la Occidental, ¿Qué cuestiones te han sorprendido más de todas las descubiertas?

Lo que primero te sorprende es la realidad diaria que se sufre en la mayoría de los países. Recordemos que somos la Octava potencia económica del mundo, y las diferencias sociales están dramáticamente marcadas en la mayoría de las sociedades. Lo siguiente es que nuestra civilización no es, ni por asomo, una civilización superior a las demás, más bien, todo lo contrario... tenemos mucho que aprender de otras sociedades, de otras culturas, de otras religiones, de otras filosofías y formas de entender la vida. Los occidentales sólo nos fijamos en el poder de adquisición de los demás, sin darnos cuenta que, en ese frenético camino que nos lleva al consumo, dejamos de lado otros valores fundamentales como son la solidaridad o la familia. Puedes visitar la aldea más recóndita y paupérrima del Amazonas que a tu paso solo encontrarás niños con una sonrisa de oreja a oreja jugueteando a la orilla de un rio. Personas que te cautivan con una mirada profunda y sincera, alejada de toda maldad. Y eso te lleva a pensar que el hombre más feliz del mundo no es el que más cosas tiene, sino el que menos cosas necesita. No tienen DVD, ni video-consolas, pero son felices nadando con una nutria, ayudando a su madre a recolectar yuca, o acompañando a su padre en busca de alimento. De verdad, te hace plantearte si la vida que estamos llevando aquí es la más correcta y te hace meditar sobre si, ciertamente, es esta la mejor filosofía de vida que queremos para nuestros hijos.

- ¿Cual es tu próximo objetivo?

¿Mi próximo objetivo? Tengo varios en mente, pero sin un orden cronológico establecido.
Lo primero es ver editado mi libro sobre la Historia del Lago de Bolarque, que lleva más de un año escrito. El Ayuntamiento de Almonacid de Zorita se ha comprometido a publicarlo tras las próximas elecciones municipales por lo que, personalmente, les estoy muy agradecido.
Por lo demás, tengo el deseo de regresar en breve a Bolivia, donde ha habido unas inundaciones terribles y la población, especialmente, la infantil necesita de lo más esencial. Es una emergencia reponer las infraestructuras básicas como son la vivienda, las escuelas, el agua potable y un correcto abastecimiento sanitario. El estado boliviano, desgraciadamente, no tiene en este momento capacidad suficiente para afrontar la situación de emergencia por si solo.

- ¿Qué función juega la historia en nuestras vidas?

La memoria histórica debe ser siempre un referente para una sociedad culta. La búsqueda de la verdad histórica nos conduce a guardar lo bueno que se ha hecho en el pasado, para poder seguir su ejemplo y continuar por ese camino hacia la felicidad y la armonía. Pero, sobre todo, debemos tener presente los errores cometidos para que no vuelvan a suceder en el futuro. Naturalmente, hablo de guerras, genocidios, injusticias, desigualdades, etc... No hay mayor enemigo de una dictadura que una sociedad culta y educada en libertad.

- Centrándonos en la Conferencia que impartirás en la Casa de Guadalajara en Madrid, ¿Cuál será el objetivo de tu comparecencia?

Lógicamente, existen varios objetivos. En primer lugar, dar a conocer los nuevos yacimientos arqueológicos aparecidos en nuestra comarca y ofrecer una nueva visión de la historia, hasta ahora oculta por diferentes intereses políticos. Hasta la fecha, abres un libro de Historia de Guadalajara y parece que todo lo que ha acontecido aquí, ha sucedido tras la reconquista cristiana, cuando lo cierto es que nuestra tierra ha estado permanentemente poblada desde la época prehistorica. Luego se sucedieron los celtíberos, los romanos, los visigodos y la época musulmana. Todos estos acontecimientos históricos forman el pilar de nuestra sociedad actual, ya que sin ellos, no se podría entender el sentimiento de cohesión nacional de los españoles, ni el sincretismo de razas, culturas y religiones que constituyen hoy la realidad española e iberoamericana. El otro objetivo es evidente, la intención de dar a conocer nuestra comarca, muy olvidada en las rutas turísticas habituales, de estimular vuestro apetito viajero y de demandar un mayor apoyo de las instituciones, públicas y privadas, a la investigación, preservación y difusión de todo este legado cultural.

- Dentro de tu investigación, ¿Qué datos son los que más te han sorprendido?

Sinceramente, yo no soy más que un Técnico de Turismo, aficionado a la historia y la arqueología, enamorado de un bellísimo Lago al que llaman Bolarque. Lo que más me ha llamado la atención es la falta de coordinación y comunicación entre las distintas Universidades y los mismos historiadores contemporáneos. Yo no he descubierto nada nuevo, nada que no se halla escrito antes. Lo único que he hecho es recopilar toda esa información desperdigada y unirla en un relato coherente, en el que se aporta la documentación necesaria para demostrar la existencia de una fuerte presencia celtíbera y romana en nuestro territorio, la existencia y destrucción en una de las múltiples guerras civiles visigodas de la Recópolis de Buendía, el traslado de los supervivientes a la Recópolis de Zorita y la ocupación "pacífica" de nuestro territorio por parte de la alianza hispano-musulmana (los witizanos) de esta Nueva Recópolis de Zorita tras derrotar al grueso de las tropas favorables al Conde rebelde Don Rodrigo en la Bética. Por lo tanto, existieron dos Recópolis (eregidas en diferentes momentos de la historia) y existe un increíble legado monumental, cultural, tecnológico y militar hispano-musulmán en nuestra comarca (Zorita, Almonacid, Alcocer, Huete y Uclés).

- ¿Cuál es el origen de la zona del Lago de Bolarque? ¿Cómo llegaste a él?

La verdad es que todo ha sido una conjunción de casualidades, lecturas y mucho tiempo de estudio. Han sido tres largos años de investigación y recopilación de datos, de visitas "in situ", de intercambio de opiniones con arqueólogos, historiadores y paisanos que, en definitiva, son los más y mejor conocen su tierra. Fue, el longevo y ya desaparecido Pepe Toyos de Buendía, el que me comentó hace veinte años que al acabar la Guerra Civil Española se vió obligado a refugiarse en la Sierra de Enmedio, en las Ruinas de Recópolis. Su información no terminaba de cuadrarme ya que, simultáneamente, el Profesor Lauro Olmo estaba comenzando su espléndida labor arqueológica en lo que ya es una realidad: El Parque Arqueológico de Recópolis de Zorita de los Canes. ¿Entonces? ¿Qué eran aquellos cientos de casas en ruinas? ¿Porqué alguien había ordenado levantar una ciudad amurallada en un lugar tan abrupto y tan poco dispuesto para la agricultura y la ganadería? La curiosidad por aquellos restos de civilización se disparó tras el devastador incendio que asoló nuestra sierra en Agosto de 2.004. La vegetación, hasta entonces exhuberante, desapareció por completo y nos permitió aproximarnos a aquellas misteriosas ruinas. De la mano de la Asociación Cultural Lago de Bolarque, a la que pertenezco, y con la colaboración y el interés de personas afines como D. José Carlos Tamayo, Luis Usano o Emilio Villellas fuimos, poco a poco, recopilando los datos que me han servido, finalmente, para hilvanar la historia de la comarca. Aunque lo cierto es que, nosotros, somos meros aficionados y poco más podemos aportar. Lo lógico es que, a partir de ahora, la Junta de Comunidades se haga cargo de la Recópolis de Buendía, como un anexo necesario al Parque Arqueológico de Zorita. Que proteja las ruinas, realice una cata arqueológica y ponga en manos más expertas que las nuestras los hallazgos que allí se produzcan para evitar el expolio arqueológico y la especulación de los terrenos sobre los que se asienta la ciudad.

- José Carlos Tamayo hablaba de nuevas teorías, descubrimientos, leyendas y recuerdos. ¿Cuales?

Lo fundamental ha sido el haber demostrado que la ciudad que mandó levantar el Rey Leovigildo en honor de su hijo Recaredo por la contundente victoria visigoda ante los Suevos, está ubicada en la Sierra de Enmedio, en la confluencia de los ríos Tajo y Guadiela, en la localidad de Buendía. Demostrado queda, también, que esta ciudad fue arrasada en una guerra civil en tiempos de Recesvinto, por el noble rebelde Froya en una de las múltiples razzias que los visigodos de la Septimania y los Vascones realizaban por el Valle del Ebro. Que, finalmente, Froya murió unas semanas después en una batalla decisiva para la sucesión al trono en Zaragoza y que Recesvinto se impuso como Rey de los Visigodos. Que la mítica Recópolis palaciega, de altos torreones y fuertemente amurallada fue arrasada e incendiada, mucho antes de la llegada de las tropas musulmanas, por una facción rebelde visigoda. Y que la escasa población superviviente se trasladó al Cerro de la Oliva (Zorita de los Canes) donde erigieron una nueva ciudad en un lugar más fértil, de menor valor militar y estratégico, sobre los restos de una Villae Imperial romana anterior.

- Dada tu condición de historiador, ¿Crees que aún nos queda mucho por descubrir de todo lo que fue la Baja Alcarria?

En primer lugar, reitero que, como otros miembros de la Asociación Cultural, sólo soy un aficionado que ha recopilado información en Bolarque, como lo pude hacer en las excavaciones del Señor de Sipán en Chan Chan (Perú), en Tiwanaku (Bolivia) o en la tumba del faraón Teti I, en el Valle de los Reyes (Egipto). La diferencia es que en estas excavaciones viajaba de la mano de expertos arqueólogos de National Geographic y yo me limitaba a empaparme de sus conocimientos, a realizar preciosas fotografías y a redactar artículos sobre lo que allí estaba sucediendo. La labor en Bolarque ha sido más ardua, más difícil si cabe, ya que el mismo Estado Español y la Iglesia Católica han escondido o destruido durante siglos documentaciones e informaciones muy valiosas y, a veces, contradictorias con la historiografía oficial. Lo que puedo describir en la conferencia de esta tarde o, próximamente, en mi libro solo es la punta del iceberg de las posibilidades arqueológicas en la provincia de Guadalajara. Cuando trabajé para el Ayuntamiento de Cifuentes y su actual Corporación, en el año 2.004, nos encontramos, sólo en sus pedanías, con 47 yacimientos arqueológicos de diferente datación (Edad del Hierro, celtíberos, romanos y visigodos) que están al aire libre, expoliados, en ruinas, sin ningún tipo de protección, ni de señalización. Monasterios cistercienses trasladados a Estados Unidos piedra a piedra (Óbila) por orden de un millonario excéntrico, tumbas antropomórficas visigodas expoliadas, lienzos de calzadas romanas abandonados, semienterrados. Mosaicos destrozados por arados de los agricultores... Una verdadera catástrofe y, el problema, es que nadie hace nada por evitarlo y, desgraciadamente, siguen sin hacerlo. Parece más cómodo vivir del rendimiento de una Central y un Cementerio Nuclear que rescatar ese valiosísimo legado de nuestros ancestros...

- ¿Qué rasgos del pasado del Lago de Bolarque permanecen inalterables en la actualidad?

Serían innumerables los rasgos heredados y compartidos con el pasado... desde la misma etnia de los habitantes de La Alcarria, ya que nuestras tierras fueron repobladas con vascones y aragoneses tras la expulsión de los moriscos, hasta la forma de vida de los moradores. Solo cabe recordar que se han tardado diez siglos desde que los hispano-musulmanes iniciaran los trabajos para controlar el cauce del Río Tajo y poder regar las fértiles praderas de La Pangía hasta la puesta de la primera piedra de la presa de Bolarque por Alfonso XIII. Necesitaría otro libro y otra conferencia para relatar todo esto, aunque los fabulosos textos de Layna y Herrera Casado sobre costumbrismo en La Alcarria reflejan de forma muy fiel nuestro carácter heredado.



N.B.: Entrevista íntegra publicada en el periodico "Nueva Alcarria" el pasado 3 de Marzo de 2.007, escrito por Miriam Pérez.

lunes 23 de abril de 2007

La Princesa de Éboli.



Doña Ana de Mendoza y de la Cerda, "La Princesa de Éboli".

por Óscar Quirós.

Enigmática, bella, intrigante, seductora, rebelde, orgullosa e inteligente. Ante todo, la primera Duquesa de Pastrana fue una mujer adelantada a su época que embelleció, engrandeció e hizo prosperar a la, hasta entonces modesta, Villa de Pastrana y que animó, participó e influyó decisivamente en la vida política de la Corte Imperial de Felipe II. La biografía de la Princesa reúne los ingredientes de toda buena novela: Amor, belleza, poder, ambición, chantaje y crimen. La leyenda de sus amores con Felipe II ha sido muy utilizada en la literatura narrativa, en la novela histórica e, incluso, ha sido llevada a la gran pantalla pero, como parece demostrado en este pequeño apunte biográfico, carece de total fundamento.


Doña Ana de Mendoza y de la Cerda, nació en el año 1.540 d.n.e., probablemente, en el Castillo del Infante Don Juan Manuel de Cifuentes (Guadalajara) y murió en 1.592 en el Palacio Ducal, que su abuela mandó construir en 1.543, en la Villa de Pastrana. Era, además, hija única de Diego de Mendoza, Príncipe de Mélito y nieto del poderoso Cardenal Mendoza. Don Diego se casó en 1.538 con Catalina de Silva, hermana menor del quinto Conde de Cifuentes.
Por su educación tuvo un carácter orgulloso, dominante e intrigante, pero estuvo muy influenciada por las continuas peleas entre sus padres, dado el carácter mujeriego de Diego de Mendoza, lo que la llevó a ser, también, irritable, voluble, rebelde y apasionada.
Hay muy pocas noticias constatadas de la breve infancia de Ana, únicamente se sabe a ciencia cierta que cursó estudios en Cifuentes en el Colegio de Doncellas del Convento de Nuestra Señora de Belén, que Don Fernando de Silva, su tíoabuelo y cuarto Conde de Cifuentes, mandó construir en el año 1.537 y que residió, alternativamente, entre el Palacio de sus abuelos en Alcalá de Henares y el Castillo de su tío en Cifuentes. Se cree, o se acepta, que fue en estos primeros años de vida cuando la futura Princesa perdió la visión de su ojo derecho, aunque tampoco hay acuerdo sobre la leyenda referente a este suceso. Unos, los más, dicen que lo perdió practicando esgrima en Alcalá de Henares - la esgrima era un deporte de muy rara práctica entre las mujeres, nobles o no, de la época - otros dicen que lo perdió de una pedrada jugando con los niños en su villa natal. Lo cierto es que este dato no es claro, quizás no fuera tuerta sino bizca y se tapara el ojo derecho simplemente por coquetería, para alimentar su intrigante belleza. Ciertamente, los cronistas de la época alabaron su hermosura, a pesar del parche que la adornaba. El caso es que cuando se desposó se la describe como que la novia era "bonita aunque chiquita" y esto si se puede constatar visitando la colección de trajes de la Princesa en el Museo de la Colegiata de Pastrana. Pero, si cierto es que era de baja estatura y muy fina, pero no menos cierto es que tan sólo era una niña de doce años cuando contrajo nupcias.
Como decía, Doña Ana, era una rica heredera y fue casada muy joven, en 1.552, con Don Rui Gomes de Silva (n. 1.516 - m. 1.573), un noble portugués veinticuatro años mayor que ella. Rui había venido a España acompañando a Isabel, futura esposa del Emperador Carlos V, y entró al servicio del, todavía, Infante Felipe de Habsburgo, ganándose su amistad y confianza, por lo que fue favorecido económica y políticamente, llegando a lograr, entre otros cargos, el de Secretario y hombre de confianza de Felipe II. Poco después, al servicio de Rui, entraría el aragonés Antonio Pérez del que hablaremos más adelante.
Con el favor de Felipe II, Gomes de Silva entroncó a través del matrimonio con la poderosa familia de los Mendoza. Como Ana era muy joven, y los Mendoza muy poderosos, la novia permanecería unos años en casa de sus padres hasta la consumación del matrimonio. Como regalo de boda, el padre de Ana les cedió el título de Condes de Mélito, permaneciendo Don Diego de Mendoza como Duque de Francavilla. Es en esta época, estando ya embarazada de su primer hijo, cuando Ana acompaña a su madre en 1.557 a la Corte de Valladolid y allí se producen nuevos escándalos entre su padre y su madre, el cual tuvo una hija bastarda, a la que llamó María de Mendoza, y, posteriormente, otra nueva amante. Nos cuentan que, en esta etapa de su vida, la Princesa "no hacía más que padecer y llorar", aunque también se decía de ella, en relación con su familia, "que tiene más seso que todos ellos", dando fe de su temprana madurez y carácter veleidoso.
El matrimonio de Ana y Rui se consumó ese mismo año pero no fue hasta dos años más tarde, al regreso de Flandes de Rui en 1.559, cuando, por fin, pudieron vivir definitivamente juntos. A lo largo de los trece años de feliz matrimonio, Ana y Rui tuvieron diez hijos, de los que sobrevivieron a su infancia tan sólo seis.
Utilizando magistralmente sus influencias en la Corte, Rui había logrado entretanto que su suegro fuera nombrado miembro y Presidente del Consejo de Italia en 1.558 y Virrey de Nápoles. Los puestos se eligieron principalmente con el objetivo de alejar lo más posible a Don Diego de su hija y yerno, incluso con el riesgo de provocar una revuelta en Italia dado su carácter extremadamente dictatorial y altivo.
Uno de los grandes sueños de Rui Gomes, truncado en parte por su prematura muerte en 1.573, fue el de lograr un poderoso señorío para sus hijos. Para lograr su empresa compró Éboli, en el Reino de Nápoles, a su suegro, nombrándole Felipe II, Príncipe de Éboli en 1.559. Luego adquirió las villas de Estremera y Valdeacerete, siendo nombrado Duque de Estremera, y para finalizar compró la Villa de Pastrana en 1.569, siendo nombrado en 1.572 por Felipe II, Duque de Pastrana con Grandeza de España.
Por lo tanto, Doña Ana de Mendoza y de la Cerda fue la primera Princesa de Éboli y la primera Duquesa de Pastrana manteniendo, además, los títulos de Condesa de Mélito, Duquesa de Estremera y Grande de España, lo que da una idea del poder que llegó a acumular en la Corte de El Escorial una vez enviudó.
En los cuatro años que restaron desde la compra de Pastrana hasta la muerte de Rui, se dedicó a mejorar y ampliar los cultivos, principalmente de moreras, en Pastrana y el fértil Valle de La Pangía. Ordenó traer a moriscos de Baeza - de ahí el nombre del Barrio del Albaycín de Pastrana - y de las Alpujarras granadinas que iniciaron una floreciente industria textil. Logró la concesión real de una feria anual con privilegios especiales, lo que atrajo a numerosos comerciantes y artesanos judíos - en esa época, conversos sin convicción cristiana. Fundó, junto a Ana, la Iglesia Parroquial de Pastrana, que luego elevó su rango a Colegiata, y favoreció la fundación por Santa Teresa de Jesús de tres conventos de Carmelitas en 1.569 - los de San José y San Pedro en Pastrana y el de Nuestra Señora del Monte Carmelo en el cercano Desierto de Bolarque.
Durante su matrimonio con Rui, la vida de Doña Ana alcanzó el máximo de estabilidad. Rui la trató y cuidó, seguramente por la diferencia de edad, más como un padre que como un marido, hasta su repentina muerte.
A partir de la desaparición de su esposo, su carácter, los problemas de la infancia ya contados y la falta de la única persona que le había dado estabilidad en la vida, hicieron que Ana tuviera una existencia problemática, pero apasionante.
Aunque el primer hijo de la pareja muriera de niño, su hija mayor, Ana, y tras varios intentos frustrados de casarla con el heredero al trono de Portugal, se casaría con el poderoso Duque de Medina-Sidonia. El siguiente, Rodrigo, heredaría el Ducado de Pastrana. Diego sería Duque de Francavilla, Virrey de Portugal y Marqués de Allenquer. A su hijo Fernando, ante la posibilidad de llegar a Cardenal, le hicieron estudiar religión pero, finalmente, éste escogió ser monje franciscano cambiando su nombre a Fray Pedro González de Mendoza, como su tatarabuelo el Gran Cardenal, y llegaría a ser Arzobispo de Granada, de Zaragoza y, finalmente, Obispo de Sigüenza.
Muerto Rui en 1.573, la Princesa trató de instalarse en el convento que había promovido a fundar con Santa Teresa en Pastrana: "¡La princesa monja, la casa doy por desecha!", dijo la abadesa, logrando que las carmelitas huyeran de allí trasladándose el convento a Segovia un año después. Cierto es que Doña Ana, llamada entonces Ana de la Madre de Dios, mantuvo en el convento una vida rodeada de sirvientas que atendían sus gustos y que esto suponía mantener una actitud muy poco acorde con el carácter sacrificado y riguroso que había impuesto la santa en su congregación.
Parece ser, además, que la Princesa no fue una buena administradora del patrimonio de sus hijos menores de edad. Tras abandonar el Convento, se lanzó a una vida de ostentación y derroche. Organizaba sonadas fiestas y llevaba un tren de vida que la obligaba a contraer deudas hasta el punto que esta situación llegó a oídos del Rey, que dudó de su capacidad para administrar los bienes familiares. Para complicar las cosas, su hijo Diego, - en su afán por lograr un heredero varón o por perjudicar a su única hija, no está claro -, tras morir su mujer Catalina en 1.576, se casó en seguida con Magdalena de Aragón, hija del Duque de Segorbe. Diego falleció en 1.578 dejando a su segunda mujer embarazada - para susto de su primogénita Ana, viuda por aquel entonces - pero la recién nacida murió a los pocos días de ver la luz.
Lógicamente, todas estas situaciones familiares afectaron al equilibrio emocional de la Princesa, que volvió a la Corte e intentó utilizar su poder e influencia para preservar la rica herencia paterna y los intereses familiares. Fue allí donde comenzó a utilizar su belleza, elocuencia y poder. Su enemistad a la Casa de Alba, la condujo a un acercamiento políticamente interesado con Antonio Pérez, nuevo secretario de Felipe II, que pronto se convirtió en su íntimo cómplice de intrigas palaciegas. Ambos conseguían fuertes sumas de dinero gracias al tráfico de influencias. Su buena posición en la Corte les permitía poner a la venta cargos eclesiásticos e, incluso, secretos diplomáticos a los enemigos de la corona en Flandes.
Descubiertos sus amoríos por Juan de Escobedo, amigo de Rui al que debía lealtad y Secretario de Don Juan de Austria - por aquel entonces Gobernador de los Países Bajos -, y ante la posible denuncia del mismo a Felipe II, aún a pesar de verse implicado en la venta de secretos, Doña Ana y Antonio Pérez tramaron una conjura contra éste. Argumentando que Escobedo estaba inmiscuido en una compleja intriga conspiradora contra Don Juan de Austria y su intento de casamiento con María de Estuardo, lograron el beneplácito del monarca para asesinarle en 1.578.
Una vez enterado Felipe II de los manejos políticos de Antonio Pérez y Doña Ana, de la comisión del delito de traición por la venta de información militar secreta a los rebeldes flamencos y de los intentos infructuosos de la princesa de casar a su hija con uno de los pretendientes al trono de Portugal, el Rey decidió precipitar su caída, mandándoles arrestar en 1.579. Felipe II ordenó desterrar a la Princesa: Primero, a un Torreón en Pinto, cerca de Madrid; luego a Santorcaz y, finalmente, al Palacio Ducal de Pastrana en 1.581. Acto seguido, en 1.582, Felipe II dicta despojar a Ana de la custodia de sus hijos y de la administración de sus bienes, nombrando para ello a un administrador.
Tras la fuga de Antonio Pérez a Aragón, de donde era originario, en 1.590, y temiendo que Doña Ana escapara con él, Felipe II mandó poner rejas en puertas y ventanas del Palacio Ducal de Pastrana. La Princesa se asomaba una hora al día por la reja que da a la plaza, que se llama desde entonces, la Plaza de la Hora.
No está tampoco muy claro el porqué de la mencionada actitud cruel de Felipe II para con Doña Ana, quien en sus cartas llamaba "querido Primo" al monarca y le pedía en una de sus misivas que "le protegiera como caballero". Sin embargo, aunque Felipe II se refería a ella en sus escritos como "la hembra" era, sin duda, un hombre de convicciones estrictas, severas y muy católico. A pesar de su probable sífilis y sus cinco matrimonios, nunca permitiría que la viuda de uno de sus amigos y hombre de confianza entablara amoríos y fuera comidilla de los pasillos de la Corte. Por otro lado, una simple muestra de arrepentimiento por parte de la Princesa, seguramente, le hubiera bastado al Rey para modificar su aptitud. Esto era sabido en Palacio, pero la arrogancia y rebeldía de la cautiva impidió a la Princesa implorar el perdón real.
La primera Duquesa de Pastrana morirá, en 1.592, atendida por su hija, Ana de Silva, y tres damas de servicio. Desde entonces, Ana y Rui permanecen enterrados juntos en la Cripta de la Colegiata de Pastrana.
Las intrigas palaciegas en vida, alimentaron la "leyenda negra de Felipe II" que afirma que la Princesa en su juventud fue la supuesta amante de Felipe II y de su secretario, Antonio Pérez, una vez que ésta enviudó.
De Antonio, que era seis años mayor que ella, probablemente lo fue, aunque no se sabe realmente si lo suyo fue una cuestión de amor, de interés político o la simple búsqueda de un apoyo que le faltaba desde que muriera su marido.
La leyenda dice, además, que el segundo Duque de Pastrana, era hijo de Felipe II. Esta situación era verdaderamente improbable ya que cuando fue concebido, Ana acababa de dar a luz y, por tanto, estaba en la casa conyugal. Mientras que Felipe II se hallaba de viaje de luna de miel con su tercera esposa, Isabel de Valois, de la que estaba realmente enamorado. Para terminar de desmentir esta supuesta relación carnal con el Rey, añadir que Doña Ana favoreció finalmente en la herencia a su segundo hijo Diego, frente al primogénito Rodrigo y, resaltar, que durante sus trece años de matrimonio engendró diez hijos, por lo que pasó la mayor parte del tiempo embarazada, por lo tanto, se debe asumir que surgió un fuerte vínculo amoroso entre los esposos a pesar de haber sido un matrimonio de conveniencia, lo que despeja la duda del adulterio durante su época matrimonial.
La leyenda de sus amores con Felipe II ha sido muy utilizada en la literatura, en la novela e, incluso, ha sido llevada al celuloide pero, como parece demostrado, carece de total fundamento.


Para saber más:

Bibliografía:
- Almudena de Arteaga. "La Princesa de Éboli". Ed. Martínez Roca. 1.998.
- Antonio Herrera Casado. "Las razones del Rey: Estudios en torno a Felipe II y la Princesa de Éboli". Ed. Aache. Guadalajara 2.000.
- Antonio Herrera Casado. "Pastrana. Una villa principesca". Ed. Aache. Guadalajara 1.992.
- Aroní Yanko. "La Princesa de Éboli: Intriga en la Corte de Felipe II". Ed. Libertarias. 2.000.
- Auguste Mignet. "Antonio Pérez y Felipe II". Ed. La Esfera de los Libros. 2.001.
- César Leante. "El bello ojo de la tuerta". Ed. Apóstrofe. 1.999.
- Gregorio Marañón. "Antonio Pérez". Ed. Espasa Calpe. 1.998.
- Henry Kamen. "Felipe de España". Ed. Suma de Letras. 2.001.
- Kate O'Brien. "Esa dama". Ed. Altaya. 1.997.

Filmografía:
- "La Princesa de Éboli" de Terence Young, 1.955.


(C) Óscar Quirós, 2.004

Artículo publicado en la Revista "Lago y Montaña", Número VI, editada por la Asociación Cultural "Lago de Bolarque", Almonacid de Zorita, 2.006.

Historia del Lago de Bolarque (Parte III)

HISTORIA DEL LAGO DE BOLARQUE Y SU COMARCA
Parte III: Desde el Siglo XVII hasta nuestros días.

Por Óscar Quirós.


La expulsión de los moriscos ordenada por Felipe III en 1.609, supuso a la Villa de Pastrana la pérdida de más de 2.200 habitantes, y unos 3.500 en total si añadimos los desplazados de Albalate, Almonacid y Zorita, con la consiguiente depresión económica y social que esto suponía para la comarca. Aún así, la industria sedera consiguió resistir el embate, pero marcó el inicio de su decadencia. La obvia falta de mano de obra se subsanó atrayendo nuevos inmigrantes que procedían de Flandes y, sobre todo, de Portugal. Éstos últimos, descendientes de los sefardíes conversos que emigraron, apenas un siglo antes, al reino vecino tras la expulsión, seguían judaizando y lo único que buscaban era reencontrarse con sus orígenes castellanos. A la depresión de la industria textil, que con tanto ahínco promovió el ya fallecido Ruigomes de Silva, se la intentó contrarrestar con la creación de la Fábrica de Tapices, que llegó a obtener el rango de Real, de la que salieron las más exquisitas piezas que se hicieron en Europa en la época y que todavía se pueden contemplar, parcialmente restauradas, en el Museo de la Colegiata de Pastrana.
A raíz de las primeras denuncias de los vecinos contra los recién llegados, el Santo Oficio de Toledo decidió abrir sucursal en la Villa Ducal, en la calle de La Palma, sucediéndose las denuncias, arrestos, juicios, torturas y ejecuciones contra "los marranos" - católicos de bautismo que judaizaban - y "los alumbrados" - un grupo de franciscanos que abrieron sus miras al humanismo de Erasmo de Rotterdam, apadrinados por la familia de los Mendoza y que fueron considerados heréticos por el Tribunal -.
Un hecho aristocrático de relevancia sucedió, en el año 1.630, cuando el cuarto Duque de Pastrana, Don Rodrigo de Silva y Mendoza contrajo matrimonio con Doña Catalina Gómez de Sandoval y Mendoza, octava Duquesa del Infantado, uniéndose así, hasta hoy en día, ambos títulos nobiliarios.
En el Siglo XVIII, la Guerra de Sucesión tuvo consecuencias dispares para la comarca. Mientras en Pastrana se acentuaba la despoblación y la decadencia industrial a lo largo de la centuria, en Almonacid y Albalate se aplicaron las nuevas Ordenanzas sobre "Cría, conservación y aumento de los montes, alamedas y plantíos" dispuestas por Carlos III. De la misma forma, se decreto la expulsión de los jesuitas del territorio español, quedando así despoblado el Convento almorcileño, pasando éste a manos del Ayuntamiento. A pesar de todas estas circunstancias novedosas, en este siglo el desarrollo económico se mantiene; la actividad agrícola, tanto de secano, como de regadío y producción de maderas aún era elevada, según se demuestra en el Catastro del Marqués de la Ensenada, mientras el comercio estaba en manos del Ayuntamiento que lo arrendaba a vecinos o forasteros.
Llegado el Siglo XIX asistimos a una decadencia general en todo el país y volvemos a vernos afectados por la Guerra de Independencia, con algunas escaramuzas que, desde nuestro territorio, mantenía "El Empecinado" contra las tropas francesas destacadas en Alcocer, Sacedón, Auñón y Pastrana produciendo, no sólo bajas personales, sino también, una importante hambruna al escasear la producción de cereales, fundamentalmente de trigo.
La promulgación de la Constitución de Cádiz en 1.812, y la consiguiente revolución liberal que provocó en todo el Reino, conllevó importantísimos cambios territoriales y administrativos. Con la abolición de los Señoríos, Almonacid vio como desaparecía, definitivamente, la presencia de la Orden Calatrava en la población y Albalate su dependencia de los Mendoza. El Estado creo entonces las "Alcaldías Constitucionales", una nueva figura civil que sustituía inexorablemente al antiguo Gobernador del Partido, también llamado "Capitán a guerra". Una vez abierto el debate en las Cortes Revolucionarias (las denomino así ya que eran unicamerales, no porque fuesen de orientación liberal) sobre la administración del estado, los liberales promueven la partición de España en 52 nuevas provincias, pero la restauración monárquica y la consiguiente vuelta del absolutismo paralizaron momentáneamente su implantación. No será hasta el año 1.831, cuando el ministro liberal Javier de Burgos realice la reforma definitiva.
Desde la llegada de los Borbones a España, Almonacid de Zorita había regentado la Cabeza de uno de los Partidos en los que se dividía la provincia de Madrid. A él pertenecían las localidades de Villar del Olmo, Olmeda de las Fuentes, Ambite, Anchuelo, Los Santos de la Humosa, Corpa, Loeches, Nuevo Baztán, Pozuelo del Rey, Pezuela de las Torres, Santorcaz, Villalbilla, Albares, Almoguera, Yebra, Almoguera, Zorita de los Canes, Albalate de Zorita y, a la cabeza de todos ellos, Almonacid de Zorita. Tras la reforma del ministro Burgos, Albares, Almoguera, Yebra, Zorita de los Canes, Almonacid y Albalate de Zorita pasan a ser Alcaldías Constitucionales de la provincia de Guadalajara y, concretamente, las tres últimas serán incluidas dentro del Partido Judicial de Pastrana, confirmando así la mayor importancia de la Villa Ducal sobre sus vecinas, a pesar de la despoblación general de la comarca generada, entre otras cosas, por la ausencia de industria.
Durante la Primera Guerra Carlista (1.833 - 1.840), los alcarreños, partidarios de la regencia liberal de la Reina Doña María Cristina de Borbón-Nápoles, vieron como los carlistas tomaron nuestras poblaciones sin hallar apenas resistencia militar y sin que se registrasen batallas dignas de mencionar, dirigidos personalmente por el Infante Don Carlos María Isidro, camino del asalto definitivo a Madrid que, finalmente, frenó el General Espartero cerca de la vecina Tarancón (Cuenca) el 12 de Septiembre de 1.837. Vencidos en el campo de batalla, los carlistas se mantuvieron unidos militar e ideológicamente esperando, durante años, encontrar una oportunidad mejor para volver a alzarse.
Simultáneamente, la abolición de la Inquisición en 1.834, por decreto de la Reina regente María Cristina, y las leyes de desamortización promulgadas por los ministros Calatrava y Mendizábal, en 1.835 y 1.836, llevaron consigo el cierre y posterior ruina de la mayoría de los Conventos de la comarca y, por ende, del Santo Desierto de Bolarque.
De igual manera, bajo la presión de la I Guerra Carlista, la Reina Doña María Cristina sentó las bases de lo que iba a ser un nuevo régimen monárquico más abierto a las nuevas corrientes liberalizadoras, más democrático, partidario de la libertad religiosa y de expresión, pero sin romper del todo con las posiciones moderadas de los conservadores-absolutistas, que abogaban por un sistema parlamentario bicameral, permitiendo el voto a la población, únicamente, por sufragio censitario. En todo caso, la Constitución de 1.837, precedida por el Estatuto Real de 1.834, supuso un considerable avance social, aunque no llegó a los extremos casi revolucionarios propuestos en la derogada Constitución de Cádiz de 1.812. Desde entonces, la alternancia en el poder de los partidos liberal y moderado marcarán la política española y la composición de las Cortes Generales desde la mayoría de Isabel II, hasta la caída de Alfonso XIII.
Ya en 1.898, tras la pérdida de Cuba y las Islas Filipinas, las últimas colonias ultramarinas, España se ve afectada por una depresión colectiva que se agrava con el estallido de la Guerra del Rif, en Marruecos.
Es a principios del Siglo XX, cuando comienza a construirse la Presa de Bolarque, tal y como hoy la conocemos. El antiguo sueño de los pobladores musulmanes, judíos, calatravos, nobles, vasallos, agricultores, artesanos, humanistas, religiosos, comuneros, absolutistas, conservadores, liberales, románticos, monárquicos y republicanos, por fin, vería la luz. Durante todas estas épocas, el hombre había tratado de dominar la fuerza de un río que, embravecido por las crecidas, derrumbaba, año tras año, riada tras riada, las frágiles construcciones realizadas con duro esfuerzo, sacrificio y desembolso monetario.
Las obras se iniciaron en el año 1.907 por iniciativa de D. Juan Ron, heredero del Marqués de Urquijo y la Duquesa de Pastrana. El proyecto fue encomendado al ingeniero D. Luis de la Peña y Braña. La empresa de domesticar los aportes acuíferos de los ríos Tajo y Guadiela fue tan grandiosa que SS.MM. el Rey D. Alfonso XIII asistió, personalmente, a la inauguración del Salto de Bolarque el día 23 de Junio de 1.910. De aquella magna visita, todavía quedan los restos en el Lago de Bolarque de un merendero, junto al salto y una pequeña playa aneja, pero sumergido a escasa profundidad, desde el que el monarca ordenó y supervisó el primer cierre de las compuertas.
En 1.944, bajo el autoritario mandato del General Franco, la compañía eléctrica Unión Fenosa construyó un precioso y apacible poblado de bella arquitectura, de pintorescas casetas, de verdes parques, en las lindes de Almonacid de Zorita y Sayatón, conocido como el poblado de Bolarque. En 1.954, tras la construcción de los Embalses de Buendía y Entrepeñas y la finalización de las obras del canal del Trasvase Tajo-Segura, se dio por terminada la obra.
En la actualidad, el embalse de Bolarque tiene aproximadamente 45 metros de altura, embalsa 30,70 hectómetros cúbicos y se extiende por una superficie de 490 hectáreas.(1)

(1) Datos extraídos de la página web http://www.jccm.es/revista/175/articulos175/embalses_abril.htm

Sin embargo, el Siglo XX no sólo trajo obras y parabienes para nuestra comarca. Tras los políticamente convulsos años treinta, nuestros campos se llenaron de nuevo de gritos de horror y muerte, de destrucción y ruina durante la última Guerra Civil Española (1.936 -1.939).
Durante la postguerra, con el consiguiente período autoritario, de represión y hambruna, la población se vio obligada a dedicarse en actividades agrícolas, apícolas y ganaderas de subsistencia, sin que se produjese un desarrollo económico e industrial, manteniéndose Pastrana como centro de atracción comercial y educativo de la zona.
Ya en la década de los 60, el fuerte flujo migratorio hacia las zonas urbanas e industriales del país como Guadalajara capital, el corredor del Henares o Madrid se vio minimizado en nuestro territorio, como hemos comentado, por las faraónicas obras de construcción de los embalses de Entrepeñas, Buendía, Bolarque, la Bujeda y Almoguera, además del Canal del Trasvase Tajo-Segura. El turismo de interior irrumpe con precocidad en Albalate, Almonacid y Zorita de los Canes que se ven beneficiadas por la aparición de la urbanización Nueva Sierra de Altomira, en Sacedón con las urbanizaciones de Las Anclas y El Paraíso y en Buendía con la urbanización Las Gaviotas, motivados por la belleza del paisaje, la cercanía de la capital del Estado y el atractivo añadido de la práctica de los deportes náuticos, generando decenas de puestos de trabajo en los sectores de la construcción y los servicios.
Desde la recuperación de la comarca en los 60 hasta el final del Siglo XX, la construcción y puesta en funcionamiento de la cercana Central Nuclear José Cabrera en Almonacid de Zorita, genera un movimiento que, junto a los fondos de ayuda al desarrollo rural de la Comunidad Europea y al creciente empuje del turismo rural de calidad, pone en marcha un crecimiento sostenido de la comarca que ve como se eleva su nivel de vida y la consiguiente dinamización del territorio y su entorno.
Entrados ya en el Siglo XXI, tras treinta años de Monarquía, Constitución y normalidad democrática y más de veinte de autonomía, se vislumbra un futuro más que esperanzador para nuestra comarca con la construcción inminente de la Autovía de La Alcarria; el Puente de Cañaveruelas de 333 metros de longitud, que unirá ambas orillas del Embalse de Buendía; la repoblación de la avifauna y la reforestación de los montes afectados por el devastador incendio de Agosto de 2.003 de la mano de los técnicos de la Universidad Complutense de Alcalá de Henares y el Ayuntamiento de Albalate de Zorita; la apertura del Parque Arqueológico y Centro de Interpretación de la Recópolis de Zorita; la creación de la nueva marca turística "Costa Altomira" promovida por el Ayuntamiento de Almonacid de Zorita; la esperada denominación de "Estación Náutica" a nuestro Embalse de Bolarque; y el desmantelamiento definitivo de la Central Nuclear de Zorita, ya vieja, peligrosa, caduca, obsoleta y suficientemente amortizada.


© Óscar Quirós, 2.005.

Historia del Lago de Bolarque (Parte II)


HISTORIA DEL LAGO DE BOLARQUE Y SU COMARCA
Parte II: Desde la Batalla de las Navas de Tolosa hasta la fundación del Santo Desierto de Bolarque.

por Óscar Quirós.


El incontestable triunfo de las tropas cristianas en la épica batalla de las Navas de Tolosa alejó, definitivamente, la amenaza, hasta entonces inminente, del dominio sarraceno y produjo el desmembramiento del imperio almohade en lo que se viene llamando los "terceros Reinos de Taifas", facilitando así el previsible, futuro y definitivo avance cristiano hacia el Valle del Guadalquivir.
Alejado el frente de batalla hasta las estribaciones de Sierra Morena y abandonada definitivamente Calatrava la Vieja en 1.216 - tras la derrota de Alarcos -, los caballeros de la Orden se dedicaron a levantar su nuevo y moderno centro de operaciones en Calatrava la Nueva. Esta repentina pérdida de intereses en la comarca condujo al progresivo declive de la Orden en nuestro territorio.
De vital importancia política fue la concesión entre 1.220 y 1.225, por parte del Rey Fernando III, del denominado Fuero Grande de Zorita en el que se tratan los aspectos más relevantes en la vida económica, social y política.
Poco a poco, la Orden de Calatrava irá perdiendo influencia en el Común de Villa y Tierra de Zorita, muy especialmente, tras la derrota infringida por los portugueses a las tropas castellanas en 1.385, en la Batalla de Aljubarrota, en la que murieron todos los soldados enviados desde nuestra encomienda, excepto uno. Zorita quedó diezmada, contando entonces con tan sólo 25 familias. La escasez de varones y los pocos impuestos que se recaudaban debido al alto número de nobles, hidalgos, judíos y mercaderes exentos todos ellos de gravámenes, marcaron el inexorable declive de Zorita en favor de aldeas como Almonacid, que fue fortificada a lo largo del Siglo XIV, o Pastrana, que iba ganando en preponderancia y población, siendo declarada Villa por Muñiz en 1.369. Fue entonces cuando la Villa de Pastrana comenzó a ser amurallada. Dos años más tarde, le fue concedido el cambio del día de Feria del sábado al miércoles, dando acceso a todas las transacciones comerciales a la población judía, y la exención de impuestos a los mercaderes que a ella acudieran. A lo largo del Siglo XV la Orden fue distribuyendo entre estas dos poblaciones las funciones administrativas del Partido de Zorita, residiendo, finalmente, el Comendador calatravo en Pastrana.
Hablando más ampliamente, la sociedad española entra en el Siglo XV afrontando tres graves problemas sociales: La cuestión agraria, las tensiones urbanas y el problema judío. El problema campesino se resolvió en Castilla afianzando el poderío de los propietarios aristócratas: Los señoríos. Las luchas urbanas devinieron en una paralización de las estructuras municipales y la pérdida parcial de la autonomía que, hasta entonces, disfrutaban. Quedaba por resolver el problema judío que, entre otras cosas, era un problema de convivencia. A priori, la única salida al problema era la expulsión, pero analizadas las posibles consecuencias económicas, esta medida se pospuso temporalmente, generando un clima de desconfianza y aversión por la presencia de falsos conversos que judaizaban en su vida privada.
Así, a lo largo del Siglo XV, continuó el desarrollo político y económico de la nobleza, instituyéndose el denominado "mayorazgo", es decir, la vinculación de las tierras a un título, siendo éstas invendibles, indivisibles e inalienables y su concesión era dictada directamente por el Rey.
Las grandes familias medievales habían perecido en su práctica totalidad en el transcurso de las luchas de los Siglos XIII y XIV. El ascenso a la corona de los Trastámara impulsó la creación de una nueva y pujante aristocracia, especialmente favorecida por las "mercedes" del Rey Enrique II. Los puestos superiores de la pirámide estaban acaparados por unas cuantas familias que, en breve, recibirán el tratamiento de "Grandes de España". Así comienzan a resonar en Castilla linajes como los Mendoza, los Guzmán, los Quirós, los Velasco, los Muñoz, los Pacheco, etcétera. En concreto la provincia de Guadalajara quedaba, prácticamente, en manos de los Mendoza y la casa de Medinaceli, dominando también amplias zonas del Norte de la Comunidad de Madrid y Castilla-León.
Con la llegada al trono de los Reyes Católicos la situación de los sefardíes cambió radicalmente mediante dos dictámenes que fulminaron su fuerza económica en quince escasos años: En 1.478 se instituye el Tribunal de la Santa Inquisición para perseguir en principio a los conversos, bautizados en la fe católica, que continuaban judaizando en privado convirtiéndose así, la monarquía española, en el brazo armado de la cristiandad más intransigente, en defensa de la ortodoxia religiosa. El simple anuncio de esta medida provocó, no sólo una inmensa fuga de capital, sino también un éxodo masivo de conversos hacia Portugal y el Magreb. El segundo edicto, promulgado en 1.492, decretó la expulsión de los judíos del país, medida que provocó un estancamiento de las finanzas, ya que los judíos formaban la mayor parte de la clase burguesa y, además, eran los encargados de recaudar los impuestos en las grandes ciudades. El simple hecho de haber retenido a los sionistas en nuestro territorio hubiera evitado, tras el descubrimiento de América, que el oro de las colonias fuese a parar a manos de banqueros genoveses y flamencos con el consiguiente perjuicio para las arcas de la corona.
Ambas decisiones fueron cruciales en el futuro de España, de nuestra comarca y, muy especialmente, para la Villa de Zorita que, rápida y definitivamente, se vio privada de la parte más acaudalada de su población.
Con la llegada al trono del Emperador Carlos I estalla, en 1.521, la conocida "Guerra de la Comunidades". Los comuneros se hicieron fuertes en nuestro entorno (Yebra, Hueva, Valdeconcha, etcétera), permaneciendo Escopete, Pastrana, Sayatón, Zorita, Albalate y Almonacid del lado carolino. Finalizadas las revueltas urbanas de la burguesía, Carlos I decidió segregar las Villas de Pastrana y Zorita de los Canes de la Orden Militar de Calatrava, poniéndolas a la venta, lo que motivó que la Orden transfiriera su base, definitivamente, a la vecina Villa de Almonacid de Zorita y que ésta pasase a ser cabeza de la Encomienda y, por ende, del Partido de Zorita.
Pastrana, junto a Sayatón y Escopete fueron adquiridas por la Condesa viuda de Mélito, Doña Ana de la Cerda, en el año 1.541, formándose así el Señorío de los De la Cerda.
Doña Ana, abuela de la futura Princesa de Éboli, mandó levantar junto a la muralla, en 1.543, el Palacio-Fuerte de Pastrana (posteriormente Palacio Ducal) y la Plaza de Armas (o de la Hora) lo que motivó un continuo pleitear con los vecinos de la Villa, ya que tuvo que derribar parte de la muralla para construirla. Finalmente, su hijo Gastón de la Cerda quiso desentenderse del Señorío y comenzó los trámites de venta del territorio en 1.562. Su repentina muerte no influyó en la transacción que finalizó en la venta por parte de su hijo, Don Íñigo de Mendoza y de la Cerda al portugués Don Ruigomes de Silva en 1.569, secretario personal del Rey Felipe II. Pastrana, así pasaba a manos de los Silva y los Mendoza que, ya poseían la Villa de Zorita y su castillo desde 1.565, además de Albalate de Zorita y La Zarza adquiridas en 1.566. En el mismo año de 1.569, Don Ruigomes de Silva y Doña Ana de Mendoza y de la Cerda fueron nombrados por Felipe II, Duques de Pastrana. Desde entonces, y hasta la primera mitad del Siglo XVII, la Villa de Pastrana llega a su máximo esplendor, conociendo décadas de pujanza del que son reflejo la arquitectura de todo el Ducado y la gran influencia que llegaron a alcanzar los sucesivos Duques en la Corte. Así comenzaron a levantarse edificios artísticos, conventos e industrias como el engrandecimiento de la Colegiata, el Convento de San Pedro, el Santo Desierto de Bolarque, en Pastrana; la creación de una floreciente industria textil en La Pangía, la ampliación de la Iglesia de San Andrés de Albalate y un largo etcétera. Finalmente, los primeros Duques de Pastrana crearon "mayorazgo" a favor de su hijo Don Rodrigo de Silva y Mendoza incluyendo las Villas y aldeas de Zorita, Albalate y La Zarza, Estremera, Valdaracete, Pastrana, Escopete y Sayatón.
Por otro lado, la venta de Zorita y Pastrana a la familia Silva produjo que la Villa de Almonacid de Zorita quedase como cabeza del Partido de Zorita y, por ende, de la Encomienda que ya contaba con tan sólo siete Villas, lo que supuso el traslado de las autoridades de la Orden a Almonacid. Desde ese momento, los calatravos engrandecieron la Villa, levantaron iglesias, palacios y monumentos; como la Iglesia de Santo Domingo de Silos (S. XV), la Ermita-Convento de la Concepción (S. XVI), la Ermita de la Virgen de la Luz, el Colegio y Convento de los Jesuitas y el llamado Palacio de los Condes de Saceda (todos levantados en el S. XVII);
mejoraron los sistemas de riego ocupándose, muy especialmente, de los molinos y las presas de Bolarque.
Aquel año de 1.569 marcó también el inicio de la campaña de Las Alpujarras, promovida por Felipe II, para erradicar los focos rebeldes andalusíes en las montañas granadinas. La guerra supuso la movilización de las tropas del Partido de Zorita contribuyendo a la misma con 250 soldados. La recompensa, tras la victoria de los ejércitos dirigidos por Don Juan de Austria, fue
la entrega al Duque de Pastrana de 200 familias de moriscos capturados que se asentaron en Pastrana, en los barrios del Albaycín y el arrabal de La Pangía. La llegada de éstos, junto con los flamencos, franceses e italianos que habían llegado atraídos por la pujante industria textil, principalmente sedera, promovida por el Príncipe-Duque, elevaron la población de Pastrana a más de 5.000 almas en el año 1.573. Comenzaba así el Siglo de Oro de nuestra comarca, en la que se llegó a barajar la posibilidad de que Pastrana alcanzara el rango de ciudad e, incluso, se la propuso para asumir la capitalidad del Reino filipino, hechos que se vieron truncados por la repentina y prematura muerte en Madrid de Don Ruigomes de Silva el mismo año 1.573.
Es en estos años dorados, cuando Pastrana acoge a sus hijos más ilustres, nacidos o adoptados por la Villa. Aparte de los Duques y Príncipes de Éboli, aparecen en escena Don Pedro González de Mendoza, hijo de éstos, que llegó a ser Arzobispo de Granada, Zaragoza y Sigüenza; Juan Bautista Maino, excelente pintor seguidor de la escuela de Caravaggio y con una notable influencia de El Greco; el poeta y dramaturgo pastranero Manuel de León Merchante autor, entre otras, de la genial obra "La Estrella de La Alcarria"; Santa Teresa de Jesús, fundadora en Pastrana de los Conventos de San José y San Pedro; San Juan de la Cruz, que llegó atraído por la reforma carmelita; y Juan Narduchs o Fray Juan de la Miseria, que llevó al extremo la reforma de la Santa fundando en la orilla de Bolarque el primer Desierto monacal de Occidente siguiendo el ejemplo de los monjes eremitas del Monte Carmelo, en la lejana Antioquía.
Diez años después de la muerte de Santa Teresa de Jesús, en 1.592, tres frailes carmelitas se unieron para llevar más allá la aventura que inició la Santa en 1.561 tras fundar su primer convento en Ávila, San José.
Fue a mediados del Siglo XII cuando, siguiendo la tradición del profeta Elías, San Bartoldo tenía fundados dos monasterios carmelitas en Antioquía. A diferencia del cristianismo europeo, el monacato en Oriente Próximo tenía una larga tradición de eremitismo, frente al monacato comunal que era practicado en nuestros monasterios. El Papa Honorio III aprobó, mediante Bula en 1.226, la Regla directiva de la Orden que establecía unas normas de conducta generales como son: El establecimiento de los centros carmelitas en lugares aislados y solitarios, la construcción de un monasterio central para las prácticas religiosas realizadas en común y una serie de celdas, separadas entre sí y del edificio conventual, para que el eremita llevara una rigurosa vida de meditación en solitario. A estos lugares donde los frailes llevaban a efecto su austera vida religiosa se les denominaba "Desiertos".
La reforma que planteó Santa Teresa en España se realizó sobre el fundamento conventual y mendicante, o sea, que las monjas llevaban una vida en comunidad y vivían de las limosnas que recaudaban de los vecinos. Una vida sacrificada, sin duda, pero que distaba mucho del concepto oriental y original que regía en los conventos de San Bartoldo.
Estos tres monjes querían continuar la Reforma "masculina" que inició San Juan de la Cruz en Pastrana y acercarla a la vida eremita y solitaria, ya que consideraban insuficientes los sacrificios que suponía la vida carmelita en los conventos fundados en ciudades como Ávila, Segovia o Pastrana por la Orden.
Inmediatamente, viajaron a Alcalá de Henares a trasmitirle la idea al Vicario General de la Orden, el genovés Padre Doria, para que aprobara el nuevo establecimiento y sus normas de conducta y consiguieron de éste la autorización para establecerse en Bolarque, en un paraje inhóspito pero de enorme belleza, entre la Olla de Bolarque y el Barranco del Rubial, a orillas del Río Tajo.
El Domingo 16 de Agosto de 1.592 se terminó de construir la primera Ermita, realizada con barro, piedras y ramas de pino, y que pasó a llamarse "de San Juan Bautista". Días después, se llevó al lugar una campana, el Sagrario y se ofreció una misa, inaugurando así el primer Desierto carmelita que pasó a denominarse "Nuestra Señora Santa María del Monte Carmelo".
A la comunidad inicial de tres frailes, comenzaron a unirse nuevos miembros y, por consiguiente, a levantar nuevos eremitorios o celdas hasta llegar al número de nueve.
Al año siguiente, 1.593, Fray Tomás de Aquino viajó a la Corte de El Escorial a ofrecerle personalmente al Rey Felipe II el patrocinio del Desierto en nombre de los Ermitaños de Bolarque y éste lo aceptó, pasando a denominarse "Real Sitio y Santo Desierto de Nuestra Señora Santa María del Monte Carmelo".
En seguida se propagó la fama del Desierto entre los aristócratas que, alentados por Don Francisco Contreras, Presidente del Consejo de Castilla, comenzaron a patrocinar con sus limosnas el levantamiento de nuevas ermitas en torno al cenobio, hasta llegar, ya entrado el Siglo XVIII, al número de 32. Entre las decenas de aristócratas y ricos burgueses se encontraban, entre otros, los Duques del Infantado y Medinaceli, el Conde de Lemos, la Duquesa de Feria, el Almirante de Castilla y la octava Condesa de Cifuentes, Doña Ana de Silva y de la Cerda (n. 1.587 - m. 1.606) - no confundir con su prima Doña Ana de Mendoza y de la Cerda, "la Princesa de Éboli", ni con su tía abuela Doña Ana de la Cerda, primera Señora de Pastrana -.

(Continuará)

sábado 21 de abril de 2007

Historia del Lago de Bolarque (Parte I)




HISTORIA DEL LAGO DE BOLARQUE Y SU COMARCA
Parte I: Desde la Prehistoria hasta la batalla de las Navas del Marqués.

por Óscar Quirós.

El Lago de Bolarque y las tierras que lo circundan pertenecen a una unidad geográfica definida por la Sierra de Altomira y la confluencia de los ríos Tajo y Guadiela, y en menor medida, Arlés y Jabalera, en la comarca que actualmente se denomina la "Baja Alcarria". La presencia del agua, las ricas y fértiles vegas, la madera de sus bosques, la abundancia cinegética y las facilidades orográficas para su defensa, posibilitaron que estuviesen pobladas desde tiempo inmemorial.
Los escasos restos arqueológicos descubiertos en la zona, permiten fijar los primeros asentamientos en el período Calcolítico (2.500 - 1.700 a.n.e.). En este período de la protohistoria, también conocido como la Edad del Cobre o Eneolítico, aparece por primera vez en la Península Ibérica la agricultura organizada y el descubrimiento de la fundición del cobre. Así, podemos constatar cómo pequeñas comunidades ganaderas y agrícolas se fueron asentando de forma más o menos permanente en las márgenes del Tajo, principalmente, en el término de Almonacid de Zorita.
Las primeras referencias históricas sobre nuestra comarca, nos hablan de la existencia de un asentamiento íbero conocido como "Palaterna", que fue destruido por el pretor romano Tito Sempronio Graco sobre el año 180 a.n.e., y que muchos historiadores se empeñan en identificar con la actual Pastrana. Lo único cierto a fecha de hoy, es que este asentamiento íbero sigue sin encontrarse y, por lo tanto, lo único que podemos afirmar es que existió, aunque desconocemos su localización exacta y el nombre de la tribu celtíbera que lo poblaba. En todo caso, lo que si podemos adelantar es que en el término de Pastrana hemos podido encontrar, en unas cuevas labradas artesanalmente en la roca, una estela tallada con una veintena de caracteres del alfabeto ibérico septentrional todavía por descifrar.
Simultáneamente, a orillas del Río Guadiela y sobre el Monte La Rinconada (826 m.s.n.m.), en el término de Cañaveruelas (Cuenca), la tribu celtíbera de los "Olcades" levantaron una enorme ciudad fortificada en un paraje de inigualable belleza conocida como Erkauika, la Ercávica romana.
Es a partir del Siglo II a.n.e., cuando los ejércitos romanos conquistan la Península Ibérica denominándola, a partir de entonces, Hispania y dividiéndola en cinco grandes provincias administrativas. Bolarque queda ubicado en el extremo septentrional de la provincia Cartaginensis, limitando con Lusitania al Oeste y con Tarraconensis al Noreste.
La presencia romana en Bolarque viene determinada por la reconstrucción de Palaterna llevada a cabo, 125 años después de su destrucción, por el cónsul Paterno Paterniano, denominada a partir de entonces "Paterniana" según el historiador Ptolomeo; y por la expansión de la ciudad de Ercávica, dada su estratégica posición en el nudo de comunicaciones que los romanos extendieron a través de La Alcarria. La existencia de los restos de las calzadas de la vías romanas que unían Segontia (Sigüenza) con Segóbriga (Cuenca), Segóbriga con Complutum (Alcalá de Henares) y Ercávica (Cañaveruelas) con Segóbriga nos dejan innumerables restos de su ingeniería como un puente sobre el brazo del Río Guadiela conocido como el Pontón y el, también, puente romano sobre el Río Tajo que se levanta en el término de Auñón.
La forma de vida de la población durante el Bajo Imperio Romano viene determinada por la anarquía de poder y las largas luchas civiles, provocadas por los continuos levantamientos de las tribus celtíberas, de los Siglos II y I a.n.e. Este estado de alzamiento permanente, repercutió notablemente en el desarrollo de la rutinaria vida en las provincias de Hispania, produciendo una profunda crisis económica y social. La clase urbana hispanorromana, culta y aburguesada, vio escaparse de sus manos la dirección de nuestra provincia en favor de las clases rurales. La quiebra de las instituciones municipales, claves de su antigua prosperidad, dio lugar a una organización burócrata al servicio exclusivo del despotismo imperial y militar. Sólo la población rural, las "Villae" o grandes fincas de propiedad privada a las que no llegaba la acción directa del Estado, conservarán su autonomía e irán fortaleciéndose a través de la creación de núcleos independientes que, por sus propios medios, agruparán a sus habitantes y desarrollarán sus fuentes de riqueza, protegiéndose si es necesario con sus propias gentes armadas. La explotación de estos latifundios solía estar administrada por delegados del terrateniente.
Los hallazgos realizados en las proximidades de Albalate de Zorita, Zorita de los Canes y en el paraje conocido como "Las Colonias", da fe de la existencia de estos núcleos. En ellos, el centro del dominio territorial lo constituían las "Villae" con la residencia del "dominus", las dependencias y las tierras que el dueño se reservaba para ser explotadas directamente, mediante mano de obra esclava. Los campos restantes, se cedían, generalmente de por vida y en pequeñas porciones de tierra, a los agricultores (colonos o arrendatarios) que las cultivaban satisfaciendo un censo anual al Señor. A veces, la cesión de las tierras adoptaba una encomendación territorial e implicaba una relación de patrocinio que obligaba al encomendado a la prestación de servicios personales en beneficio del Señor. Por lo que el dominio era una fuente de ingresos directos (rentas) e indirectos (servicios) que satisfacían los campesinos al Señor.
En el Siglo V d.n.e., concretamente a partir del año 409 d.n.e., vándalos, suevos y alanos entran en Hispania aprovechando el desmembramiento y debilidad del Imperio Romano de Occidente y son, precisamente los alanos, los que se instalan en las provincias romanas de Cartaginensis y Lusitania. Rávena, la nueva capital imperial romana de Occidente, solicita ayuda a sus aliados godos que invaden la Galia e Hispania, expulsando a los alanos al Norte de África, e instalando su primera capital en Toulouse (Francia). Posteriormente, otra tribu bárbara, los francos procedentes del Norte de Europa, invaden el territorio visigodo de las Galias. Unos doscientos mil visigodos se refugian en la Península trasladando la capitalidad a Toletum (Toledo), estableciendo una monarquía electa entre las familias nobles, el código jurídico conocido como "Lex Romana Visigothorum" (o Breviario de Alarico, promulgado en el año 506 d.n.e.), la división administrativa del estado en provincias o "diócesis", y el cristianismo de culto arriano - secta herética que sería practicada en la península hasta que, Alfonso VI, impusiera definitivamente el rito católico romano en el Reino de Castilla en el Siglo XI.
Durante este período, gracias a la excelente comunicación que, a través del río Tajo, se podía mantener con Toletum, la capital del reino, el Rey Leovigildo mandó edificar la ciudad conocida como "Recópolis" en homenaje a su hijo Recaredo, para celebrar las sucesivas victorias militares en la campaña dirigida contra los suevos (año 578 d.n.e.).
En el término de Zorita de los Canes, existe una necrópolis visigoda y los restos de un asentamiento permanente que, entre los Siglos VI y IX d.n.e. utilizaron los hispanorromanos, los visigodos y los musulmanes con varios niveles de intensidad, en un paraje conocido como "El Cerro de la Oliva", en lo que parece ser, según Juan Catalina García López y otros autores, la ciudad de Recópolis. Para llegar a esta conclusión, se están realizando exhaustivas excavaciones, dirigidas en la actualidad por el profesor Lauro Olmo y que fueron precedidas por los trabajos de Juan Cabré, que han sacado a la luz un "tesorillo de 90 trientes" con monedas acuñadas con las efigies de los reyes visigodos Leovigildo, Recaredo y Witiza, además de una importante colección de vasijas , tanto finas como ordinarias, así como ánforas de aceite de probable origen norteafricano. En todo caso, y de ahí mi precaución en no afirmar que este asentamiento sea Recópolis, también se han encontrado basas de columnas y un sarcófago de mármol blanco romano, así como monedas de la época de Graciano, lo que me hace presumir que la ciudad no era de nueva construcción. Dicho paraje aparece citado en las Relaciones Topográficas de los Pueblos de España mandadas por el Rey Felipe II con el nombre de "Rocha-Frida". Además, la identificación de la ciudad como Recópolis, se basa en los textos del geógrafo e historiador hispano-musulmán al-Raçi que en sus escritos únicamente afirma que "el alcázar de Zorita fue construido con piedra traída de la cercana "Raqqupel", en lo que se me antoja un pobre argumento para una afirmación concluyente y definitiva.
En todo caso, las tierras que ahora ocupan las aguas del Lago de Bolarque quedaron enclavadas en los límites de las Diócesis de Ercávica y Toletum.
En el 711 d.n.e. las tropas beréberes, unos siete mil berberiscos y sesenta árabes, al mando del esclavo liberto Tariq y del gobernador de la provincia de Ifriquiyya (la actual Tunicia y parte
oriental de Argelia) Muça ibn Nusayr, entran en la Península Ibérica en ayuda del Conde de Melilla y los partidarios de Akhila, hijo primogénito del legítimo rey visigodo Witiza, en su lucha contra Don Rodrigo, uno de los dux o condes que pretendían la sucesión en el trono de Toledo a través de la elección del monarca entre la nobleza.
Rápidamente conquistan Sevilla, Badajoz y Toledo ascendiendo, después, por el curso del Tajo hacia Guadalajara, Zaragoza y Navarra. Comienza así un período de 374 años de dominación musulmana en el que se destruyen las Diócesis visigodas de Toletum y Ercávica, pasando el territorio de Bolarque a depender de Bagdad, Damasco y el Califato de Córdoba.
Es, entonces, cuando se repuebla la zona, principalmente con beréberes de las tribus de los Banu Salim, Hawara y Madyuna, convirtiéndose la mayoría de los anteriores habitantes al Islam, quedando judíos y cristianos en clara minoría.
A este territorio se le conoció como la Marca Media, que se extendía a ambas orillas del Tajo desde Mérida hasta Medinaceli, realizando dos hileras de fortificaciones, alcazabas y torres vigías. La primera de ellas, en el sector nororiental de la Marca siendo sus principales núcleos de defensa Guadalajara, Alcalá de Henares, Talamanca, Hita, Alcolea de Torote, Sigüenza, Atienza, Brihuega, Cifuentes y Medinaceli. La segunda, ya en la otra orilla del Tajo, la encontramos en las poblaciones de Cuenca, Huete, Uclés y Santaver (sobre el Río Guadiela, junto a las ruinas de Ercávica).
Los hispano-musulmanes entonces, dirigidos por el militar beréber de la tribu de los mibnasa Shaqya ibn Abd al-Wahid (768 - 777 d.n.e.), trasladaron el poder político y militar de nuestra comarca a Zorita ocupando el despoblado hispanorromano, y luego visigodo, del Cerro de la Oliva (Madinat al-Raqqupel). Simultáneamente, Shaqya mandó levantar, un precioso e inexpugnable Alcázar sobre un cerro cercano conocido como "Las Peñas de Yta" fundando, definitivamente, la actual población de Zorita completando así la retaguardia mahometana.
En su paso por nuestras tierras, dejaron huellas evidentes de su sabiduría, conocimiento y avanzada tecnología ya que fueron, los hispano-musulmanes, los primeros en tratar de dominar las crecidas del río Tajo levantando una pequeña presa en la Olla de Bolarque, canalizando y utilizando sus aguas remansadas en los regadíos que profusamente aparecieron en las vegas de Almonacid y La Pangía. El aumento de la calidad de vida y, por ende, de la densidad de población se traduce en la aparición de decenas de nuevos términos toponómicos derivados de la lengua del profeta Mahoma que aparecen en la comarca como el "Colmenar del Morisco", en la Isla frente al embarcadero del Club Náutico Bolarque; la "Peña de Horeb", en Auñón; Albalate, "al-Balat", que significa Camino; Almonacid, "al-Mounia Çidi" que significa La Huerta del Señor; Almoguera, la despoblada Aldovera y Zorita o Zurita, La Altura de Yta, que han perdurado hasta nuestros días. Otros términos, más generales, son "Wadi al-Hayyara", Río Entrepeñas, para designar al Río Tajo; "Wadi al-Lah", Río Divino o Río de Dios, para nombrar al Guadiela, o "al-Qarriat", el Altiplano, para denominar a la meseta castellana.
Tras veintidós años de fitna, (ruptura o guerra civil) cae en 1.031, en Córdoba, la dinastía omeya. Todas las grandes familias árabes, beréberes o muladíes, quisieron hacerse con las riendas de al-Andalus, surgiendo por todas partes Sultanes de taifas, "muluk al-Tawaïf", que se erigieron en dueños y señores de las principales plazas. Toda la comarca de Bolarque queda entonces bajo la jurisdicción de la familia Banu Dil-nun, gobernadores de "Tulaytula", la Taifa de Toledo. Esta división territorial provoca enfrentamientos entre Taifas y luchas internas de poder, que debilitaron la estructura política, económica y, sobre todo, militar de al-Andalus. Esta situación es aprovechada por los reinos cristianos de Castilla y León que, de la mano de Fernando I, el Cid y Alfonso VI, consiguen avanzar la frontera desde el Duero hasta el Tajo, sin hallar apenas resistencia. En el año 1.085, Alfonso VI avanza, desde Brihuega, hasta Toledo destronando a Yahya ben Ismaïl ben Yahya "al-Qadir". A cambio, el rey castellano le promete ayuda militar para conseguir la Taifa de Valencia, en la que gobernaría hasta que el Cid la conquistase en el año 1.094. Sin embargo, los terrenos ribereños del Río Guadiela quedaron en poder musulmán bajo la jurisdicción de la qura o provincia de "al-Qunqa" (Cuenca) marcando así, el Río Tajo, la frontera natural entre los Reinos de Castilla, Toledo y al-Andalus.
El antiguo territorio musulmán de Zorita y sus aldeas dependientes son, entonces, incorporadas a Extremadura (Extremos del Duero), región que abarcaba desde Soria hasta Medellín, como "Común de Villa y Tierra de Zorita", nombrando en 1.097 al primo del Cid, el Capitán Alvar Fáñez de Minaya, Alcaide de la fortaleza y sus tierras aledañas. Mientras, en la orilla oriental del Río Tajo, va tomando enorme importancia estratégica las poblaciones de Huete, a la que los andalusíes amurallaron y dotaron de fortaleza y de las que todavía se conservan un torreón, restos de silos, aljibes, canales y dos de sus puertas de acceso: El Arco de la Medina y el Arco de Almázar, y "Uqqlis" (Uclés).
Esta condición de "última frontera" entre el mundo musulmán y el cristiano, marcará el devenir de la comarca en el Siglo XII, prácticamente, hasta la batalla de las Navas de Tolosa. De hecho, en el año 1.113, los almorávides, que habían entrado en la Península en el 1.086, retomaron la fortaleza de Zorita hasta que los castellanos consiguieron su expulsión definitiva y repoblaron, en 1.148, el Concejo con población procedente del Reino de Aragón, principalmente, mozárabes y judíos venidos desde Calatayud.
En 1.152, el Rey Alfonso VII donó a Martín Ordóñez las tierras de Anguix para que las poblara y levantara una fortaleza dominando el Tajo. Tres años más tarde, concedió a Pedro Jiménez el Señorío de La Pangía y el dominio de las tierras ribereñas del Tajo entre Auñón y Almonacid de Zorita, quedando la fortaleza de Zorita bajo la protección directa del Rey. Y en 1.156 es cuando se obtiene la primera noticia documentada de la existencia de Pastrana y Albalate de Zorita, dos pequeñas aldeas creadas a la sombra del gran Alcázar y que fueron entregadas por el soberano a los mozárabes que habían repoblado el alfoz años atrás.
En el año 1.174, el Rey Alfonso VIII dona a la Orden de Calatrava el castillo de Zorita y su Alfoz y, seis años después, le distinguió con un conjunto de fueros que incluían una referencia a la comunidad judía de la población. El barrio judío estuvo situado en la zona septentrional de la ciudad de Zorita, intramuros. La donación de nuestra comarca a la Orden de Calatrava y las posteriores medidas políticas, económicas y repobladoras que adoptó el monarca fueron, sin duda, el suceso más decisivo de la Edad Media para el futuro devenir del territorio.
En 1.177, el mismo rey castellano, aliado con otros reinos cristianos, toma la ciudad de Cuenca, repuebla las comarcas de la Serranía y la Alcarria conquenses entregándolas a la nobleza y a las Órdenes Militares, principalmente a la de Santiago. En el año 1.180 se confirmaba la importancia estratégica del Alcázar de Zorita cuando se dota a la Villa de un ventajoso Fuero, convirtiéndola en cabeza militar y económica del territorio reconquistado a esta orilla del Tajo.
Finalmente, la crucial batalla de las Navas del Marqués (año 1.212 d.n.e.) contó con la ayuda de las tropas calatravas de Zorita y decenas de soldados reclutados entre los civiles de nuestro Alfoz.
Nos cuenta la leyenda que los caballeros calatravos dejaron durante meses la fortaleza de Zorita vigilada únicamente con unos ruidosos perros que ladraban sin cesar durante las gélidas y estrelladas noches alcarreñas. Desde entonces, a Zorita se le añadirá el sobrenombre "de los Canes".
El incontestable triunfo de las tropas cristianas en la contienda alejó, definitivamente, la amenaza, hasta entonces inminente, del dominio sarraceno y produjo el desmembramiento del imperio almohade en lo que se viene llamando los "terceros Reinos de Taifas", facilitando así el previsible, futuro y definitivo avance cristiano hacia el Valle del Guadalquivir.

(Continuará).


Artículo publicado en la Revista "Lago y Montaña". Número VI. Ed. Asociación Cultural "Lago de Bolarque". Almonacid de Zorita (Guadalajara, 2.005)